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sábado, 16 de enero de 2021

CUANDO GRITAR SE HACE NECESARIO...

 



"Ese tipo era buenísimo" había dicho Charly sobre Kurt. Se refería a su capacidad para componer y cantar canciones increíbles teniendo una precaria formación musical. "Decir lo máximo con lo mínimo" diría un poeta.

Mi límite a la hora de escuchar música: que no haya gritos y que se puedan distinguir líneas melódicas. Como toda regla, tiene sus excepciones: esta canción por ejemplo, que funciona como un relato con varias voces, varios tonos. Un increíble pasaje de lo claro a lo oscuro.
Cuentan los presentes en el estudio que el aire, esa noche, se cortaba con un cuchillo. Un show acústico de una banda que, en principio, no tenía nada para ofrecer en ese formato, y que terminó pasando a la historia del rock.
"Seguimos siendo las mismas personas pasivas-agresivas" había dicho Kurt en una entrevista. ¿Cómo llevar eso a la música?
Si un gran cuento es un relato contado de la única forma posible, podemos decir que una gran canción es aquella interpretada de la única forma posible.
Pienso que hay veces, en la música o fuera de ella, que algunas cosas sólo pueden ser dichas a los gritos.

domingo, 22 de junio de 2014

30 AÑOS SIN FOUCAULT...



¿Cuál Foucault?

Por Daniel Link para Soy


A treinta años de la muerte prematura de Foucault (uno de los más graves episodios que habrá que asociar siempre con la epidemia de HIV) corresponde preguntarse qué Foucault recordamos.

No me refiero necesariamente a qué fragmento de pensamiento suyo nos aferramos como a una tabla de flotación en un mar enfurecido, porque para eso habría que responder primero qué relación tenía Foucault con el pensamiento, sino a algo más elemental: qué imagen de Foucault sobrevive en nosotros cada vez que pronunciamos su nombre.

Yo, que no me canso de adherir a su credo, he reivindicado, en varias oportunidades, el Foucault cartógrafo, el que traza mapas estratégicos de investigación, de pensamiento, de escritura: que las traza (que los trazó) quiero decir, para mí, indicándome qué cosas podía yo decir y cuáles no, una vez que me puse a usar esos mapas (por ejemplo: puedo decir matrimonio universal, pero nunca, bajo ningún concepto, “igualitario”).

Me gusta, también, el joven Foucault, que manejaba alocadamente un Jaguar convertible beige por las rutas de Uppsala, donde se había instalado en 1955 como lector de francés por recomendación de Georges Dumézil, uno de sus queridos maestros.

Me fascina el Foucault revoltoso, que, vuelto de Túnez, se puso al frente de la reforma universitaria en Vincennes a partir de diciembre de 1968, pese a las reticencias que siempre sostuvo en relación con el mayo francés (“Lo que vi en Francia en 1968-1969 es exactamente lo contrario de lo que me había interesado en Túnez en marzo de 1968”): la invención filósofica, en esos dos años intensos, pasó no sólo por la forma-libro sino también, y sobre todo, por la forma-institución.

Admiro (y me da miedo) el Foucault polemista, el calvo (cabeza rasurada) de mirada maquiavélica y risa burlona capaz de destruir a cualquier adversario sin perder la elegancia, subrayando apenas los errores de argumentación del otro y repitiendo “yo no dije eso”.

Me dejo llevar por las ensoñaciones y los chismes hacia el Foucault carioca (o bahiano), disfrazado de Carmen Miranda y me doy cuenta de que las imágenes de Foucault que voy enhebrando no se corresponden propiamente con una “personalidad” o con un “cáracter”, por supuesto, tampoco con ninguna “identidad”, sino con poses y maneras de relacionarse con el mundo: suturas.

Hay una cicatriz provocada por la ausencia de un personaje (conceptual) amado y uno recurre a la propia memoria, pero también al propio deseo, para sostener ciertas imágenes como una forma de sobrevida austera, liminar, acaso fantasmática, pero con una potencia de futuro similar a la que se deduce de lo que Foucault escribió, de lo que hizo al escribir, de su risa, de su preocupación por el propio presente y el modo de relacionarse con él.

“Mi Foucault” es un rompecabezas mal armado que nunca entregará una imagen definitiva, completa y plana: es más bien un boceto que se pierde en un pliegue corporal. Ése es el Foucault que yo abrazaría, si pudiera. Contra el mandato arrogante del “yo soy y ésta es mi verdad” prefiero el “existo en este cuerpo que no sé qué es, ni a quién pertenece, ni por cuánto tiempo; existo en relación con tales reglas (que no son proposiciones de verdad, sino indicadores de direccionalidad, forma de vida)”.

Se puede pensar el presente y el mundo de cualquier manera, pero no se puede amar el presente y el mundo sino foucaultianamente.

sábado, 27 de octubre de 2012

UN TIPO COMO LOS DEMÁS...



A. EINSTEIN: "Mi visión del mundo"

"No creo en absoluto en la libertad del hombre en un sentido filosófico. Actuamos bajo presiones externas y por necesidades internas."

"Hay una contradicción entre mi pasión por la justicia social, por la consecución de un compromiso social, y mi completa carencia de necesidad de compañía, de hombres o de comunidades humanas. Soy un auténtico solitario. Nunca pertenecí del todo al Estado, a la Patria, al círculo de amigos ni aún a la familia más cercana. Si siempre fui algo extraño a esos círculos es porque la necesidad de soledad ha ido creciendo con los años."

"El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido."

"Sólo el individuo aislado puede pensar. Desde allí descubrirá nuevos valores y formulará normas morales que sirvan para la vida de la comunidad. Sin personalidades creadoras que piensen por sí mismas es tan impensable el desarrollo de la comunidad como lo sería el desarrollo del individuo fuera del ámbito comunitario."

"Sólo si conseguimos acabar con el servicio militar podremos implantar la educación de la juventud en un espíritu de entendimiento entre los pueblos y una actitud de amor hacia todo lo viviente. Detrás de esa maquinaria se esconden tres grandes poderes: imbecilidad, temor y codicia. El Estado es para los hombre y no los hombres para el Estado. Como deber primero del Estado veo la protección del individuo, así como ofrecerle la posibilidad de desarrollar una personalidad creadora. Este principio es negado por el Estado cuando nos obliga a hacer el servicio militar o a participar en una guerra, sobre todo considerando que con ello se pretende la destrucción de otros hombres o al menos el mayor perjuicio posible al desarrollo de sus personalidades."

"Me inclino a creer que el Estado puede beneficiar al proceso productivo sólo si actúa como factor regulador  de la economía. Tiene que ocuparse en asegurar que la competencia entre las fuerzas del trabajo se mueva sobre bases humanas, a asegurar una educación sólida a todos los niños, a garantizar salarios suficientemente altos como para que los productos puedan ser adquiridos."

"Para que sea eficaz el comportamiento ético de los hombres debe basarse en la compasión, la educación y en motivos sociales: no necesita de ninguna base religiosa. Sería muy triste por parte de la humanidad si sólo se refrenara por miedo al castigo y por esperanza de un premio después de la muerte."

"Para que exista una educación válida es necesario que se desarrolle el pensamiento crítico e independiente de los jóvenes, un desarrollo puesto en peligro continuo por el exceso de materias. Este exceso conduce necesariamente a la superficialidad y a la falta de cultura verdadera. La enseñanza debe ser tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación."

"Regocija que en una época tan acabadamente materialista se conviertan en héroes a hombres cuyos únicos objetivos están en lo intelectual y en lo moral. Eso demuestra que para una gran mayoría las nociones de Conocimiento y de Justicia  prevalecen sobre las de Poder y Posesión. Según mis experiencias, es notoriamente elevada la proporción de gente que vive en Estados Unidos según este enfoque idealista, a la vez que otra proporción equivalente se rige por miras tan sólo materialistas."

"La última guerra ha puesto en claro que ya no hay una separación entre los continentes, sino que el futuro de todas las naciones está íntimamente vinculado. Deberá desarrollarse en este país la convicción de que su responsabilidad en materia de política internacional es muy grande. El papel de observador no comprometido no es lo que  este país se merece, ni es su destino duradero."