Una delivery de incongruencias al servicio de la dama que cuelga del hombro de la cartera o de la billetera en la que duerme, junto a roca y belgrano prensados, el caballero suburbano.
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lunes, 29 de abril de 2013
EL ABUELO LEVI...
DEL LIBRO "LA ANTROPOLOGÍA FRENTE A LOS PROBLEMAS DEL MUNDO MODERNO"
"Los hombres se exterminaron en cantidades que ascienden a decenas de millones, se entregaron a pavorosos genocidios. Y, una vez la paz reestablecida, ya ni siquiera les resulta cierto que la ciencia y la técnica sólo aporten beneficios, ni que los principios filosóficos, las instituciones políticas y las formas de vida social nacidos durante el siglo XVIII constituyan soluciones definitivas a los grandes problemas que plantea la condición humana".
"Por su parte, el funcionamiento de las instituciones democráticas, las necesidades de la protección social acarrean la creación de una burocracia invasiva, que tiende a parasitar y a paralizar el cuerpo social. Así, uno llega a preguntarse si las sociedades modernas basadas en este modelo pronto no correrán el riesgo de convertirse en ingobernables".
"¿No conviene, entonces, mirar en otras direcciones, ampliar el marco tradicional dentro del cual se encerraban nuestras reflexiones sobre la condición humana? ¿No debemos integrar a él experiencias sociales distintas de las nuestras y más variadas que aquellas en cuyo estrecho horizonte nos hemos recluido durante tanto tiempo?"
"La primera ambición de la antropología es alcanzar la objetividad. Tal es la objetividad que caracteriza a todas las ciencias sociales, de lo contrario, no podrían aspirar al nombre de ciencia. El tipo de objetividad al que aspira la antropología va más lejos. Así, lo antropológico, además de acallar los sentimientos, da forma a nuevas categorías mentales, contribuye a introducir nociones de espacio y tiempo, oposición y contradicción, tan lejanas a su pensamiento tradicional como aquellas que encontramos hoy en día en ciertas ramas de las ciencias físicas y naturales".
"La segunda ambición de la antropología es la totalidad. En efecto, ve en la vida social un sistema cuyos aspectos están orgánicamente ligados. Reconoce con naturalidad que para profundizar en el conocimiento de cierto tipo de fenómenos es indispensable fragmentar un todo, como hacen el jurista, el economista, el demógrafo, el especialista en ciencia política. Pero lo que el antropólogo busca es la forma común, las propiedades invariantes que se manifiestan detrás de los tipos de vida social más diversos".
"Sin duda, los hombres elaboraron culturas diferentes en razón de la lejanía geográfica, de las características particulares del medio donde se hallaban, de la ignorancia de otros tipos de sociedades. Pero paralelamente a esas diferencias debidas al aislamiento, tenemos aquellas, igual de importantes, que se deben a la proximidad: deseo de oponerse, de distinguirse, de ser uno mismo".
"Las fórmulas pertenecientes a cada sociedad no son extrapolables a cualquier otra. La antropología sólo invita a cada sociedad a no creer que sus instituciones, costumbres y creencias son las únicas posibles; la disuade de imaginarse que por el hecho de creerlas buenas, esas instituciones, costumbres y creencias están inscriptas en la naturaleza de las cosas y uno puede imponerlas con impunidad a otras sociedades cuyo sistema de valores es incompatible con el propio".
"Como primera lección, la antropología nos enseña que cada costumbre, cada creencia, por más chocante o irracional que pueda parecernos al compararlas con las nuestras, forma parte de un sistema cuyo equilibrio interno se fue asentando con el paso de los siglos, y de ese todo no se puede suprimir un elemento sin correr el riesgo de destruir el resto. Aun si no se aportara otras enseñanzas, esta sola bastaría para justificar el lugar cada vez más importante que la antropología ocupa entre las ciencias del hombre y de la sociedad".
"Nuestras sociedades funcionan sobre la base de una diferencia de potencial: la jerarquía social, que a lo largo de la historia ha adoptado el nombre de la esclavitud, servidumbre, división de clases, etc. Tales sociedades crean y sostienen en su seno desequilibrios que utilizan para producir más orden -la civilización industrial-, pero, a su vez, mucha más entropía en lo que atañe a las relaciones entre las personas".
"Casi se podría decir que nuestras sociedades pierden de forma progresiva su armazón y tienden de forma progresiva su armazón y tienden a pulverizarse, a reducir a los individuos que las componen a la condición de átomos intercambiables y anónimos".
"Sin lugar a duda, soñamos con la idea de que la igualdad y la fraternidad un día reinen entre los hombres, sin que la diversidad se vea comprometida. Pero no hay que hacerse ilusiones".
sábado, 28 de enero de 2012
LAS COSAS POR SU NOMBRE...(5ta. ENTREGA)

ÉL
"Kirchner es lo que podríamos llamar un prócer instantáneo o, dicho de otro modo, un oxímoron, es decir, una contradicción en los términos. Un prócer siempre fue alguien que, ya asentado el polvo del presente, los debates de la historia definían como un grande: se solía suponer que sólo el paso de los años permitía juzgar los efectos de un hombre en su sociedad. Ahora parece que no hay tiempo para esas pavadas.
El verdadero mito es siempre una construcción laboriosa, lenta y espontánea, pero ésta es una tentativa muy intensa de producir un mito. Hay que reconocerles cierta audacia: no es fácil armar un héroe popular a partir de un rico que empezó una fortuna deshauciando deudores morosos para quedarse con sus casas.
La muerte de un hombre siempre es triste. La muerte de un hombre público es, además, un hecho público y como tal vale la pena examinarlo. En pocas horas, ese hombre se hizo otro: Kirchner ya es un mártir que murió porque, enfermo, no quiso dejar de pelear por el bienestar del país, un argentino excepcional, un gran patriota. En pocas horas, las radios y canales de televisión se llenaron de figuras que emitían palabras de pesar y encomio mientras hacían, para sí, cuentas electorales. En pocas horas Kirchner -su figura-se fue constituyendo en un Gran Muerto Patrio, de esos que sostienen políticas y se vuelven banderas y las distintas fracciones se disputan. El líder muerto sirve sobre todo porque cada cual le puede hacer decir lo que quiera.
La idea de héroe no sólo me rechaza por su contenido de sumisión a un jefe, un padre. Además, un héroe es alguien que está tan convencido de algo que se permite hacer lo que le parezca para sostener ese convencimiento. Pero quien cambia, va, viene, arma y desarma, no puede terminar en héroe, en mito.
Y lo más extraño es que, por ahora, lo que se está armando es otro oxímoron: un mito moderado. Si sigue así, va a ser la síntesis perfecta del oxímoron que instaló este gobierno: la épica posibilista.
¿No es curioso que sean precisamente los que hablan de ideas, principios y utopías quienes te corren con el posibilismo más descarnado, más vehemente?"
ELECCIONES
Las elecciones nos desazonan porque son una puesta en escena cruel de nuestra mediocridad como sociedad, de nuestras incapacidades. Si tenemos estas opciones la culpa es toda nuestra, somos nosotros los que no supimos conseguir otra cosa, preparar otra cosa, merecernos otra cosa. Aunque quizás -además- este sistema electoral sirva para que las opciones que lo hegemonizan nunca sean opciones.
Uno de los peores males del sufragio universal contemporáneo son los dirigentes vendidos como jabón-lava-más-blanco, con gran insistencia en sus sonrisas y ninguna insistencia en sus ideas.
Además, votar no debería ser un deber, sino un derecho. Las elecciones obligatorias son una muestra clara de desconfianza en nuestra famosa vocación democrática: si creyeran que nos importa elegirlos, no nos obligarían. Nos suelen presentar el voto obligatorio como una verdad revelada, universal indiscutible, la base de la justicia democrática. Y sin embargo el mundo rebosa de países mucho más democráticos que soportan que sus ciudadanos decidan si votan o no.
El sufragio obligatorio suele presentarse como la forma de garantizar la participación de todos: como si meterse en un cuarto oscuro y manotear un papel fuera participar. Es obvio, para empezar, que si alguien elige ir a votar cuando puede no hacerlo, va a pensar más en qué elegir: va a informarse, se va a preparar, le va a dar más vueltas al asunto, y, también, desaparecerían muchos de esos votos automáticos. Y esto, supongo, produciría algunos cambios en la forma de llevar adelante las campañas y la actividad política en general. Deberían, para eso, entusiasmar al votante con la idea de participar un poco más; la herramienta más poderosa del poder en esta democracia -convencer a los ciudadanos de que la política es un basura y mejor no mezclarse- poco a poco dejaría de servir.
También se debería hacer obligatoria el llamado a consultas populares para que la población decidan cuestiones precisas.
Entonces la campaña electoral se tornaría interesante porque nos obligaría a discutir seriamente las tres o cuatro políticas concretas importantes que deberíamos decidir, en lugar de hablar de batallas imaginarias, dragones de relato y monopolios y, sobre todo, de la sonrisa limpia y las historias sucias. Y su resultado sería más complejo y más completo: el ganador no recibiría el cheque en blanco acostumbrado porque estaría obligado a llevar adelante esas medidas que habrían sido votadas junto con él.
viernes, 27 de enero de 2012
LAS COSAS POR SU NOMBRE...(4ta. ENTREGA)

RELATO
"La palabra relato es antigua, pero fueron lo teóricos de la posmodernidad los que empezaron a usarla para insistir en que la percepción y consideración de cada momento histórico depende de cómo se lo describe y que esas descripciones son variables; que el sector que considere imponer su relato sobre los otros relatos posibles obtiene una ventaja decisiva: que la mayoría leerá los acontecimientos a través del prisma de esa manera de ver el mundo. Ese gran relato, a su vez, estaría formado por una multitud de relatos pequeños o fragmentarios: la forma en que se cuenta la realidad todos los días.
Los kirchner siempre creyeron que la pelea fundamental se da menos en los hechos que en la forma en que se ordenan y enuncian esos hechos: su relato. Por eso mostraron desde el principio que creían, como ningún gobernante anterior, en los medios de comunicación: que creían en esas usinas de relato como otros -y ellos mismos- creían en la fuerza de un dios, las armas, el dinero.
Tan confiados en la potencia del relato, necesitaban y temían a sus productores; por eso mantuvieron, durante cinco años, su alianza con el más poderoso: el grupo Clarín, que todavía no era el monopolio.
Luego vino la pelea, y -de pronto- esa pelea contra el monopolio se transformó en la causa nacional y popular. Y la causa de la pelea, por supuesto, fue explicada por los principios sacrosantos: de pronto, el gobierno nacional descubrió que Clarín había apoyado a los militares de 1976. Les tomó su tiempo -aunque los elementos en los que se apoyaron para afirmarlo no eran del todo secretos: se trataba, más que nada, de las tapas de los diarios de esos años. Lo difícil es suponer que esas tapas de 1976 hayan cambiado mucho entre 2003 y 2008. Es más fácil pensar que los férreros principios de los Kirchner son tan maleables y acomodaticios como todo el resto.
678, la usina televisiva principal desde la que se produce el relato kirchnerista, tiene muchos problemas: algunos palenlistas cuya trayectoria sinuosa y siempre oficialista los hace poco creíbles cuando se lanzan a pontificar revoluciones; alguna tendencia a la cita manipulada y a la repetición machacona, a la burla laboriosa, a la injuria fácil y a la homogeneidad extrema; el recurso sistemático al prontuario de sus enemigos cuando los de sus amigos no resisten un examen semejante, el reemplazo de la reflexión por una repetición sistemática y tenaz de slogans efectistas y subrayados absurdos, como si quienes hablan no creyeran en la capacidad e inteligencia de sus espectadores: como si hablaran para bobos.
Lo malo de 678 no es -como muchos piensan- que exista, sino que no existan más. Para que ese programa tuviera sentido tendría que haber muchos, uno por cada fuerza política significativa en la Argentina.
Para profundizar las libertades democráticas, cada sector con representación parlamentaria debería tener su programa periodístico en los medios públicos, donde pueda ejercer su opinión y su mirada - y que la importancia de ese programa sea proporcional a su peso electoral: finalmente son los votos los que dan derechos en nuestro sistema de representación."
MODELO
Si hay una frase que ha caracterizado a este gobierno es la proclama de que quieren redistribuir la riqueza. En su momento Kirchner explicó que lo haría cambiando el sistema impositivo claramente injusto. Tenía cierta razón: si no piensa producir cambios en la forma de la propiedad ni en el modo de producir, la modesta posibilidad que le quedaba al Estado para intervenir sobre la repartición de la riqueza es su política tributaria. Pero, ocho años después, el sistema fiscal sigue exactamente igual: la incidencia del IVA, el impuesto más injusto, por el que ricos y pobres pagan los mismo -y, por lo tanto, los pobres pagan mucho más en proporción a sus ingresos- fue, en 2010, del 28 % del total recaudado: lo mismo que en 2003.
Modelo es una palabra que describe una construcción teórica, no una realidad. Pero, aún así, el modelo es, en última instancia, la clave de todo.
La reactivación de 2003-2007 fue un período de crecimiento espectacular. La crisis de 2001había producido las condiciones para su propia superación: mucha mano de obra desocupada, la salida (forzada) de la convertibilidad y la gran demanda de alimentos en el extranjero posibilitaron el aumento de la producción, el empleo y el consumo para ir reconstruyendo, poco a poco, el mercado interno que volvió a consumir. De ahí en más, la cuestión era decidir qué se hacía con ese impulso, hacia dónde se dirigía el crecimiento. De eso se trata todo esto, el famoso modelo.
En octubre de 2009, por decreto presidencial, entró en vigencia la Asignación Universal por Hijo. Era una gran red de contención social que otorgaba 180 pesos a unos 3.500.000 chicos. Los 8.000 millones de pesos de la Asignación salen de los fondos de la Anses -que sigue pagando a los jubilados menos de lo que debería. O sea que ese dinero no viene de nuevos impuestos u otros orígenes redistributivos: es la plata de los jubilados.
La lógica de la desigualdad es el núcleo del sistema capitalista de mercado. En la Argentina actual funcionan 400.000 empresas de todos los tamaños. Pero las 500 empresas más grandes controlan un cuarto de la economía del país. Y la extranjerización: de esas 500 empresas más poderosas, 338 son extranjeras y sólo 162 argentinas. Lo mismo pasa si se mira por actividad: las mayores automotrices son extranjeras; igual que las mayores petroleras, las mayores telecomunicaciones, las mayores vendedores por menor, y siguen las firmas...
Se habla mucho, últimamente, de la primarización para discutir si la economía argentina actual -el modelo- está más orientada a la producción de materias primas o de valor agregado. Entre los diez productos que más se exportan sólo uno es industrial: los vehículos, que tienen una balanza comercial negativa porque cuestan más las piezas que se compran para ensamblarlos en el país que lo que entra por las exportaciones. El resto so productor primarios o muy escasamente procesados: granos, aceites, minerales, etc.
La argentina es uno de los pocos países productores de petróleo que no tiene una compañia estatal hegemónica: sí la hay en México, Venezuela, Brasil. Aquí, en cambio, el peronismo de los 90 vendió por unos pesos YPF -con gran beneficio para varios de sus jefes, entre ellos Calos Menem y Néstor Kirchner, y el peronismo de los dosmil no hizo nada para recuperarlo. Al contrario, extendió licencias de explotación y consolidó el sistema. Así que la actividad está en manos de empresas multinacionales que no sólo reparten miles de millones de dólares de utilidades antre accionistas extranjeros, sino que, además, dedicaron todos estos años a llevarse todo lo que pueden sin invertir en la búsqueda de nuevos yacimientos.
Las actividades extractivas -agrarias, mineras, petroleras- como base de la economía explican varias cosas; ente ellas, el peso que han tomado el transporte y los transportistas en la vida nacional. Con otro tipo de esquema económico - de modelo- donde los sectores industriales se hubiran desarrollado realmente, habría sido impensable que el sindicato más poderoso del país fueran los camioneros -con su jefe Moyano a la cabeza- porque los viejos gremios predominantes -metalúrgicos, mecánicos- ya no tienen el peso económico suficiente para dominar la CGT.
Que ahora los privilegiados sean Moyano y sus camioneros es, en última instancia, un dato secundario: lo que los encumbró sigue siendo el clásico mecanismo peronista que consiste en dar privilegios a un sector de los trabajadores y, sobre todo, a sus jefes, como forma de consolidar un grupo que los ayude a manejar el movimiento sindical y que contenga, sobre todo, cualquier desborde por izquierda.
Son matices para un hecho básico: que la concentración y la extranjerización de la economía no sólo no se detuvo sino que aumentó durante los ocho años del gobierno peronista de los Kirchner, durante la vigencia del actual modelo.
El tema de los subsidios es otra de la patas del modelo. Lo que importa no es tanto la cantidad, sino el destino. En 2009, por ejemplo, las 500 empresas más ricas recibieron, entre subsidios y desgravaciones, 15.000 millones de pesos del gobierno, es decir un 20 % del total de sus utilidades y el doble del costo total de la Asignación Universal.
O sea que, en última instancia, el Estado está subvencionando la actividad de empresas tan rentables como las petroleras -que cobran por su producto, en el mercado local, más de cuatro veces su costo de producción.
Otro aspecto decisivo del modelo es el famoso desendeudamiento. Es otro efecto de relato: no se habla de pagar deuda, se habla de desendeudar. Lo cierto es que el gobierno de los kirchner pagó, en sus ocho años, casi 25.000 millones de dólares a los organismos internacionales, y otro tanto a los acreedores privados: más que ningún otro gobierno en toda nuestra historia.
Estuvieron, por un lado, los diversos pagos a los acreedors privados: la renegociación de los títulos de deuda. La quita solicitada, originalmente, era del 75 %, que quedó reducida al 50. Pero nueve meses después anunciaron la verdad: pagarían casi el doble de lo que habían dicho: el doble, dos veces más, un presupuesto nacional más.
Y también estuvieron los pagos a los organismos internacionales. En un primer momento, los pagos al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo se presentaron como una maniobra genial que nos permitía librarnos de su tutela. Lo cual sucedió, pero a un precio que dejó bastante satisfechos a los acreedores. Era una opción posible. Otra, que siempre fue defendida por la izquierda, era la revisión de la deuda para establecer qué parte era legítima y cuál no; el gobierno de los kirchner nunca quiso revisar nada. Pagó, desendeudó.
Si hubiera que hablar de una sola cosa para hablar del modelo, la idea de argentinos con hambre (que aún hay, y muchos) en un país que exporta millones de dólares en comida, la idea de un país donde alcanzaría con redistribuir el 1,5 % del PBI para acabar con ese mal y no se hace, me parece suficiente para pegar un grito y terminar con la conversa.
O para insistir en que todo se basa en la falacia de que las desigualdades y la pobreza se pueden eliminar dentro del sistema de delegación como éste, donde la mayor parte del poder está en manos de los ricos que serían los más afectados por el cambio. O que se puede eliminar la desigualdad haciendo que los pobres dejen de serlo sin que los ricos sufran por eso: que alcanza con aumentar la producción de riqueza de un país para que todos reciban parte suficiente de esa riqueza. Otro efecto de relato, que repetimos sin pensar demasiado, sin querer pensarlo."
LAS COSAS POR SU NOMBRE...(3ra. ENTREGA)

SEGURISMO
"El segurismo pretende que las respuestas no deben enfrentar el deterioro social sino sus consecuencias, por vía de mayor represión. No siempre desemboca en gobiernos más autoritarios, pero puede suceder. Cuando no, produce una intensificación de la represión y el control social dentro de los límites del mismo sistema político. El segurismo, que no analiza las razones y causas del problema, tiende a creer, con el mismo mecanismo, en soluciones mágicas, y en la aparición de líderes salvadores capaces de aplicarlas: la famosa mano dura del hombre fuerte. El segurismo y sus slogans sustituyen -o intentan sustituir- el resto de los debates políticos y sociales que esa situación parece precisar."
LAGENTE
El segurismo tiene un sujeto por excelencia: lagente. Lagente es otro argentinismo que se podría definir como un conjunto amplio y voluntariamente vago de personas que deberían compartir intereses y opiniones. El sustantivo colectivo lagente es un concepto nuevo, que da cuenta de la falta de definiciones de nuestra sociedad. Lagente apareció durante el peronismo de los noventa para reemplazar a otra palabra -pueblo- que resultaba conflictiva. Aunque, a su vez, pueblo fue la respuesta populista a otra -trabajadores- más definida y conflictiva todavía. Que, a su vez, era la respuesta a otra que más aún: clase obrera.
El concepto lagente intenta postular que la pertenencia de clase no es un dato decisivo, porque hay un "sentido común", que está por encima de esa pertenencia. Postula, en síntesis, que hay cosas que todos, más allá de su posición social, deberían pensar y apetecer. Lagente, entonces, no tiene ideología; tiene, por supuesto, ideas: en sentido común.
Quienes usan el concepto lagente pretenden que incluye a -casi- todos: lagente puede ser el dueño de una petrolera, su secretaria, su chofer, el médico que lo atiende, la suegra de ese médico, la peluquera de la suegra y tantos otros millones. Los únicos que en principio no son lagente son los villeros, faltaba más. Por lo cual se podría decir que lagente es, pese a su aparente indefición, un grupo censitario: para integrarlo se necesita cierto nivel de plata.
Lagente resulta, desde ya, un instrumento para achatar cualquier análisis, para no decir quién se beneficia o no con ciertas cosas. Y es, también, la palabra que usa mucha gente para no decir yo: yo pienso, yo creo, yo quiero. Porque si su enunciado se sujeta en lagente se transforma en el sentido común de una supuesta mayoría."
CAMPO
En la Argentina, el campo se postula como lo inmutable: lo esencial, pura ontología. Si la argentina es algo, es el campo.
Esta construcción fue sostenida por el poder económico y el poder político: muchas décadas en las que el campo fue la principal producción argentina, y sus dueños los dueños de la patria.
La pelea entre los capitalistas volcados a la exportación y capitalistas interesados en el mercado interno es la historia de nuestros últimos cien años. En los setenta, los ricos argentinos se desesperaron y decidieron que tanta industria requería demasiados obreros y que esos obreros no eran buenos para su salud y que lo mejor sería acabar con ambos problemas con un solo golpe. El golpe de 1976, queda dicho, fue sobre todo un intento -exitosísimo- de devolver la Argentina a su papel de país agroexportador.
Actualmente, con la soja el campo ha vuelto a convertirse en el sector económicamente más significativo, con la soja se están modificando las formas de explotación agrícola, con la soja se concentró la propiedad de las tierras, con la soja cambió la vida de miles de pequeños productores, con la soja se está armando una explotación agraria casi sin mano de obra, con la soja peligran los suelos por generaciones, con la soja se ha roto la hegemonía del puerto de Buenos Aires, con la soja la Argentina está volviendo a ser la que planearon los padres fundadores.
Si hay formas de producir mucho más alimento tiene sentido que se usen, aunque ocupen menos gente; allí es donde debería intervenir el Estado para garantizar que con esas ganancias multiplicadas se creen otras fuentes de trabajo que permitan incorporar a los expulsados por las nuevas tecnologías. Es una de las formas más leves de lo que suele llamarse redistribución de la riqueza: que el beneficio de los avances técnicos no sea sólo para los propietarios sino para todos.
Lo que más impresiona es que todo esto nos cambia la vidaa, y nunca lo decidimos. La invasión de soja nos sucede -a cuarenta millones de argentinos nos sucede- porque algunos ricos y el mercado resolvieron que así iban a ganar más. Es la democracia que tenemos: así se toman las grandes decisiones. Las que definen nuestras vidas y futuros mucho más que si fulano es diputado, zutano gobernador, perengano presidente...esas cosas que todavía nos dejan decidir."
El problema de este gobierno no fue que trataran de sacarle modestas sumas a los ricos; fue que también trataron de sacarle ricas sumas a los modestos, y así se consiguieron un enemigo que no debería haber sido tal. Lo que consiguió el gobierno con sus errores fue que esa idea de campo como patria se ampliara hasta límites impensados. Y consiguió perder, sin proponérselo, su alianza con ciertos grupos económicos, con su base agropecuaria, como el grupo Clarín."
PROGRESISMO
Progresismo es, más que nada, el nombre de la desorientación contemporánea: de la imposibilidad de definirse, de la dificultad de tomar posiciones claras en medio de tanta confusión generalizada. Decir progresista es decir tan poco que, en estos días, el lider boquipapa Mauricio Macri se definió como tal y definió el asunto con verba paratí: ser progresista es crecer, y crecer es cambiar de problemas.
El progresismo es una conciencia mínima entre sujetos muy diversos, que no están lo bastante convencidos de nada como para busca algo más que coincidencias mínimas - y que, si se pusieran a discutir, podrían estar en bruto desacuerdo sobre tantas cosas. Decirse progresista es decir me gustaría saber qué soy o qué apoyo pero no lo tengo demasiado claro aunque de pronto sí se me ocurren dos o tres cosas; decirse progresista es querer decir algo sin saber realmente qué, y -de algún modo- preferir ignoralo.
Lo progre empieza por ser una identidad cultural: ciertas conductas, músicas, lecturas, películas, ropas compartidas que funcionan como marcas de reconocimiento. Pero, si fuera necesario definirlo más allá de esas marcas, más allá de diferencias y matices, se podría decir que lo común del progresismo es una sensibilidad leve a ciertos problemas sociales, que impulsa a sus portadores sanos a buscarles leves soluciones que no excedan los límites del orden establecido. Por eso algunos dicen que el progresismo es una forma contemporánea del gatopardismo: el ejercicio de cambiar un poco para que nada cambie."
miércoles, 25 de enero de 2012
LAS COSAS POR SU NOMBRE...(2da. ENTREGA)

Segunda entrega del libro de Martín Caparrós...
KIRCHNERISMO
"La candidatura de Kirchner no fue la consecuencia de ninguna construcción política: no tenía detrás un programa, un partido, un movimiento que lo apoyara; fue el resultado de esas casualidades que lo pusieron en un lugar inverosímil, que ni el mismo esperaba. Se benefició con el apoyo de Duhalde y se benefició sobre todo de su ambigüedad: nadie sabía quién era, qué haría, lo cual en ese momento era lo mejor que le podía pasar a un candidato.
Más allá de sus detalles, la idea básica de su discurso era la de reconstruir el Estado Argentino y reparar el mercado interno para mejorar el funcionamiento del capitalismo criollo.
El primer efecto del gobierno Kirchnerista fue la recuperación de la confianza en la delegación democrática. Kirchner hablaba de utilizar los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular. Ahora, ocho años después, sabemos que sus gobiernos nunca convocaron a ninguna consulta popular. Y que, más aún, todas sus decisiones furon tomadas en un grupo tan pequeño, tan cerrado, tan incapaz de consultarlas, que sólo ese mecanismo explica la cantidad sorprendente de errores cometidos.
El kirchnerismo forma parte de una tendencia hacia la centroizquierda que atravesó América Latina después del gran fracaso neoliberal, favorecido por el fin de la guerra fría y el aumento de los precios de las materias primas que produce la región.
La recuperación de la confianza en la delegación democrática no sólo era necesaria para desalentar búsquedas alterativas; también era indispensable para encarar la reconstrucción del Estado. Los argentinos veníamos de un largo período de propaganda antiestatal, que confluyó en el 2001 con el rechazo radical de la clase política a cargo de la conducción de ese Estado denigrado. En ese clima, cualquier tentativa reestatista habría sido imposible por impopular.
Reconstruir el Estado no garantiza nada en cuanto a su uso posterior; sólo supone armar una herramienta que sirve para controlar a los ciudadanos y también, ese poquito, a los más ricos. O sea: que serviría, eventualmente, para que alguien lo usara para eso si quisiera. Y podría servir, incluso, más eventualmente, para garantizar que la mayoría tenga acceso a ciertos derechos mínimos.
Los privatistas no son los que quieren que no haya Estado; son los que pretenden que el Estado se limite a su papel de represión y control, y les deje hacer lo que quieran con el poder que les da su dinero. Su gran argumento -tan pegadizo, tan defendible- es la idea de que el Estado es inútil, una cueva de ladrones y, sobre todo, una runfla de incapaces. Es una idea difícil de sostener. Si el Estado no es capaz de administrar una compañía eléctrica o una empresa telefónica, menos, mucho menos, puede manejar la Argentina. O sea: un gobierno no puede usar esa explicación para privatizar, porque entonces lo primero que tendría que hacer sería tomarse el helicóptero. Pero la idea prendió: gracias a ella, lo sabemos, el peronismo de Menem malvendió casi todo.
Kirchner aprovechó ese cambio para reestatizar ciertos servicios y funciones. Lo hizo tan mal, con tan poca transparencia y credibilidad, que ahora los privatistas aprovechan para contraatacar, y tratar de instalar de nuevo aquella desconfianza. Una vez más, los errores y excesos del gobierno les permiten eludir la discusión de fondo."
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