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sábado, 10 de diciembre de 2016

HASTA EL FINAL...

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"El sueño eterno" Por Daniel Link para Perfil

Las revoluciones las hacen las multitudes, no los hombres (o mujeres) individuales. Las multitudes sueñan su emancipación, su futuro y su dicha. Su resistencia al poder y su vocación de revuelta son el índice de un malestar que se potencia a medida que dura en el tiempo. Aunque la lógica temporal de la revolución todavía no es clara, sabemos que no se mide en vidas humanas y que se corresponde con un desgarramiento, porque allí donde hay deseo (o amor) hay desgarramiento.
Los hombres (o mujeres) individuales forman partidos, arman conspiraciones, crean planes estratégicos, pero sin el deseo y el desgarramiento no se llega a nada, porque las ideas justas son a veces ideas que se atienen al sentido común dominante y al consignismo establecido (“paz, pan y trabajo”), meros puntos de verificación.
El pensamiento revolucionario (que compromete los cuerpos, los tiempos y los relatos), en cambio, es tartamudo, se expresa sólo con interrogaciones (“¿Qué hacer?”), quiebra todas las demostraciones.
Murió Fidel Castro. Sea. Para muchos estaba muerto hace ya demasiado tiempo, desde el momento mismo en el que la Revolución Cubana se empantanó en su propio mar de los sargazos. Fidel Castro fue un líder: no el que inventó la Revolución, sino el que encauzó los sueños, las esperanzas y las energías de una multitud incivil. Lo que pasó después, es bien sabido (también la Revolución Francesa terminó en Napoleón).
Los medios del mundo (especialmente los argentinos) aprovecharon la circunstancia para cerrar definitivamente un libro enmohecido y arrojarlo al agua para que se lo devoren los tiburones. Con una algarabía que hiela la sangre, dijeron “Ya está”. Fracasó la revuelta de los catalanes (1640-1652), fracasó la revolución inglesa (1642-1689), fracasó la Revolución Francesa (1789), fracasó la Comuna de París (1871), fracasaron las Revoluciones Mexicana (1910), Bolchevique (1917) y Cubana (1959), se nos dice. Basta de estos asuntos. Dediquémonos al desarrollo. Pero en fin, para citar al filósofo: “¿quien ha creído en algún momento que una revolución termina bien? ¿Quién, quién?”.
Una revolución no es solamente el proceso por el cual se toma el poder (es decir el Estado) para constituir una nueva casta de burócratas, sino un desgarramiento que introduce al nuevo pueblo y desplaza el horizonte de lo imaginable hasta límites desconocidos hasta entonces.
No se puede (no se debe) someter el deseo, la esperanza y la espera de la revolución a la lógica del “suceso” o de la adecuación entre los objetivos y los logros. Todo el mundo sabe que las revoluciones fracasan. Pero que las revoluciones se frustren o que salgan mal nunca ha conseguido extirpar del todo el deseo de revuelta e insurrección.
Murió Fidel. Pero la idea (el deseo, el sueño, la esperanza) siguen intactos mientras la única salida para el ser humano consista en volverse revolucionario (no por capricho, sino porque la cuota de sufrimiento que el estado actual del mundo provoca es demasiada alta). Cuantas menos certezas tengamos sobre el tiempo que vendrá, tanta más energía habrá de liberarse cuando llegue el momento. Y cuanto más fracasen las revoluciones, cuanto más se obstine el poder en confundir el relato histórico con el deseo, tanto más nos aferraremos a nuestro sueño.
Antes se suponía o se sabía que la revolución la harían los campesinos y los obreros. Pero esos nombres han dejado ya de ser políticos (han dejado de ser el sujeto de la historia) y las clases, sin desaparecer, han cedido su protagonismo a nuevas singularidades: las mujeres, los desocupados, los indignados, los que se oponen al orden neoliberal (continuo desde la década del setenta, no hay que engañarse), los ecologistas, las comunidades indígenas, los disidentes sexuales, los migrantes, los hackers, los poetas y los artistas, las máquinas, yo qué sé (¿no fundan las películas Terminator y Matrix un pensamiento terrorista sobre la hipótesis maquínica?).
Murió Fidel y alguien dijo que murió el último de los dioses del siglo XX. No tanto ni tan poco: un sumo sacerdote de un culto que seguirá vivo, eterno y sin dueños. 



 

jueves, 18 de abril de 2013

EL TÍO SAM...



DEL LIBRO "CÓMO FUNCIONA EL MUNDO" (CONVERSACIONES CON NOAM CHOMSKY)

"Los funcionarios de planificación de la posguerra advirtieron enseguida que la reconstrucción de las otras sociedades industrializadas occidentales iba a ser fundamental para la salud del sector empresarial estadounidense, porque les iba a permitir importar productos fabricados en Estados Unidos y ofrecer oportunidades de inversión. Pero era fundamental que esas sociedades se reconstruyeran de un modo muy específico. Había que restablecer el orden tradicional de la derecha, con el típico predominio del sector empresarial, la debilitación y la fragmentación de los sindicatos y el peso de la reconstrucción sobre las espaldas de la clase obrera y los pobres. En algunos casos, para eso hacía falta recurrir a la violencia extrema, pero otras veces se lograba lo mismo con métodos más blandos, como la intervención en los procesos electorales y la retención de ayuda alimentaria."

"Aunque Estados Unidos se llena la boca hablando de la democracia , su verdadero compromiso no es con ella sino con el modelo de la empresa privada capitalista. Cuando se ven amenazados los derechos de los inversores, la democracia tiene que desaparecer. Si salvaguardan esos derechos, los asesinos y torturadores pueden quedarse."

"El objetivo es aplastar los movimientos nacionalistas independientes y las fuerzas populares capaces de instaurar la democracia en su verdadero sentido."

"Yo creo que, en términos legales, hay pruebas más que contundentes para hacerles juicio político a todos los presidentes de Estados Unidos de la Segunda Guerra en adelante. Los que no fueron criminales de guerra al menos estuvieron involucrados en crímenes de guerra graves."

"En general las fuerzas militares provocan un desastre económico, con frecuencia siguiendo las recetas de los asesores estadounidenses, y entonces deciden dejar el problema en manos de un gobierno civil para que lo arregle. El control militar directo ya no es necesario en la medida en que surgen mecanismos nuevos, como los controles que se ejercen a través del Fondo Monetario Internacional, que, junto con el Banco Mundial, otorga préstamos al Tercer Mundo con fondos que vienen en su mayoría de las grandes potencias industrializadas."

"¿Qué se hace cuando uno tiene un virus? Primero, hay que destruirlo. Después , hay que vacunar a las víctimas potenciales para que la enfermedad no se propague. En líneas generales, esa es la estrategia de Estados Unidos para el Tercer Mundo. Si es posible, lo ideal es que el ejército local destruya el virus en lugar de hacerlo uno mismo. Si los militares del propio país no lo logran, hay que trasladar las tropas de uno. Eso cuesta más y es más feo, pero a veces es necesario. Vietnam fue uno de los lugares en que tuvimos que hacerlo. El Tercer Mundo tiene que aprender que nadie debe atreverse a levantar la cabeza. El detentor del poder de policía a nivel mundial perseguirá incansablemente a quien se anime a cometer semejante delito."

"Por supuesto, el uso de la fuerza para controlar el Tercer Mundo es sólo un recurso de última instancia. El FMI es un instrumento más rentable que los Marines y la CIA, siempre y cuando cumpla con su tarea. Pero la "mano de hierro" debe estar siempre presente de trasfondo, lista para usarla cuando sea necesaria."

"En los aspectos fundamentales, la Guerra Fría era una especie de acuerdo tácito entre la Unión Soviética  y Estados Unidos para que los estadounidenses libraran sus batallas contra el Tercer Mundo y controlaran a sus aliados europeos, mientras los gobernantes soviéticos aplicaban sus políticas de mano dura en el propio imperio y en sus satélites de Europa del Este. Cada bando usaba al otro para justificar la represión y la violencia dentro de su propio terreno. Claro que el final de la Guerra Fría también trajo sus problemas: principalmente, la técnica para controlar a la población estadounidense ha tenido que cambiar, problema éste que, como dijimos, ya se reconocía en los años 80. Hemos tenido que inventar enemigos nuevos. Y es cada vez más difícil ocultar que le verdadero enemigo siempre fueron "los pobres que quieren saquear a los ricos", sobre todo los herejes del Tercer Mundo que pretenden salirse de su función de servicio."

"Los republicanos no tienen ninguna confusión acerca de su rol como representantes de los amos y señores de la sociedad, que libran una batalla encarnizada contra la población en general, adoptando con frecuencia una retórica vulgar de corte marxista, recurriendo al patrioterismo, el miedo y el terrorismo, invocando la superioridad de los grandes líderes y utilizando todos los otros mecanismos tradicionales de control de la población, Los demócratas no tienen tan claro a quiénes les deben lealtad y, por lo tanto, son menos eficaces en su campañas propagandísticas."

"Los sectores masivos del sistema de adoctrinamiento sirven para distraer a la plebe y fortalecer los valores sociales básicos, entre ellos, la pasividad, la sumisión ante la autoridad, la virtud superior de la codicia y el beneficio individual, la falta de interés por el prójimo, y el temor a los enemigos reales o imaginarios. La meta es que el rebaño desconcertado no deje de estar desconcertado. Es innecesario que sus integrantes se preocupen por lo que pasa en el mundo. Es más, resulta indeseable. Si se dedican demasiado a mirar la realidad, es posible que se propongan cambiarla."