domingo, 25 de febrero de 2018

LA AYUDA NECESARIA...

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"A propósito de la expresión de la Mona Lisa -la del cuadro- tengo tres teorías. 1) està aburrida posando hace horas. 2) nunca tuvo un orgasmo.3) sabe un secreto que no le importa a nadie. O las tres juntas."

"Mi bisabuela tenìa muy buena química con los gatos. Siempre decía que la única forma de que te respetaran era entender cuándo había que ignorarlos y cuándo no. "Con las mujeres es igual" decía.

"Vivo tenso, con la sensación de que un murciélago lleno de rabia psicológica se me va a enganchar en el pelo en cualquier momento. Los padres son hijos tratando de dejar de serlo. No tienen la culpa de nuestras miserias. Los murciélagos son pésimas metáforas. Los padres, también."

"La verdad que me entretuvo releerme. -Es como si las cosas le pasaran a otro, como una limpieza. Estas anotaciones diarias son un poco eso: una forma de sacarse el cerebro por un rato y meterlo en una palangana de agua tibia y sal."

"Llevar las ideas al plano de la realidad siempre es jodido. Hay que trascender el miedo de que la cosa se vuelva destructible."

"Asì como me siento en la obligación de hablar cuando el otro se queda callado por un período que me resulta incómodo, también tengo la necesidad de impresionarlo con lo que le cuento. Mentir en este contexto es una herramienta legítima y conveniente. Todo el tiempo estamos tratando de domesticar a los demás para que nos amen. Con un perro usamos un diario enrollado; con otra persona: palabras."

"Dime cuál es tu nivel de conciencia con respecto a tus miserias y te diré hasta dónde podemos relacionarnos"

"O sea que usted piensa al mundo como una gran parrilla, en donde nosotros serìamos pedazos de carne, las circunstancias, brasas ardiendo; y Dios, un asador vago?"

FRANCISCO MOULIA (TÁCTICAS DE SUPERACIÓN PERSONAL")

miércoles, 14 de febrero de 2018

DESDE EL SUR...


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"En primer lugar, hay un contexto historico en que se ganaron las elecciones presidenciales de 2002, en un escenario de todavia reflujo del movimiento de masas. Solo ganamos porque habia una crisis profunda del neoliberalismo, y porque parte de la burguesia se alio a nosotros.
En lo economico, hicimos una apuesta correcta por retomar el crecimiento de la industria, que permitio en ocho años financiar proyectos sociales y distribuir renta. Pero no nos atrevimos a hacer reformas estructurales en la economia, como seria cortar los pagos de interes por el gobierno para una deuda interna impagable e inexplicable, que financia a un capitalismo nacional rentista que hoy recibe casi el 40 por ciento de todos los recursos del presupuesto federal. No se hizo la reforma tributaria, para cobrar de los mas ricos e insertar a los mas pobres, que son hoy los que mas pagan impuestos.
No hicimos la reforma agraria, que es una medida economica para impulsar el mercado interno y liberar las fuerzas productivas del campesinado pobre.
En la politica, no hicimos una reforma politica, que tendria que ser por la via constituyente, para impulsar un nuevo modelo democratico mas participativo bajo control de las mayorias. Y no se propuso hacer cambios en el poder judicial. Tampoco tuvimos el coraje de impulsar una reforma que pudiera democratizar la difusion y utilizacion de los medios de comunicacion de masas.
En lo ideologico, deberiamos haber impulsado programas de formacion politica masiva para elevar el nivel de educacion politica y cultural de las masas.
Asi, durante los catorce años de gobiernos progresistas en Brasil, la burguesia siguio siendo hegemonica en la economia, en el congreso, en el poder judicial y en el control de los medios masivos. O sea, ellos mantuvieron el control del poder politico, y una correlacion de fuerzas bajo su control.
Todo eso no se hizo porque estuvimos presos de una vision estrategica de conciliacion de clases, y no de lucha de clases . Y quien duerme con el enemigo, como decimos, amanece embarazado de la derrota."

"AMERICA LATINA, HUELLAS Y RETOS DEL CICLO PROGRESISTA" (Entrevista a Joao Pedro Stedile)

sábado, 10 de febrero de 2018

POR LA ESPALDA...


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"POLICIALES" Por Martin Kohan para Perfil.
La literatura nos proporcionó, hacia fines del siglo XIX, dos sargentos de policía. Los conocemos bien: uno, inventado por José Hernández, es el célebre sargento Cruz, más tarde retomado (y expandido) en un cuento de Jorge Luis Borges; el otro, recreado por Eduardo Gutiérrez, llevado luego al teatro (por los Podestá) y al cine (por Leonardo Favio), no es otro que el sargento Chirino.
El sargento Cruz, diríase que bajo la determinación de su nombre, hace algo sorprendente en el final de la primera parte de Martín Fierro: cruza de un lado al otro, se pasa del lado de la ley al lado del delito. Lo hace porque reconoce, admirado, la valentía impar del acorralado, y a la vez, por ende, lo uno con lo otro, la artera cobardía de ese todos contra uno que emprende la partida policial. Deserta, entonces, para ponerse a pelear a la par de Fierro, reconociendo (y es esto lo que detecta Borges) que, en cierto modo, el otro es él, él es el otro (¿qué pasa cuando un policía no es sino un malhechor, solo que con uniforme?). Cruz prefiere traspasar del lado de la abyección al lado de la dignidad, aunque después eso le exija otro cruce: cruce de frontera, para irse a tierra de indios (eso sí: con Martín Fierro).
El proceder del sargento Chirino, en el final de Juan Moreira, resulta en esto su exacta inversión. También Moreira se ve acorralado, y solo, contra una nutrida partida policial que lo persigue. Pero Chirino da con él y lo mata por la espalda. Por la espalda, sí, por la espalda: lo mata cobardemente, lo mata con felonía, con miedo y a traición. Se dice que, en algunas representaciones teatrales, no faltó el espectador que saltó hacia el escenario, confundiendo quijotescamente ficción con realidad, para tratar de impedir una acción por demás miserable. En Terrenal, de Mauricio Kartun, donde Caín vuelve a matar a Abel, pues lo mata incesantemente, brota ese nombre, esa exclamación: “¡Chirino!”, citando el tono desgarrado del film de Leonardo Favio.
En la Justicia argentina, por ahora, no existe la pena de muerte para castigar el delito de robo. A los ladrones, por ahora, no se los fusila ni se los electrocuta; tampoco se les corta la cabeza para exhibirla luego en alguna plaza pública (ni las manos meramente, para que no puedan volver a robar). En la Argentina, por ahora, estamos exentos de esas medievalidades; en la Argentina, por ahora, prima el criterio de que solamente se justifica el quitar una vida, si hace falta, para salvar otra vida: que toda vida humana, incluso la que se tenga por deplorable, asume un valor intrínseco y supremo. En la Argentina, por ahora, se sostiene que una vida, la que sea, vale más que cualquier objeto que pueda hurtarse o robarse.
Luis Chocobar no ha llegado a sargento todavía. Pero mató por la espalda, como Chirino, a un ladrón que se escapaba por las calles de La Boca (y que no tenía, como tenía Moreira, un trabuco ni otra cosa parecida). ¿Lo hizo para preservar otras vidas, incluida la suya propia, porque corrían eminente peligro, o lo hizo para limpiar nomás a un chorro, a manera de pena de muerte aplicada sin juicio previo? Quienes lo vitorean, quienes lo agasajan, ¿lo hacen porque presumen que dando muerte salvó vidas, o lo hacen porque les da un regocijo enorme verificar que a un chorro se lo mata así sin más? Y el Presidente, cuando lo recibe, o la ministra, cuando lo encomia, ¿lo hacen porque ven en Chocobar a un héroe, a un héroe y no al perpetrador de un crimen, o lo hacen porque en verdad están ya resueltos a que a esta clase de crimen (el que sirve para deshacerse de chorros, para asesinarlos sin más trámite) se le dé un estatuto heroico?
¿Existe una mayoría de argentinos que se inclina a favor de la muerte? Duran Barba (es decir, el Gobierno todo, que habitualmente lo que hace es repetirlo) ha dicho que sí: se lo indican las encuestas. Ignoro si encuestaron a los que quedaron la otra tarde en pleno centro en medio de un tiroteo policial, para saber si, mientras se tiraban al piso y sentían picar cerquita las balas, les parecía que en la Argentina hay ahora más seguridad o más inseguridad.