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domingo, 31 de octubre de 2010

LO QUE VENDRA?




La resurrección del kirchnerismo
Por Daniel Guebel para Perfil


Las costumbres fúnebres que imperan en el arte de la política argentina se presentan bajo dos modalidades principales: el asedio sobre la yugular de los deudos, a fin de obtener nuevas raciones de sangre fresca, o la confirmación y continuidad de estos, enaltecidos y como auroleados por el dolor de la pérdida. Como la economía parece funcionar, y Cristina Fernández tiene voluntad, preparación cultural y arraigo político, su destino, trágicamente beneficiado por el deceso repentino y lamentable de Néstor Kirchner, parecería ser el de la reelección, algo muy distinto de la ignominia, el oprobio y el destrato que en circunstancias similares padeció Isabel Martínez. De todos modos, no le espera una tarea fácil. Deberá enfrentarse a la creciente desafección de los intendentes del Conurbano –que, progresivamente, se alinearán con el sciolismo, el felipismo, el reutemanismo o cualquier ismo alentado por Duhalde–, a las internas del partido; las relaciones con los sindicatos necesariamente se volverán más ríspidas.
También deberá ocuparse de los reclamos perpetuos de los citadinos industriales, prebendarios de siempre, que esta vez se quedaron fuera de la mesa chica de los repartos, y de los tironeos de los ahora agazapados tecnoindustriales campestres, que confunden las retenciones con el martirio y sus terrenos agroquímicos con la patria. Para no hablar de la Iglesia, que ofrecerá su apoyo y consuelo espiritual, ante la adversidad, a cambio de alguna secular concesión a sus rígidos reclamos medievales (es paradójico cómo una institución que subsidia su existencia vendiendo beneficios u horrores ultraterrenos, se lamente tanto ante el fin de la vida humana, como si en el fondo no creyera en la existencia del cielo).
Dejemos de lado el flanco no cerrado de sus enfrentamientos con la prensa periodística no alineada con lo que desde el Gobierno se llama Proyecto Nacional y Popular.
Curiosamente, dentro de este campo de conflictos no se incluye, por el momento, a las Fuerzas Armadas, ya que ahora de la represión se ocupan –como en Irak– empresas mercerizadas que, a su vez, encargan el trabajo sucio a saltarines de tablón de las canchas del ascenso.
Si, hasta el martes a la noche, el destino del kirchnerismo en las próximas elecciones aparecía complicado, el fallecimiento de su líder le da nueva vida y perspectivas. Es de observar cómo política y religión –si no son lo mismo por otras vías– muestran idénticos funcionamientos. Sin ser médicos, podemos inferir que Néstor podría haber vivido muchos años más, si la pasión por sus prácticas no lo hubiera llevado a desatender los consejos de los médicos. Esa pasión ajena a la moderación, lo colocará de seguro, en un lugar sacrificial que la tradición peronista conoce bien, ya que lo aplicó rigurosamente a sus figuras fundadoras (el cáncer de Evita como metáfora de su devoción por los pobres; la muerte de un Perón ya senil, como efecto de su frenética actividad por salvar del caos a la patria). El peronismo explica su vocación por el poder bajo la figura del salvacionismo. En ese punto, a futuro, su rival más peligroso no se encuentra en las fuerzas representadas en el Congreso, sino en el sector trotskista al que desde los márgenes del PJ le han producido una víctima verdadera, una inmolación no buscada.
Probablemente, el trotskismo (como el cristianismo), sería una secta desterrada de la memoria de los hombres si a “papá Stalin” se no se le hubiera ocurrido mandar clavarle una pica a su adversario. Su duración y persistencia en el tiempo tiene que ver con la fe en la causa última de una revolución que ha de llegar (lo mismo pensaban los profetas judíos) y con su aptitud no buscada para ser elegidos como víctimas de los crímenes.
Al mismo tiempo, comparten con el cristianismo la creencia de que la verdad viene de afuera: en un caso, gracias a la iluminación que recibió Pablo camino de Damasco, en el otro, gracias al efecto del estudio de los textos cabalísticos marxistas. Triunfará Cristina, porque Néstor se ofreció a la hecatombe de la pasión; triunfarán alguna vez los trotskistas, porque son como los cristianos primitivos entregados a las arenas de un circo, donde se sueltan los leones del mundo.

LAS CUESTIONES...





A seguir tu ejemplo
por Artemio López para Perfil


Se equivocó Claudio Escribano cuando advertía en su amenazante editorial del diario La Nación en el año 2003. Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos, por quien esto escribe, difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año.
Se equivoca Rosendo Fraga cuando a horas de la muerte de Néstor Kirchner escribió en el mismo diario: “La continuidad institucional no está en riesgo en la Argentina, pero puede estarlo la gobernabilidad en el tramo final del mandato de Cristina, si ella no aprovecha lo que posiblemente sea su oportunidad histórica: dejar de ser la presidenta de una facción, para pasar a serlo de todos los argentinos”. Nada ni nadie nos va a amedrentar y privarnos de darle el mejor homenaje que merece Néstor Carlos Kirchner: Defender el gobierno de Cristina sin condicionamientos y darle continuidad al proyecto iniciado en mayo del año 2003.
Por otra parte, estamos seguros de que la figura de Néstor Kirchner cobrará significación a medida que transcurra la historia. El mejor presidente desde la recuperación democrática, el único que tras su mandato devolvió el país con indicadores socioeconómicos mejores que los que encontró.
Bajó la pobreza a la mitad, la indigencia a un tercio, desendeudó el país, restauró la autoridad presidencial pero, por sobre todo, restituyó la política en un país devastado por el neoliberalismo y su ilusión de manejo tecnocrático de la cosa pública. Un gran hombre Néstor, sabía de su destino, era consciente de los riesgos de su enfermedad y se entregó siguiendo sus más firmes convicciones, las mismas que nos transmitió y serán las que nos impulsen a defender el gobierno de su compañera de toda la vida, nuestra presidenta Cristina, a pesar de las amenazas absurdas, ridículas, de los enemigos de la democracia.
Querido Néstor, no te vamos a olvidar, vamos a seguir tu ejemplo, vamos a cumplir.

EL CRISTINISMO...





Descansa en paz
por Daniel Link para Perfil


¿Qué decir más allá de las condolencias de rigor a los deudos y amigos de un muerto? Como sucede siempre en estos casos, al duelo por la desaparición física se superpone la urgencia para resolver los asuntos mundanos del fallecido y el reparto de su herencia.
Con Kirchner, desaparece uno de los mitos mediáticos de los últimos tiempos (el “doble comando”) y un misterio semántico, el “modelo”, que ahora deberá redefinirse, sobre todo porque es prácticamente imposible que la Dra. Cristina Fernández pierda las próximas elecciones presidenciales, ahora que, a sus muchas virtudes, agrega el hálito trágico de la viudez inesperada.
Los carteles que el mismo 27 de octubre se vieron en Plaza Mayo decían: “Perón, Evita y Kirchner están en el mismo cielo”. El Gral. Perón enviudó durante su segunda presidencia, pero nunca pudo sobreponerse al fantasma de esa muerta colosal que, desde el más allá, dominó el mundo como no lo había conseguido estando viva. Luego, el Gral. Perón murió, dejando viuda a la vicepresidenta, la Sra. Isabel Martínez, que accedió al sillón de Rivadavia (para desgracia de todos los argentinos, los peronistas en primer término) por ese deceso.
Aunque la viudez parece constitutiva de los vaivenes políticos de nuestro reino, el caso de la Dra. Cristina Fernández no coincide ni con uno ni con otro (pero la mitografía no precisa de grandes sutilezas): la muerte del Dr. Néstor Kirchner equivale a la del Dr. Alfonsín, y encuentra a su viuda en una curva ascendente impredecible hace tan sólo un año.
Más allá de su dolor personal, la Dra. Fernández debería salir fortalecida de este trance: si las encuestas electorales ya la favorecían por sobre su marido (porque sus virtudes públicas, sin duda, eran más visibles o más comprensibles para el electorado), ahora deberá demostrar, desde la soledad y el luto, que ella es no sólo capaz de proponer y sostener un modelo de gestión propio (sobre lo que no cabría sostener demasiadas dudas, a esta altura del partido), sino de ordenar ese equívoco gigantesco que llamamos peronismo, y de dotar de sentido a ese enigma político reciente, el kirchnerismo.
A esos dos ismos (uno del siglo XX y el otro del siglo XXI) deberá imponerse el “cristinismo”, una corriente de opinión más interesante que las anteriores porque reposa en una simpatía incondicional que prescinde de las anteriores: muchos “cristinistas” (entre los que me cuento) jamás se declararían “kirchneristas” y preferirían que no se los identificara como “peronistas” (es, una vez más, mi caso). Llamo PP, “peronismo paquete”, a esta mutación de las simpatías políticas.
No se trata, naturalmente, de coincidencias programáticas o ideológicas, porque ni el peronismo ni el kirchnerismo se caracterizaron nunca por una ideología o un programa diferente del pragmatismo (es decir: el sentido de la oportunidad). ¿Podrá el “cristinismo”, tan radicalmente moderno -glamoroso hasta la náusea, hipertecnológico (youtube, el twitteo y el titeo son sus formas de intervención más recientes) y que tan bien rinde televisivamente- imponerse a las potencias maléficas que habitan los ismos que lo precedieron?
Suponemos que sí, porque, ¿quién podría discutir con una mujer ya famosa por su habilidad retórica, su compromiso irrenunciable con las causas más peregrinas y a veces incomprensibles, su juvenil entusiasmo por las maravillas del mundo y además, ahora, viuda: frágil, sin nadie con quien compartir las durísimas exigencias del poder, en un año que hará coincidir los plazos del duelo y de la campaña electoral?
El Sr. Moyano se apresuró a garantizar su incondicional apoyo, y otro tanto irán haciendo los demás barones peronistas. Lo contrario sería percibido como una vileza por parte del electorado, ese sujeto de la soberanía tan volátil que muchos intelectuales (Torcuato Di Tella, embajador recientemente designado, entre ellos) han propuesto a la monarquía como la forma política que mitigue las cíclicas crisis argentinas.
Cristina reina. Y su regencia será recordada con justicia como un período incomparable de la política latinoamericana. Pero su asunción para un segundo período será una apoteosis de la que no deberíamos privarnos. Es por eso que, junto con nuestra más profunda solidaridad en este trance, le enviamos a la Sra. Cristina Fernández el deseo de que pueda capitalizar la triste carga que los excesos de carácter de su marido le han puesto sobre los hombros. Cristina reinará. ¿Qué más puede pedirse?

sábado, 3 de julio de 2010

TRISTE, SOLITARIO Y FINAL





EDUARDO GALEANO (Uruguay, 1940):

"No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta".


No voy a poder dormir. Tengo 4 años atravesados entre los pàrpados. Si pudiera, les dirìa que se vayan y me dejen la dulce locura de las mujeres; pero tengo, simplemente, cuatro años atravesados en la garganta.