miércoles, 27 de enero de 2016

UNA NOVELA QUE AYUDA...

 

ENTREVISTA A FRANCISCO MOULIA (AUTOR DE LA EXCELENTE NOVELA "TÀCTICAS DE SUPERACIÒN PERSONAL") PARA TELAM.

T : ¿Cómo nació Tácticas...: cómo un experimento literario, cómo una suerte de diario personal (o persona")?, ¿Cómo es tu relación con la zona del país donde transcurre la mayor parte del texto?
 
FM : Tácticas de superación personal nació como la consecuencia natural de mi oficio de escribir. No sé si la definiría como un experimento literario. Prefiero explicarla como una instancia más de proceso. Es imposible para mí pensar en Tácticas… desconociendo todo lo que escribí antes o, incluso, lo que escribí después. En todo caso, si tomara a esta novela como un experimento, diría que es una de las primeras que no me explotó en la cara. Tiene algo de diario personal, es verdad. Pero de diario personal de un narrador. Yo no ayudé a suicidarse a mi bisabuela. El narrador sí, a la suya. La ficción permite expandir, corromper, manipular la realidad. Los personajes tienen impunidad literaria; los escritores, no. La novela transcurre en Córdoba, en el valle de Traslasierra. Es una parte del país que conozco bastante; en la que me siento cómodo y en la que me habría gustado estar si me hubiera pasado lo que le pasó al narrador.
 
T : Confesión de parte: yo estoy de acuerdo tanto con la eutanasia como con el suicidio asistido. Esto no tiene importancia más que para preguntarte a vos, como alguien que escribe y que inventa un personaje, cuál es tu posición al respecto.

M : Las personas que no quieren seguir viviendo están en todo su derecho a morir. En este punto el narrador y yo estamos de acuerdo. La sociedad no debería tratar de retenerlos, sino de proveerles las herramientas necesarias para que ese momento sea lo menos dramático y lo más natural posible. Sostener las funciones vitales de un cuerpo cuando la persona que lo ocupa ya está podrida de vivir es un acto egoísta de la sociedad. Y ese egoísmo no es sólo el de los familiares que no aceptan que su ser querido prefiera morir antes que seguir compartiendo su denigrante sufrimiento con ellos; está también el egoísmo de un sistema: empresas que producen drogas para mantener activa una biología que ya no da para más, que engordan sus ganancias a base de prolongar la agonía. Mi posición con respecto a la eutanasia o al suicidio asistido no tiene nada que ver con que no le tenga miedo a la muerte. Todo lo contrario. Pero me da más miedo quedar atrapado en este cuerpo, sufriendo por demás, deseando que todo termine de una puta vez, y no poder morir porque las leyes siguen sujetas a una moralidad tradicionalista y arcaica.
 
T : ¿Qué pensás de los libros de autoayuda: son buenos materiales para una ficción, o creés que esas prácticas en general, sirven para algo más que una función de placebo?
 

M : En lo personal, los libros de autoayuda me aburren. Están plagados de lugares comunes y frases conciliadoras. No les encuentro valor estético. Ni literario. Así y todo es una apreciación personal. Son gustos. En un análisis más profundo, hay que entender a los libros de autoayuda como un fenómeno de época. Hoy todo lo que tenga que ver con la motivación está de moda: videos para futbolistas antes de una final, coaching para empresarios, textos que buscan que sus lectores reflexionen y se superen a sí mismos. Tácticas de superación personal no busca ayudar a nadie, excepto al narrador. El título juega con la idea de libro de autoayuda, pero en un sentido más literal: es el texto que él necesitaba escribir para ayudarse. La novela trata de no perder de vista en ningún momento una de las funciones vitales que, para mí, tiene que tener cualquier obra, sea de la expresión artística que sea: entretener. Si en el medio alguien se queda con alguna reflexión profunda o decide irse a vivir a la montaña, es un accidente fortuito. Yendo concretamente a la pregunta, creo que todos los libros de autoayuda son ficción. Y todas las ficciones pueden funcionar como placebo. Pero también como remedio. Y si tienen sustancia literaria, mucho mejor.
 
T : A la novela la sobrevuela cierto aire de retiro, de la necesidad, algunas veces, de retirarse para tomar distancia, ver más claro. ¿Esto es así?
 

M : Yo creo que sí. Sin distancia no hay perspectiva. Sin perspectiva no hay análisis posible porque todavía somos un componente activo de eso que queremos analizar. No estamos diseñados para ser objetivos, eso está claro. Pero también es cierto que cuanto más nos alejamos del vértigo de un hecho, esa subjetividad intrínseca se debilita. La distancia a veces es tiempo. El narrador se va a una casa en el valle de Traslasierra para poner en perspectiva el hecho de haber ayudado a suicidarse a su bisabuela. A veces ver más claro no implica cuestionarse una decisión, sino todo lo contrario: entenderla, reafirmarla, argumentarla mejor.
 
T : También parece sobrevolarla cierto aire de irrealidad, concentrado en la figura del señor Iván, o en la idea de venganza que trama el personaje respecto a un rival, quien finalmente no es responsable de ser más que quién es. Tácticas... ¿no cede en rigor cuando le da tanta importancia a esos episodios?
 

M : Convivimos con un aire de irrealidad permanente. O, por lo menos, con la sospecha de que eso que nos parece imposible, puede estar desarrollándose en algún laboratorio clandestino en este mismo instante. La tecnología nos viene aleccionando hace tiempo al respecto. Hoy muchas cosas que se ubicaban en la categoría de lo imposible pasaron a la de lo improbable. Y ese pasaje ya nos ofrece una perspectiva totalmente distinta. El señor Iván –tal vez– descubrió la forma de compatibilizar el ADN de la medusa inmortal con el del ser humano. La importancia no radica en lo imposible o improbable de su hallazgo, sino en qué sentido tendría que hubiera encontrado realmente la fórmula de la inmortalidad. El señor Iván, en algún punto, propone una reflexión sobre cómo cambiaría nuestra concepción de la vida si no existiera el límite de la muerte.
 
T : Finalmente, ¿qué pensás del saber sobre la responsabilidad que creo yo gana el personaje durante esos meses alejado de la gran ciudad?
 
M : El narrador pasa tres meses en la montaña, lejos de la muerte de su bisabuela, del rechazo de su familia; afuera de ese contexto de ciudad en el que se sentía estancado. El valle tiene otra densidad, otra dinámica, otros personajes. Pero él sigue siendo él. Es ingenuo pensar que el hecho de cambiar de paisaje hace que los conflictos internos de una persona desaparezcan. José –el narrador– gana responsabilidad en el sentido de que gana conciencia sobre sí mismo. Conciencia y aceptación. Su evolución tiene que ver con reconocer sus deficiencias y asimilarlas con naturalidad. José logra explicarse sus miserias y desdramatizarlas. Y eso, en mi opinión, es algo que nos vendría bien a todos. 

domingo, 24 de enero de 2016

LITERATURA: CUANDO LA ÙNICA VERDAD NO ES LA REALIDAD...

 

DEL LIBRO "CRÌTICA Y FICCIÒN" (CONVERSACIONES CON RICARDO PIGLIA)

"No creo que existan escritores sin teorìa: en todo caso la ingenuidad, la espontaneidad, el antiintelectualismo son una teorìa, bastante compleja y sofisticada, por lo demàs, que ha servido para arruinar a muchos escritores."

"¿No es el psicoanàlisis una gran ficciòn? Una ficciòn hecha de sueños, de recuerdos, de citas que ha terminado por producir una suerte de bovarismo clìnico. Se podrìa decir, ademàs, que hay muchos elementos folletinescos en el psicoanàlisis; las sesiones, sin ir màs lejos, ¿no parecen repetir el esquema de las entregas? El psicoanàlisis es el folletìn de la clase media, dirìa yo. Por otro lado, se puede pensar que "La interpretaciòn de los sueños" es un extraño tipo de relato autobiogràfico..."

"La ficciòn trabaja con la verdad para construir un discurso que no es ni verdadero ni falso. Que no pretende ser ni verdadero ni falso. Y en ese matiz indecidible entre la verdad y la falsedad se juega todo el efecto de la ficciòn. Mientras que la crìtica trabaja con la verdad de otro modo. Trabaja con criterios de verdad màs firmes y a la vez màs nìtidamente ideològicos. Todo el trabajo de la crìtica, se podrìa decir, consiste en borrar la incertidumbre que define a la ficciòn. El crìtico trata de hacer oìr su voz como una voz verdadera."

"La ficciòn construye enigmas con los materiales ideològicos y polìticos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar."

"Uno siempre escribe para alguien, pero nunca sabe quièn es. Aparece quizàs un destinatario, un lector, presente en el momento de corregir, una especie de doble social desde el cual se corrige y se reescribe. Corregir un texto es socializarlo, hacerlo entrar en cierto sistema de normas, ideologìas, estilìsticas formales, que son sociales. La literatura es un trabajo con la restricciòn, se avanza a partir de lo que se supone que "no se puede" hacer."

"Las novelas de Arlt parecen alimentarse del presente, quiero decir, de nuestra actualidad. Si hay un escritor profètico en la Argentina, èse es Arlt. No trabaja con elementos coyunturales, sino con las leyes de funcionamiento de la sociedad. Arlt parte de ciertos nùcleos bàsicos, como las relaciones entre poder y ficciòn, entre dinero y locura, entre verdad y complot, y los convierte en forma y estrategia narrativa, los convierte en el fundamento de la ficciòn."

"Valery decìa: la era del orden es el imperio de las ficciones, pues no hay poder capaz de fundar el orden con la sola represiòn de los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias. ¿Què estructura tienen esas fuerzas ficticias? Quizàs èse sea el centro de la reflexiòn polìtica de un escritor. La sociedad vista como una trama de relatos, un conjunto de historias y de ficciones que circulan entre la gente. Hay un circuito personal, privado, de la narraciòn. Y hay una voz pùblica, un movimiento social del relato. El Estado centraliza esas historias; el Estado narra. Cuando se ejerce el poder polìtico se està siempre imponiendo una manera de contar la realidad. Pero no hay una historia ùnica y excluyente circulando en la sociedad. El complot es una. La conspiraciòn. Ése es un relato bien argentino. La maquinaciòn, el mecanismo oculto, la razòn secreta. Antes que nada es un relato verdadero. Aquì el poder funciona asì. Al mismo tiempo es un relato paranoico:  viene de la època de la dictadura y ahora està invertido"

"Todo crìtico escribe desde una concepciòn de la literatura (y no sòlo de la literatura) y a menudo su esfuerzo consiste en enmascarar la trama de intereses que sostienen su anàlisis"


"La pregunta en realidad serìa:  ¿de què modo la novela reproduce y transforma las ficciones que se traman y circulan en una sociedad?"

"Algunos han perdido las ilusiones. Se han vuelto sensatos y conformistas. Corren el riesgo de convertirse en funcionarios del sentido comùn. Para pensar bien, quiero decir para ser lo contrario de un bien-pensante, hay que creer que el mundo se puede cambiar. Hay que estar en un lugar excèntrico, opuesto al orden establecido, fuera de todo. No tengo confianza en nada ni soy un hombre optimista, pero justamente por eso creo que hay que aspirar a la utopìa y a la revoluciòn. Sòlo por amor a los desesperados conservamos todavìa la esperanza, solìa decir un amigo de Bretch."

"Yo creo que las verdaderas experiencia son siempre sociales. La idea de una experiencia individual es un efecto de la literatura"

"La polìtica se ha convertido en la pràctica que decide lo que una sociedad no puede hacer. Los polìticos son los nuevos filòsofos: dictaminan què debe entenderse por lo real, què es lo posible, cuàles son los lìmites de la verdad. Todo se ha politizado en ese sentido. Tambièn la cultura. La polìtica inmediata define el campo de reflexiòn. Parece que los intelectuales tienen que pensar los problemas que les interesan a los polìticos. Esa es la tendencia hegemònica. Los intelectuales hablan como si fueran ministros. Se habla de la realidad con el cuidado y el càlculo y el tipo de compromiso y el estilo involuntariamente paròdico que usan los que ejercen directamente el poder."

"Si la polìtica es el arte de lo posible, el arte del punto final, entonces la literatura es su antìtesis. Nada de pactos, ni transacciones, la ùnica verdad no es la realidad."


(¿"QUÈ ES ROBAR UN BANCO COMPARADO CON FUNDARLO"?)



 




miércoles, 20 de enero de 2016

ESTADOS MENTALES...

 

DEL LIBRO "MICROMONÒLOGOS" (M. KARTUN COMP)

"De polvo eres y en polvo te convertiràs, dicen. En càscara te convertìs. Recè un padre nuestro. Por cualquier cosa. Las dejè volar. ¿Adònde se dejan flores? ¿Cuando morimos nos volvemos mugre?"


"Me gusta sacàrmelos (los lentes) para esas cosas de ojos cerrados o de mirar para adentro. Sì, el amor lo hago sin lentes. Duermo, sueño, leo, escribo, me masturbo. Cosas de mirar para adentro."

"Entonces simpàtica se acabò. Nunca màs. A la mierda. Simpàtica las pelotas. ¿Se calienta alguien con la simpatìa? ¿Conocen a alguien que se toque con la simpatìa del otro? ¿Vieron la foto de alguna simpàtica en alguna pàgina porno? No. Los graciosos se mueren vìrgenes."

"Yo en verano me desnaturalizo. Pierdo docencia y soy otra. Extraño: usted dirà: el guardapolvo, el libro de actas, el libro de firmas, el de pases, el de comunicaciones, tocar la campana.No!: corregir. ¿Còmo se puede  vivir sin corregir?"


"Tuti, me cuesta darle aceptar, pero hace un tiempo que nuestra relaciòn caducò. Estamos desconectados. Y no hay USB que nos ponga en sincro. Contra el virus que infectò la relaciòn no hay actualizaciòn que valga. Necesito un click para mi vida. Es tarde para reiniciar...Creo que tenemos que navegar otros links...pertenecemos a diferentes redes, es asì."

"Escucha esta verdad que llega para iluminarte: el sexo es mentira. Mentira pura, mentira hasta las ùltimas consecuencias. Y aprender a mentir es aprender a tener buen sexo. Y tener buen sexo es aprender a ser feliz. Ante todo: en el sexo hay mucho tabù: que el sexo es amor, intimidad, uniòn...MENTIRA!. Burocracia: el sexo es ante todo burocracia. Todo prefijado, nada te sorprende, siempre sabès què hacer, todo previsto, planificado."

"Seguimos las tradiciones. Familieros somos. Nos viene de los tanos, los abuelos... la familia primero, la familia ante todo. En una casa los hijos estudian y molestan, la madre sufre y se sujeta. Y el padre pone la plata y manda. La sagrada ley familiera: padre...patrimonio...y patròn."

"Salgo un dìa con cada uno y los pruebo. Los testeo a fondo. Porque una mujer antes de elegir a su verdadero amor tiene que tener variedad de citas y llegar  a un diagnòstico que determine con cuàl de ellos. Porque el amor es inmenso como una patria y el que no ama a su patria està perdido y es un gorila traidor."





domingo, 10 de enero de 2016

JUNTOS?

 

"NO TAN SENCILLO" Por Martìn Kohan para Perfil

No nos está saliendo del todo bien a los argentinos esto de unirnos y tirar todos para el mismo lado. La consigna era clara, rotunda, contundente, preciosa; y ya había sido puesta a consideración general en otras ocasiones (en 1853, en 1862, en 1880, en 1910, etc.). Juntarnos todos, como argentinos que somos, y cinchar al mismo tiempo en una misma dirección. ¿Puede ser, acaso, tan complicado? De decir, evidentemente, no. De hacer, daría la impresión de que sí.
Ahí tenemos, por ejemplo, a los tres que hace unos días se fugaron de la cárcel: Lanatta, Lanatta y Schillaci. Con esos apellidos tan pero tan italianos, que son el sello inconfundible de la argentinidad. ¿Alguien quiere acaso unirse a ellos, tirar para el mismo lado, etc.? Todo indicaría que no. Ni siquiera aquellos que, de una manera o de otra, ya habían estado vinculados a ellos (las acusaciones al respecto se entrecruzan; yo, personalmente, las creo todas).
Pero lo cierto es que tampoco nos unimos todos los argentinos para perseguir a estos malhechores, para atraparlos y llevarlos de nuevo a la prisión. No nos unimos, al contrario: brotó al instante la fatal división. Que la culpa es del Gobierno, dicen unos; que la culpa es del gobierno (pero del otro gobierno), dicen otros. Que el que está en la cosa es A., que el que está en la cosa es R. Que el servicio penitenciario juega para éstos, que el servicio penitenciario juega para aquéllos. ¡Divididos, de nuevo divididos! ¡Y acababan de decirnos que íbamos a unirnos todos!
En Esa mujer, de Rodolfo Walsh, hay un momento en que el coronel y el periodista intercambian frases de esa índole: “Yo también soy argentino”, “somos todos argentinos”, etc. ¿Lo hacen porque se proponen unirse? En absoluto. Lo hacen para evidenciar que esas frases, como tales, son completamente huecas. Que decirlas no es sino una forma simple de no estar diciendo nada.

jueves, 7 de enero de 2016

"HUELGA DE ACONTECIMIENTOS"


 

"En el mundo que Baudrillard explicaba no habìa lucha o conflicto donde se dirimiera algo contundente, eso que fue la historia se desvanecìa, el acontecimiento como tal habìa dejado de ocurrir, ya no pasaba nada. La dinàmica de la revoluciòn que habìa conmocionado el siglo XX se reemplazaba ahora por una implosiòn suave, casi impercetible, un retorno callado a estadios anteriores que sensibilidades acadèmicas, culturales y exquisitas como las del filòsofo francès se solazaban en describir generosamente, para que entendièramos el mundo nuevo y los ingenuos despertaran del tonto sueño de ayudar a que mejorara.
"Acontecimientos en huelga" anunciò Baudrillard...En la Argentina de los 90 el concepto sedujo a buena parte de la intelectualidad argentina, tal vez memoriosa del destino de desapariciòn, tortura y muerte de tantos intelectuales que apostaron por pensar un mundo en el que podìa ocurrir un acontecimiento tras otro, allà por los 70. Pero la seducciòn que Baudrillard ejercìa sobre estos estudiosos era apenas el correlato de una contunedente realidad previa: Baudrillard decìa "en difìcil", para pocos, lo que la Argentina parecìa desear masivamente. Sus palabras resonaban con potencia en un paìs resignado, desmovilizado, que se entregaba alegrmente al simulacro de riqueza menemista y a la ilusiòn negadora de que el "nunca màs" se referìa al final de cualquier conflicto, cualquier enfrentamiento significativo (cualquier acontecimiento), asì tambièn podrìa referirse, como habìa rogado la CONADEP, al final de toda masacre."


ELSA DRUCAROFF ("Los prisioneros de la torre")

martes, 29 de diciembre de 2015

MÙSICA PARA DESPEDIR EL AÑO...

 

"LA MÙSICA DE UNA VIDA" (FRAGMENTO)

"Se alejó del Kremlin y se zambulló entre las ramas de los bulevares, cargadas de lluvia. La historia del violín, el terror nocturno, sus años de soledad de apestado le volvían de vez en cuando a la mente, pero sobre todo para intensificar la felicidad que estaba viviendo en ese momento. El murmullo de sus padres durante la noche y el acre olor del barniz quemado eran los únicos recuerdos de esos tres años negros: 1937, 1938 y 1939. Nada en comparación con los variados placeres que colmaban su vida desde entonces. Y ahora, esa camisa mojada pegada a su pecho, el mero placer de sentir su cuerpo joven, ágil y musculoso, hacían desaparecer la angustia de los años de cuarentena. Sobre todo su concierto, dentro de una semana. Imaginaba a sus padres sentados al fondo de la sala (les rogó encarecidamente que fueran de incógnito) y, en primera fila, una de las chicas con quien había bailado La mirada de terciopelo en la fiesta de fin de año. Lera.
De nuevo pensó en la calcomanía. El mundo entero se asemejaba a ese juego de colores: bastaba con retirar la hoja de papel fina y sombría de los malos recuerdos para que la felicidad resplandeciese. Como resplandecía, a principios de mayo, la desnudez de Lera bajo un vestido de color marrón que juntos arrancaban en la precipitación de unos besos aún clandestinos, con el oído puesto en los ruidos del pasillo de la dacha: el padre, físico de profesión, ya retirado, se encontraba trabajando en la terraza y de vez en cuando reclamaba una taza de té o un cojín. De una sana desnudez, su cuerpo era como los que se veían participar en esa época, vestidos con camiseta ajustada, en los desfiles en honor de la juventud. Las palabras de Lera también eran muy sanas. Hablaban de familia, de su futura casa, de hijos. Alexei presentía que su matrimonio con Lera le convertiría definitivamente en alguien como los demás, borraría la silueta del adolescente que espiaba los sonidos de las cuerdas consumidas por el fuego. Pero más que con el hogar familiar de recién casado, soñaba en realidad con el coche de su padre, un enorme Emka negro, tan confortable como el camarote de lujo de un transatlántico, que ya sabía conducir. Para deshacerse de una vez por todas del adolescente asustado, le bastaba con imaginarse el coche, a él, a Lera y la franja azulada del bosque en el horizonte. "

sábado, 19 de diciembre de 2015

SIEMPRE IGUAL, TODO IGUAL, TODO LO MISMO...?


 

"Autobiografìa peronista" Por Martìn Kohan para Perfil

A mediados de los años 80, a lo largo de tres meses o de cuatro, practiqué el justicialismo (lo practiqué o lo ejercí, no sé cómo expresarlo. Debería decir así, sin más: “fui peronista”; pero, por lo visto, no me sale). Fueron semanas plenas de enjundias y efervescencias, de mitos y de taxatividad. Mi papá, con impaciencia, intentaba disuadirme, y dedicamos unas cuantas noches al hábito, hoy desprestigiado, del debate político en familia, con acaloramientos y mutuo desdén. Me atraía ese peronismo en la oposición, firme en apariencia al contrastar con los vaivenes tan típicos del radicalismo.
Vociferé la marcha en algún acto vespertino, y cánticos al tono en la bandeja media de la tribuna de Casa Amarilla. Tiempo después, sin embargo, decliné este pero-nismo. Las lecturas de la universidad, las clases con David Viñas y con Beatriz Sarlo, me fueron apartando del General y de Eva, de Cafiero y de Manzano. Progresista nunca he sido, es cosa que me resultó siempre ajena; pero me fui haciendo de izquierda con los libros de Lukács y de Gramsci, de Althusser y de Theodor W. Adorno, de Sartre y de Bertolt Brecht; con lo que Marx y Engels dijeron de Balzac; con lo que Lenin escribió sobre Tolstoi, y Pierre Macherey sobre Lenin; con lo que Trotsky les señaló a los formalistas rusos, lo que intentó hacer con André Breton.
De aquella experiencia juvenil justicialista, breve pero intensa, me ha quedado, hasta hoy, esta fuerte huella: la del rechazo del antiperonismo visceral. Esa clase de ciego fanatismo me es menos soportable que aquel otro fanatismo, al que se opone en simetría y del que, no sé por qué, se cree mejor o más sensato. El odio antiperonista me apabulla; nos consta que puede llevar al delirio o a la discriminación artera incluso a figuras que admiramos (a Borges, que felicitó a Videla, o a Cortázar, que vio monstruos en los pobres).
¿Cómo modular una crítica certera de los límites ideológicos del peronismo sin deslizarse penosamente hacia las taras del antiperonismo ciego? Intenté encontrar una respuesta a esta pregunta entre los brillantes integrantes de la revista Contorno, que se plantearon con limpidez la cuestión en el número doble (7-8) de la revista, publicado en julio de 1956. Leí esos textos críticos entrando ya en los años 90, es decir, en el menemismo, esa etapa en la que el peronismo se integraba con lo otro de sí (con el almirante Rojas, con Alsogaray, con el sucesor de Braden, con el tilinguerismo).
En estos días de fin de ciclo, creo notar que se fue activando entre nosotros un imaginario made in ’55: el imaginario de una épica de civismo republicano en lucha contra el fascismo imperante; el de la restauración de un orden estrictamente regulado contra los desbordes del populismo demagógico; la fantasía abolicionista de borrar de la faz de la tierra al régimen recién acabado, su lenguaje, sus nombres, su recuerdo; la fantasía correspondiente de entrar en una era de resistencia, años de esperar y de soportar, con la consigna latente de un “volveremos”.
Todas estas semejanzas puede que sean, en última instancia, menos reales que imaginadas. Pero, ¿de qué está hecha la realidad política, en buena medida, sino de eso que se imagina: de los miedos, los deseos, de los modos de figurarse el mundo? De esas mismas semejanzas brotan, en cualquier caso, insoslayables, las evidentes diferencias. No es igual que el ’55: se acaba, en efecto, una era, pero esta vez sin bombardeo aéreo ni cañoneras apuntando desde el río hacia acá; hay afán de deshacer y revertir, pero esta vez sin censuras ni persecuciones; hay una ilusión de retorno, pero esta vez sin clandestinidad ni proscripción.
No son diferencias menores, por supuesto: son mayúsculas. Pero definen, en lo que tienen de distinto, un hueco histórico imaginario. ¿Cómo pasar de una cosa a la otra? ¿Cómo enlazar una etapa con la siguiente? Acaso todo el sainete del traspaso de mando podría estar expresando esa diferencia cualitativa con la historia. Diferencia positiva, alentadora, por más que haya asumido la forma neta del papelón; histeria de Balcarce 50 o de Rivadavia y Callao, vaivén de banda y de bastón en vilo, despechos de allá no voy y acá te espero.