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domingo, 10 de febrero de 2019

DE CARA A OCTUBRE...

Resultado de imagen para elecciones 2019 argentina

"Ese es el nuevo liberalismo -ciudadanos que no son militantes, sindicalistas que no son militantes políticos sino profesionales del sindicato, y profesionales de la política vinculados a los ciudadanos mediante la interna- esto es, profesionales y usuarios; esa es la derrota visualizada a escala molecular, ya que impide sistematizar la experiencia común organizando una nueva aproximación conceptual, nuevas formas de resistencia y organización políticas, metabolizar el miedo.
Esta mayoría que no tiene voluntad en positivo ( un programa de país que proponer) con niveles de aterrado disciplinamiento -objetivo y subjetivo- que traban toda capacidad para imaginar otro proyecto, construye reactivamente su programa: impedir por puro consenso que ocurra un determinado suceso. Primero vota para que no vuelvan los militares; después, para que no haya hiperinflacion o para que no se repita; luego, para que no continué la corrupción menemista; y finalmente, para que no vuelva Menem. 
Ese mecanismo aseguro en 1999 la candidatura de De La Rua, y en definitiva de la Alianza toda. Una suerte de menemismo virtuoso, con convertibilidad y sin corruptos, demostró que la convertibilidad ya era inviable y la corrupción, sistemática.
Algo sin embargo queda claro, la persistente mudez de la sociedad civil, su brutal dificultad para la acción política. Si tal apatía se eterniza, si la derrota de los sectores populares no da muestras de retroceder, de metabolizarse mediante una gigantesca batalla cultural y política, la continuidad se impondrá sobre la ruptura."

"LOS CUATRO PERONISMOS" (ALEJANDRO HOROWICZ)

domingo, 25 de mayo de 2014

DECONSTRUYENDO A QUIQUE...








Del libro "Fogwill, una memoria coral" (Testimonios recogidos por Patricio Zunini)




Germán García: "en esa época, había mucha circulación de personas; la cuestión de reunirse en bares, esas cosas. Nunca nos encontrábamos especialmente; nos veíamos. Sería el año setenta, quizá. O setenta y uno. Si él escribía, o no o decía o yo no lo sabía. Era un época en la que él estaba muy en playboy, siempre tostado, venía de acá para allá, viajaba. Para el ambiente bohemio de La Paz desplegaba una imagen sofisticada. Conmigo tenía ciertos elementos en común: se dice que la rivalidad no se puede dar si no entre personas que tienen algo en común -uno puede poner la metáfora de los boxeadores, no boxean tipos de una categoría con otra-, pero no era algo particular conmigo sino que todas sus relaciones tenían algo de rivalidad. Yo al psicoanálisis lo uso lo uso cuando trabajo, pero si hubiera que decirlo clínicamente, Fogwill era un personaje más bien histérico, incluso en ese gusto por las intrigas. La histeria colabora con la circulación del deseo. Es seductora. Una vez me pagó para que le enseñara -en verdad era para discutir, no era para aprender nada- "La interpretación de los sueños" de Freud, que él quería refutar. Yo estaba bastante formado en esos temas y él me quería correr con una especie de positivismo lógico, muy clásico, que había aprendido estudiando sociología. ¡Quería discutir la teoría de los sueños de Freud! Así tuvimos unas tres o cuatro reuniones en mi casa. Simuló ser alumno mío, pero era para molestarme. Yo soy bastante retórico y no tenía problemas con la argumentación. Cuando me fui a vivir a España me mandaba sus libros y me los dedicaba: "a mi querida profesora".


Alan Pauls: "en ese momento él vivía en Santa Fe entre Agüero y Laprida. Me recibió en bata y calzoncillos, y charlamos en lo que era su estudio, un cuarto de tres por tres lleno de libros, pedazos de máquinas, lapiceras secas. Y, por supuesto, una de las primeras cosas que hizo fue tomarse una raya. Yo lo miré estupefacto y él me dijo que era un remedio para la sinusitis. Recuerdo, tiempo después, que mi mujer de entonces y yo comimos con él en un restorán en Corrientes. Hacía rato que yo había dejado de trabajar en la agencia. Era tarde a la noche y volvíamos caminando por Callao hacia Córdoba. Y en un momento nos dijo que iba a caer en cana. Así, nos dijo: "dentro de veinte días caigo en cana." Y yo, que no tenía idea de en qué estaba, le pregunté cómo sabía, y que -si lo sabía- por qué no se iba a la mierda. "¿Irme a la mierda?" ¡Ni en pedo! Dijo que iba a estar preso tres o cuatro meses y que en la cárcel iba a tener mejores condiciones posibles para hacer lo único que tenía ganas de hacer: leer y escribir. Me pareció increíble que para él lo primordial fuera que la cárcel le iba a dar las condiciones de vida de escritor que no encontraba en la vida cotidiana. Supongo que tenía ciertas garantías de que no la iba a pasar demasiado mal. Aceptaba muy bien la contingencia; el azar le despertaba unos reflejos increíbles."


Sergio Chejfec: "Fogwill era como un sabio de gabinete enciclopédico echado a andar por las calles. De una curiosidad permanente por todo, en especial detalles de la vida práctica y su cruce con la vida intelectual, para llamarla de cierta manera. Me llamaba la atención, siempre, su vasta cultura. Esto suena a lugar común, pero cuando digo vasta me refiero exactamente a eso, a una cosa muy amplia, no necesariamente letrada o erudita. Poseía un saber técnico específico, capaz de explayarse sobre navegaciones, lanchas, herramientas mecánicas, autos y modelos, materiales para la construcción, procesos de producción industrial, etc. y también te resumía la historia de los grupos económicos argentinos, las estrategias empresariales, los militares, políticos, gremialistas, etc. Siempre me sorprendió la extenso de su saber y curiosidad. Si le decía que me  iba a comprar una bici, me hablaba de los frenos Shimano. Hace un par de años se me ocurrió preguntarme  en qué lugar de la Argentina se toma menos mate. Porque es una cosa difícil de imaginar, uno tiende a creer que en todos lados se toma mucho, siempre mucho. Nadie de quienes estaban cerca supo responder. Pienso que es uno de esos datos que Fogwill hubiese podido darme de inmediato. Al fin de cuentas él tenía acceso a los escáneres de todos los supermercados. El país le resultaba legible."


Sergio Bizzio: "escribía aunque hubiera gente. Y al mismo tiempo que escribía, participaba de la conversación. Se le iluminaba la cara cuando escribía algo que le gustaba, y lo leía en voz alta, y cuando algo no le gustaba se la agarraba con los que estaban ahí: los echaba a todos. No recuerdo haberlo escuchado hablar nunca de lo que iba a escribir de lo que tenía en mente. Tampoco lo vi pensar. Nunca lo vi pensar. Digo: pensar en silencio. Me parece que pensaba escribiendo o leyendo o hablando, únicamente así. Pero bueno, todo el tiempo estaba haciendo algunas de esas cosas."


Martín Kohan: "mi primer contacto con Fogwill fue telefónico, por una nota que yo tenía que escribir. No recuerdo sobre qué era, pero se las arregló para decirme que había sacado la cuenta de cuánto había ganado con "la larga risa de todos estos años": hizo una ecuación de cuánto le llevó escribirlo y cuánta plata le había entrado. Eso era algo que yo sólo había visto con Mike Tyson, que, como noqueaba en el primer round, se podía hacer la cuenta de cuánto había ganado por segundo. En ese primer contacto asistí a la relación entre literatura y dinero que él planteaba de un modo brutal."


Daniel Guebel: "cuando le dieron el premio Planeta a Andahazi, Fogwill grita: ¡Esto es un escándalo! Termina la fiesta y me lo cruzo afuera: esto es un escándalo, vení Guebel, rompamos un vidrio, hagamos algo. Le digo: "Quique, tenés hijos, vas a ir preso, para qué mierda vas a romper un vidrio." "Por autopromoción", me contesta, "por los mismos motivos por los que hago todo".
Algo muy interesante en Fogwill era su negativa al chantaje moral de los depresivos. Una vez llegó un tipo abrumado porque lo había largado la novia y dijo que se iba a suicidar. Era un borracho y pastillero, probablemente. Entonces Fogwill le dice: "¿cómo pensás matarte?. El tipo le dice que se va a tirar de la ventana del departamento. "¿En qué piso vivís? "En el segundo piso". Fogwill le dice que es un tarado, que si se tira de un segundo piso se va a terminar partiendo una pierna y la mina se le va a cagar de risa, que si se quiere suicidar haga otra cosa, y le da una serie de consejos para matarse. "Y si no, no hagas nada: andá y recuperala". El tipo se va peor que como llegó. Yo le digo: Fogwill sos un hijo de puta". "Al contrario", me dice. Y tenía razón él."




Fabián Casas: "los últimos años me decía: "todo es para mis hijos". Era como un leitmotiv. Paradójicamente, con los chicos tenía un trato más o menos distante. Lo acompañé un par de veces a buscarlos al colegio y no me dio la impresión de ser súper cariñoso, pero él insistía en lo importante que era tener hijos. Supongo que era una expresión que tenía que ver con algo espiritual. Conmigo era muy intenso; siempre me preguntaba por qué mi mujer y yo no teníamos. El día que lo llamé para decirle que mi mujer estaba embarazada se largó a llorar. Fue algo muy impactante. Se puso a llorar, cortó, y un rato después me volvió a llamar muy emocionado. Siguió muy de cerca el embarazo. Durante ese tiempo nos llamó por lo menos una vez por semana para saber cómo crecía la beba."




Catón: "los últimos diez o quince años de su vida había puesto su ética en toda plenitud. Hacía natación, había dejado la cocaína, criaba a sus hijos más chicos. En el tiempo final, más allá de sus problemas con el tabaquismo, tuvo una vida bastante plena. Ese es el Fogwill que, por su propios medios, se desintoxica de la cocaína. Se convierte en un padre que les cocina a sus hijos, los estimula, los lleva y los va a buscar al club, a la escuela, a las clases de música. Es un Fogwill gozoso que disfruta de una nueva manera de la conversación, de la comida, de la amistad. El Fogwill que practica natación y que sale a correr por Palermo. El de la sabiduría y la generosidad. El que se vuelve maestro y transmite a las nuevas generaciones el oficio y la ética de la literatura. Ese es el Fogwill que más me gusta evocar: presentando y ponderando libros de jóvenes ignotos. Fogwill entablando conversaciones inverosímiles con los mozos y los empleados de banco. Fogwill leyendo en su sillón y tarareando la música clásica que escucha en la radio."










miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA TORMENTA DE ARENA...




FRAGMENTO DE "KAFKA EN LA ORILLA" DE H. MURAKAMI

"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tu cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves  a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta  no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llene de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en loa alto del cielo.
Y en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tu no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara.  Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena."

sábado, 17 de agosto de 2013

LA CONSTRUCCIÓN DISCURSIVA DE LOS ANTAGONISMOS...




"Ese joven "

por Daniel Link para Perfil

Ese joven candoroso que, oficiando de fiscal de mesa, rechazó enfáticamente darle la mano al Sr. Macri demuestra el fracaso de un modelo de mistificación llevado hasta sus últimas consecuencias, sobre el cual ya me he detenido.

Ese joven que se creyó a pie juntillas la construcción discursiva de los antagonismos, tal y como Laclau se la ha dictado al gobierno, no hace sino demostrar los límites que queriéndolo o no, el exceso de mistificación provoca en el sistema democrático.

A nadie puede preocuparle que ese joven se muestre intemperante, fanático o consecuente con sus ideas políticas, sino que crea que los antagonismos construidos discursivamente (es decir: que tienen su fundamento en un acto de discurso antes que en otra cosa) representan algo así como “la realidad” y que, por lo tanto, las ideas políticas del Sr. Macri son muy diferentes de las de la Sra. Fernández, lo que hasta ahora no ha sido probado (y allí está la renta financiera no gravada, como un caso testigo de una gemelidad borrada a fuerza de actos de discurso, o la asociación entre YPF y Chevron para proyectos de fracturación hidráulica, sobre los que el Sr. Macri nunca expresó su disgusto).

Todo gobierno que se pretende heroico debe desarrollar una épica, y para eso sirve la construcción discursiva de los antagonismos: digamos “campo” (olor a bosta de vaca), digamos “Clarín” (olor a hegemonía comunicacional), digamos “Macri” (olor a zona norte), y ya está. Poco importa que el campo sea ya otra cosa que la explotación ganadera, que los medios masivos sean ya residuales en un mundo atravesado por las nuevas tecnologías de la información, o que Macri sea apenas el costado más liberal del panperonismo en el que el oficialismo acuna sus peores pesadillas.

Mistificar, en determinados procesos históricos, es una necesidad ineludible (El 18 Brumario de Luis Bonaparte), pero eso no significa que haya una “mistificación buena” (la que ejercen “los buenos”) y una mistificación mala (la de la derecha).

La construcción discursiva de los antagonismos, que es una hipótesis (muy visitada, y muy fértil) de análisis, convertida en normativa y orientadora de la acción política, requiere de una delicadeza de tratamiento que, cuando está ausente, provoca el efecto contrario al deseado: el hastío del votante y la transformación de los comportamientos políticos (como la mano que ese joven le niega a un político antipático) en una nota al pie de un paper académico.

 

viernes, 25 de enero de 2013

ALGÚN RAYO...




Rafael Argullol (España, 1949)

Infamia y destino (fragmento)

"Dentro de poco, si un inesperado sentido de la cordura o de la compasión no lo remedian, morirán decenas de miles de personas. Morirán mujeres, niños, hombres, con la particularidad esencial de que para ninguno de ellos, de acuerdo con su propia naturaleza, había llegado la hora. Su muerte se producirá, según la opinión de algunos médicos que he consultado, de la siguiente manera: los más afortunados sentirán un fogonazo interior, extremadamente violento, que les reducirá con rapidez al silencio; para los menos afortunados el trueno será instantáneo pero el rayo será más lento y terrible. Como estos últimos, en el cálculo de mis informantes, serán la gran mayoría puede ser revelador retener algunos de los estragos causados por ese rayo: quemaduras generalizadas de la piel, destrucción masiva de los tejidos, colapso de las funciones respiratorias, pérdida de las capacidades sensoriales, paulatina paralización de los órganos vitales. Estos términos descriptivos deben ser traducidos al sufrimiento del cuerpo afectado: el dolor neurálgico recorre el organismo como un haz de corriente eléctrica entre sensaciones extremas de frío y calor. Sin morfina u otros calmantes poderosos se hace insoportable. No será todo. Alrededor de los fulminados por el rayo la onda expansiva creará otras oleadas de dolor: mutilaciones, secuelas físicas, angustia, desplazamientos, exilio. Otras decenas -quizá centenas- de miles de personas quedarán a merced de una repentina pesadilla. No será todo: los hijos de todos ellos crecerán en la creencia de que esta pesadilla es la única realidad. Y tampoco eso será todo. Porque nada cuenta tanto como el sufrimiento único, distinto e irrepetible de quienes van a ser alcanzados por el rayo."

domingo, 20 de enero de 2013

UN CUERPO...




José Luis Paneo (España, 1942)

"No hay palabras"

Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo...

martes, 6 de noviembre de 2012

DIARIO DE UN CUERPO...




Fragmentos "Diario de un cuerpo" de D. Pennac.

"Es inútil ocultármelo más tiempo: no deseo a Simone. Y es recíproco. Nuestros cuerpos no concuerdan. Antes o después, esta incompatibilidad física acabará con nuestra complicidad. Nos encontramos ya en la compensación. Este perfecto entendimiento que mostramos y que nos convierte en una pareja tan "pública" nos oculta nuestro fracaso sexual. Es preciso evitar que un niño sufra algún día por ese malentendido.
En la cama, cuanto más sé lo que estoy abrazando menos puedo acomodarme a ello: esta piel seca, esta clavícula aguda, este húmero que se puede sentir inmediatamente detrás del bíceps, ese seno demasiado musculoso, ese vientre duro, ese vello rasposo, esas nalgas nudosas, demasiado pequeñas para mis manos, en resumen, ese cuerpo de deportista que me hace soñar inevitablemente en su contrario. Peor aún, tengo que convocar las quimeras para consumirlo. De lo contrario, flacidez, excusas dudosas, noche taciturna, mal humor por la mañana. Y además, no me gusta su olor. La quiero, pero no puedo ni olerla. En amor, no hay mayor tragedia.

Montaigne dice: el más perfecto olor de una mujer es no tener olor alguno.

Simone y yo tenemos todo lo necesario para entendernos, sólo que nuestros cuerpos no se dicen nada. Concordamos, pero no encajamos. A decir verdad, lo que me atrajo fue menos su cuerpo que su modo de ser: su mirada, sus andares, el tono de su voz, la gracia algo brusca de sus gestos, su lenta elegancia, esa sonrisa carnosa en ese rostro dubitativo, todo eso (que yo consideré su cuerpo) concordando perfectamente con lo que decía, pensaba, leía, callaba...prometía una concordancia total."

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"Nuestros cuerpos...nos pasamos la vida comparando nuestros cuerpos. Pero una vez salidos de la infancia, lo hacemos de modo furtivo, casi vergonzoso. A los quince años, en la playa, evaluaba yo los bíceps y los abdominales de los muchachos de mi edad. A los dieciocho o veinte años, esa protuberancia en el traje de baño. A los treinta, a los cuarenta, los hombres comparan su pelo. A los cincuenta años, la panza. Y ahora, en esas asambleas de viejos cocodrilos que son nuestras autoridades de tutela, la espalda, el andar, el modo de enjuagarse la boca, de lavarse, de ponerse el abrigo, la edad, en suma, simplemente la edad."