jueves, 31 de enero de 2013

AL FINAL...




NEIL GAIMAN (INGLATERRA, 1960)

Un cuento de invierno (fragmento)

"Me molestaba. Cuando era joven... Bueno, sigo siendo joven, pero ya sabéis a qué me refiero...
En fin, hace mucho tiempo, pensaba que tenía el trabajo más duro de toda mi familia.
Al principio estaba bien. Al principio, la vida y la muerte eran cosas nueva, y la gente las hacía con el entusiasmo que aportan las cosas nuevas.
Se alegraban de verme, al principio y al final. Me lo contaban todo. Toda su vida.
Y entonces, tras un tiempo, se hizo más duro.
La única gente que me recibía con alivio lo hacía para escapar de algo malo o intolerable.
El resto solo deseaba que me marchara, como si morir fuera admitir un fracaso.
Eso me entristecía. Ya sabéis. Estaba triste la mayor parte del tiempo. Pensé en abandonar... En dejarlo. Y un día lo hice. Eso fue hace mucho tiempo, y mucho antes de este mundo.
Me negué a seguir haciéndolo. Dejé de quitar vidas. Gente y animales, pájaros y bacterias, peces e ideas. Nada moría.
El caos y el dolor se hicieron malos, y luego empeoraron. Como he dicho, nada moría.
Enviaron a un joven a verme. Hizo un largo camino, y al final terminó encontrándome, y me suplicó. Yo fui a ver lo que había hecho.
Y entonces volví al trabajo. ¿Sabéis? Así de simple. Porque sabía cuál era la alternativa. Y no era agradable.
Entonces algún tiempo después, hubo un momento en el que me hice dura, fría y frágil por dentro. Empezó a afectarme. O sea, la gente se siente satisfecha de haber nacido, como si lo hubieran hecho ellos solos. Pero muchas veces no es así.
Y se enfadan y se sienten dolidos cuando mueren, aunque lo hayan hecho ellos mismos. Y a veces es así.
Y un día una niña pequeña me miró mientras me la llevaba. Estaba gélida, distante y altiva, y me dijo: "¿Te gustaría que te pasara a tí?". Sólo me dijo eso, pero me dolió y me hizo pensar.
Y decidí que cada 100 años, me tomaría un día para vivir, ver si me gustaba y ver si podía aprender algo.
Y tras el primer día que estuve viva, cuando me encontré a mi misma, me di la vuelta y me dije que era una zorra frígida, estirada y sin corazón... Aunque no lo dije de forma tan amable.
Y capté el mensaje.
Veréis, cuando alguien muere, suele estar aturdido, dolido, enfadado o algo peor. Y lo único que necesita es una palabra amable y un rostro amistoso.
Puede que la gente no esté lista para mi don, pero lo recibe de todos modos. Las tierras sin Sol están muy lejos y el viaje es duro. A la mayoría de vosotros os gustará tener la compañía de una amiga.
Al final todos nos quedamos desnudos.
Al final todos nos quedamos solos."

NOCHES BLANCAS...




Desde que volví (hace dos semanas) de mis vacaciones que no duermo de noche. Las primeras veces, apagaba la radio a las dos de la mañana al terminar el programa de Dolina y trataba de conciliar el sueño. Fue imposible. Me dormía recién al amanecer. Esas horas en el medio me resultaban de un enorme fastidio. Con el correr de los días dejé de preocuparme (por no poder dormir, no por las causas generan tal situación), así que decidí vivir (es decir, leer, pensar y escribir) de noche para luego dormir de día.
Hoy seguí de largo. Son las 2 de la tarde y sigo despierto, y -lo juro- no consumí nada (aunque si tuviera a mano no lo dudaría)
Escribí en mi cuaderno varias páginas de la novela que -tarde pero seguro- estoy lentamente dibujando a mano. Y es que en estos tiempos en que sólo se escribe a mano en los exámenes, la letra manuscrita -volcada sobre el papel- se vuelve un ser misterioso y endiablado como el de los dibujos de nuestra tierna infancia.
Después de leer, alternando los ensayos de Fogwill, uno de Sarlo, y los relatos del malogrado Bolaño, escribí hasta que -con las primeras luces del amanecer- sentí hambre.
Mientras comía algo, prendí la tv. Me encuentro con una película de terror. "La casa de cera". Algo había visto de esta película mientras hacía zapping alguna madrugada perdida.
El cine de terror apesta. Sin embargo, es interesante pensar los mecanismos culturales que se articulan en el género. Como por ejemplo, detenerse en los personajes. Está claro que el cine de terror (o por lo menos gran parte de su producción) es uno de los géneros en donde más claramente se ve "cuales son las vidas" por las que hay que asustarse, es decir, cuáles son las vidas que hay que proteger: la de hombres y mujeres jóvenes, lindos, blancos, heterosexuales. Y lo que es más importante: grandes consumidores. Es un género que no admite ningún tipo de densidad psicológica.  Un cine que sólo se propone testimoniar la sociedad que lo engendra, que -en clave de espanto- nos está indicando qué vidas hay que proteger y -cuando mueren- qué vidas son las que representan una pérdida social.
Termina la película y sigo despierto, Son las 7 de la mañana. La hora en que me estuve durmiendo desde hace una semana. Pero hoy no puedo. Me siento muy cansado, pero no duermo. Salgo a la calle, compro el diario (los jueves compro Clarín porque hace años que leo las críticas de cine de ese diario).Vuelvo. Pongo la radio y lo leo hasta las 9. Creo que ese debería ser el promedio de tiempo en una lectura necesaria de un diario: una hora. Salvo los días en que pasan cosas realmente importantes, si tardamos más de una hora en leer el diario -sobre todo Clarín- es que estamos perdiendo el tiempo.
Con página 12 o Perfil acepto un poco más de tiempo por el hecho de que salen muchas columnas de opinión, y algunas de son realmente buenas y hay que leerlas más de una vez para obtener con claridad las dos o tres ideas que se cifran en el texto.
Escucho en la radio una entrevista a un "especialista en marketing" dando consejos a las personas sobre como "venderse" en el mercado laboral.El tipo era una especie de manual de autoayuda, un perfecto estúpido que no paraba de dar "tips" (lugares comunes desde ya) sobre cómo mejorar nuestro "propio producto". Resulta interesante la idea de pensarse a uno mismo como "un producto". Si yo fuera guionista, me permitiría hacer una película de terror en la que el primer asesinado sea este imbécil...de no ser porque -de ponerlo en el lugar de víctima- tal vez no consiga suficientes fuentes de financiamiento para llevar a cabo el proyecto.
Así las cosas, me siento a escribir a las 2 de la tarde, todavía cansado, todavía sin sueño.
Sabiendo que mañana (y no el lunes) tengo que volver a la oficina a poner la misma cara de estúpido que -con toda seguridad- ponen los mismos especialistas en marketing o los héroes de las películas de terror para adolescentes. 



martes, 29 de enero de 2013

APUNTES PARA EL FIN DEL PERIODISMO...

 
 
ENTREVISTA A ESTEBAN SCHMIDT
 
-¿Cómo fue la llegada al periodismo desde la política? ¿Con qué periodismo te encontraste?
 
-Yo pienso que hay una doble pista: una pista que es la de la política, mi interés genuino por los asuntos públicos, y una pista más íntima relacionada con los términos aceptables de alzar la cabeza para ir realizándote como adulto. El cambio entre militar y hacer periodismo fue un cambio encadenado, no un corte sino una imagen fundiendo con la otra. Mientras me mantenía cerca de los asuntos públicos, mejoraba mi jerarquía social, pasando de militante a periodista.
-¿Por qué dejaste de militar?
 
-No resistía más la sociabilidad que se daba dentro de la política. Una cosa totalmente viscosa, mediocre, berreta y el periodismo tenía que ver con lo simbólico, con las palabras, con las representaciones, era más moderno y menos loser. Cuando me encontraba con la gente de la política cotizaba mucho más alto siendo periodista de lo que cotizaba cuando estaba dentro de la política.
-¿Qué época fue? ¿Sos hijo de qué desilusiones?
 
-Los radicales lo que recordamos son las internas. Mi última interna fue en el `91 y ganó De la Rúa. A mí ya no me divertía estar en un partido donde la ilusión era De la Rúa. Vos veías, además, cómo un montón de gente había hecho guita o había podido progresar más que vos patrimonialmente. Entrás en un mundo horrendo que tiene que ver con si tenés la categoría 9 de Congreso, el otro tiene la categoría 7, el otro es Director. Te comparás. Eso acumulado se vuelve una suerte de infierno personal donde mezclás sentimientos como loco, pensás mal la política, la pensás muchas veces con un odio enfermo. En fin, tenía margen, me daba el calendario y podía hacer otra cosa, así que me fui a algo en lo yo también estaba. Yo en el centro de estudiantes de la escuela ya hacía la revistita.
-¿Y no podrías volver? ¿Lo ves como un horizonte posible?
 
-Sí, totalmente, yo pienso todo el tiempo que estoy en la política, nunca creí que estuviera en el periodismo. Pienso que el periodismo es la continuación de la política por otros medios, es otro espacio. Efectivamente mi capacidad de intervención política mejoró enormemente cuando empecé a escribir, algo que no pasaba cuando estaba en el comité de la calle Calasanz, totalmente improductivo, un hecho fatal, agónico. (RISAS)
-¿Qué opinás de las posturas que creen que hay que disociar necesariamente militancia de periodismo?
 
-Que es ideología, eso. Son indisociables la política y el periodismo. El periodismo no existe en sí mismo. Vos tenés la habilidad de ir, mirar, volver y contar lo que pasa del otro lado del río. Sos el narrador, el cronista, el juglar, el periodista, el escritor, el poeta. El que tiene más habilidad para preparar los alimentos con lo que hay dando vuelta será el cocinero. Cualquier otro agregado de profesionalismo liberal es falsear las cosas para engrupir a las masas.
-Vos hiciste la bisagra entre los `80 y los `90, donde en los `80 un político era más prestigioso, todavía se esperaban muchas cosas de los políticos en los `80.
 
-La licuación esa yo la vi bastante rápido, para mí el 2001 tardó como 15 años en llegar. Para mí socialmente el político como bestia negra ya estaba configurado en el `87. Ponele que el paradigma del dirigente radical era una suerte de tipo que estaba el domingo a la mañana lavando el auto en la vereda, eso era un dirigente radical en el 83. En el 87 ya había dejado de serlo porque había cambiado el auto.
-¿Y ahora cómo ves el panorama con respecto a eso?
 
-Yo creo que los políticos son impresentables, creo que se han armado unas elites de personas egoístas y venales. Se podría hacer un país más interesante y justo, es cierto, pero con esta elite creo que vamos por una perpetuación del drama. Algo vivible, finalmente, hoy estamos hasta felices, ¿no?
-¿Cómo es este país?
 
-Es un país injusto, racista, los negros trabajan, el resto no. Fracturado como la concha de su madre.
¿El kirchnerismo no retuerce un poco esta lógica del político como hijo de puta útil? Que a la vez reproduce su desprestigio de feo, sucio y malo porque la sociedad “necesita” que los laureles se los lleve –por ejemplo el “periodismo independiente”.
 
-Me parece que es como la frase de Mao sobre la Revolución Francesa: “Demasiado pronto para opinar”. A lo mejor es demasiado pronto para opinar qué es lo que ha significado el kirchnerismo para este tiempo. La discontinuidad más grande que veo es que ha roto el mito de que vos no podés meterte con los poderes de forma más o menos persistente y duradera. Los términos en que Alfonsín interpeló al poder fue plantarse, decir discursos muy buenos, de gran coraje, pero que no fueron tan consistentes como parece ser esto de Kirchner con Clarín. Hay que decirlo. Aunque Alfonsín fuera mucho más gente que Kirchner. Creo que la Argentina no es un problema que se vaya a resolver ya a esta altura en términos institucionalistas, republicanos, después de lo destruido que ha quedado por los años `90. De lo que se trata es de una administración sabia del caos. Creo que Kirchner es un buen administrador del caos y el próximo político que gobierne la Argentina tendrá que ser alguien que esté en esa liga, con lo cual creo que ahí los nombres realmente se reducen. Tiene que ser alguien que tenga ese bilingüismo jugar la liga nacional de poker con empresarios y líderes extranjeros y al mismo tiempo sepa cómo hablarle a Depetris y a D´Elía. Y tiene que ser alguien que regule muy bien y diariamente un conjunto de amoralidades.
-Volviendo un poco a tu itinerario, ¿Cómo fue el paso en los `90 por Página12?
 
-Yo trabaje en Página 12 tres años: del 96 al 98. Después me fui a la revista de Lanata (21, en aquella época) y duré un año y meses. El periodismo policial que hacían ahí era inaguantable.
-¿Por qué policial?
 
-El periodismo policial consiste en que la agenda del periodista es ver la lista de deudores del Banco Central y pedir el Veraz de cualquier boludo, una cosa monstruosa. Se la pasaban botoneando gente. “El diputado Alessandro cambió el auto”, “nombró al hijo en el Ministerio de Economía”, pero si el chico trabajaba en Coca Cola, lo reventaban también: “el hijo del diputado trabaja en Coca Cola”. Entonces siempre estaba mal. Nunca podían interpretar los hechos.
-¿Página12 estaba dentro de esa lógica?
 
-No, Página era mucho mejor, yo me arrepiento de haberme ido de ahí, no lo pude ver en ese momento. Pasa que se daba una cosa muy cínica en el diario: por un lado una patronal muy inmoral que venía de una cosa dolorosa que tenía que ver con el hecho de que algunos de ellos habían estado presos todo el Proceso y cuando salieron fueron por la venganza total, pero venganza total no era matar a los carceleros sino encarcelar empleados. Entonces donde atendían ellos, en la planta alta, estaba todo hermoso, después la parte de los periodistas una cosa monstruosa, como un pabellón de Caseros, no había jabón en el baño. No entiendo cómo se puede ser de izquierda y no tener jabón en el baño. Se te acumulan 200 de esas, ¿entendés? Me tocó tener de jefa a Cerutti, tal vez muy frívola para encarar noticias, me tocó estar con Tenembaum, muy cínico. Yo también soy un jodido, eh, me gusta la gente ideal, no la que existe. Y eso no va a pasar nunca. Pero tenía todos los días siete mil caracteres en un diario de circulación nacional, podría haber aprovechado más. El diario estaba muy jugado con la Alianza, eso fue incómodo también. Yo sabía bien que esos chocaban la estancia. Conocía a los radicales de memoria y el Frepaso era un hospital de día. Eso yo lo sabía, más o menos lo iba escribiendo. Y ese tema que generó algunos problemas que minaron mi amor al diario. Ellos creían que estaban armando un presidente, que Chacho Alvarez era “su” dirigente político. Y Chacho quería ser el dirigente de Clarín, como finalmente lo fue. Yo ahora disculparía muchas cosas por tener esos 7 mil caracteres diarios. En términos de periodismo no era un periodismo botón, era un periodismo que defendía siempre la interpretación y la valoración de los hechos y Página en ese momento no tenía nada del tinte amarillo de Lanata, era más serio, sin ser más interesante.
-En la última nota de la Rolling Stone, sobre 678, decís que ver de cerca el periodismo es más o menos descubrir cómo se hacen las salchichas, hace difícil que uno después quiera consumir eso.
 
-Lo que vale es la interpretación de cuál es la intervención que hace el periodismo. 678 ayuda como ningún otro programa existente en la televisión a decodificar la basura que durante todo el día produce TN, ponele. Lo mismo con la política si la mirás de cerca ¿no? Si estás en un despacho en el Congreso y escuchás el conjunto de amoralidades y el estado de mangueo permanente que hay sufrís como un perro. Cuando lo ves de cerca te incomoda. El club de la solidaridad tiene que ser un hecho racional y pactado, no tiene que ser una cosa voluntarista y arbitraria, siempre dependiendo de la manipulación.
-La sensación es: vos estuviste en la política y te fuiste harto y diciendo “esto es una mierda”. El periodismo es una mierda. ¿Todo es una mierda?
 
-Yo me dedico a la educación. El 95 por ciento de mis ingresos y buena parte del tiempo mío, me dedico a trabajar con personas que exploran su faceta creadora y expresiva, me dedico a eso y lo hago con gran amor y convicción.
-¿Ahí está “la huella” que querés dejar?
 
-Pienso que sí, aunque no me gusta tanto la cosa megalómana de “la huella”, me gusta la educación pero tampoco me gusta “el maestro, el chaman, el gurú”, trato de que sea una práctica. Cuando uno escribe interviene en los demás y siempre hay un corazón que se va a ver interpelado y al que se le va a dar coraje. A mí me gusta la escritura porque puedo tomar lo que para otros serían riesgos por el simple hecho de que yo vivo de otra cosa y por el hecho de que no tengo mucho que perder, no tengo familia por ahora, entonces si un mes me va mal, comeré arroz con huevo, si un mes me va bien comeré maracujá en todos los desayunos.
-¿Hay esperanza?
 
-Yo pienso que sí, no me parece una conversación “si hay esperanza o no hay esperanza”. Pienso que las personas desempeñamos actividades profesionales, oficios y creo que ellos son variables independientes de los resultados de urna dentro de 40 años para ver cómo nos fue como país. Yo todos los días hago mi trabajo docente con la misma convicción y con la misma neurosis. Cuánto me está gustando o cuánto no me está gustando enseñar, o cuánto me gusta escribir o cuánto no me gusta escribir, muy pocas veces tiene que ver con lo que pasa con el país. No hay relación con si la AFIP está recaudando bien o mal. La vida privada no está todo el tiempo relacionada con la política, aunque sea vea afectada, claro está. Después hay cosas que son detalles: a Hugo Moyano lo reemplaza Pablo Moyano, o sea cuando Hugo muera lo que viene es Pablo Moyano, por el lado de la representación sindical lo que vos tenés es eso, después de D`Elia no sé quién viene… Sector donde mires… Lo que viene después de Lanata es Informe Klipphan. Es tremendo, es duro, si vos lo ves así, es duro. No puedo decir “qué lindo que va a ser”.
-¿Te parece un signo de época que haya un poco más de interés por la cuestión pública? Eso que plantea todo el tiempo 678 sobre la vuelta del debate.
 
-Yo pienso que no, los promedios deben ser iguales que siempre, la población es más grande ahora, entonces hay mucha más gente, muchas más voces y muchos más canales, los blogs, facebook, twitter. Los panelistas de 678 empezaron a debatir ahora, hay miles que lo hacíamos desde mucho antes. No sé qué debate volvió.
Puede ser, pero no era lo mismo debatir en los `90, que era tirarle piedras a un tanque que te iba a aplastar, que ahora cuando empezás a ver que cambian algunas correlaciones… Lo que no significa que aquellos que participan del debate sean los verdaderos sujetos que tuercen esa fuerza.
 
-Puede ser que sí, que eso que decís venga entonces con un toque más de romanticismo en la militancia, que venía más burocratizada en los últimos años. Entonces suena la misma canción, pero suena mejor. Capaz que en las oficinas públicas en vez de estar muerrrtos detrás de la computadora jugando al solitario, puede ser que estén más entusiasmados, haciendo llamaditos, ojalá dure y ojalá sirva para hacer más cosas. Con la cantidad de injusticias que hay en este país, todos los días se puede hacer algo para repararlas. También hay un contexto global, Argentina no está sola, ¿no?, si te toca la mejor dirigencia política con años de crecimiento económico espectacular como fue en la década del ‘80 estás sonado, pero si te toca la peor dirigencia política con tasas chinas estás mucho mejor.
-¿A que le decís Ni A Palos?
 
-Nunca me tiraría en paracaídas.

REQUIEM PARA UN SUEÑO...




"REQUIEM PARA LANATA" (X)

Como Timerman y Botana, Lanata se llevó a los mejores de su generación. E hizo un diario de la puta madre, un diario que valía la pena comprar, el único diario moderno, porque para entonces todos los jefes de redacción de los otros diarios estaban estancados en Rond Point pero de 1972. Página/12 fue, a fines de los '80 y principios de los '90, el diario de un fin de época, la crónica de como todo lo viejo moría para dar paso a lo nuevo. Y Lanata era lo nuevo. Y por eso también lo queríamos. Después vinieron los problemas financieros, la venta -mil veces desmentida y confirmada- del diario a Clarín, y otros quilombos. Lanata había fundado tal vez el mejor diario argentino, pero la guita es la guita, y no era fácil competirle a Clarín a mediados de los '90, cuando facturaba como nunca y tiraba un millón y medio de ejemplares los domingos. Y cuando se pone difícil, el gordo huye.

Huyó hacia adelante y cayó en la televisión. Para los que, como yo, eran muy chicos en 1996, entiendan que lo mejor que había hasta entonces en programas periodísticos eran Grondona y Neustadt (que 10 años antes de morirse ya pedía que no lo dejen solo porque ya sabía que estaba muerto). Y Lanata también revivió al género, juntó a los mejores y se cogió a todos. Lanata fumaba en pantalla como un Don Draper con obesidad mórbida y te contaba a vos, boludo (decía "boludo" en pantalla, increíble), como los políticos eran todos chorros y las empresas eran todas coimeras, pero por culpa de los políticos que se dejaban coimear. Lanata nunca te decía que era culpa tuya, o al menos no directamente, porque conocía bien a su público: la clase media progresista metropolitana ilustrada y culposa que existía a fin de siglo. Lanata te aseguraba a vos, que lo mirabas a él, que eras bueno y el resto unos hijos de puta. Lanata fue el soundtrack punk del fin de la historia para los que crecimos en los '90.
Lanata murió de una profecía autocumplida. Porque de tanto juntarse con La Bersuit para hacer videoclips (ya en su delirio del hybris, creía que podía hacer cualquier cosa) a cantar que se venía el estallido, el estallido se vino nomás. El Gordo lo había anunciado, y se regodeaba en cantar las loas a la razón que había tenido. El caos había llegado, no por culpa de los negros de mierda que odiaban Feinmann y Hadad (que en esa época eran la contracara de Lanata, con igual cantidad de audiencia), sino por los políticos hijos de puta que denunciaba él. Día D, Veintiuno/Ventidos/Veintitrés, el Lanata de 1998 a 2002 fue el mejor Lanata. Pero cuando el apocalipsis que había pronosticado llegó, no le quedó nada por hacer.

Lanata, decíamos, empezó a diversificar: escribió un libro de historia pésimo y muy exitoso, dirigió videoclips, hizo documentales. Abandonó la TV por supuestas presiones del kirchnerismo. Abandonó la gráfica por presuntos problemas financieros. Se volcó a la radio. Pasó a ser columnista de un diario ajeno, algo que para un periodista es como volver a vivir a la casa de tus viejos cuando no podés pagar el duplex. Digamos que estaba un poco perdido. De la edad no se salva nadie.

Pasada la crisis de los 40, Lanata quiso volver a sentirse joven, a sentir la adrenalina de ver un diario propio saliendo de la prensa. Y fundó Crítica, un diario que nunca debió haber nacido en un principio, que pretendía ser popular pero no hablaba de fútbol, que ponía a profesores universitarios a debatir sobre los culos de Tinelli. Un diario que apuntaba a un lector que ya no existía: la clase media progresista, metropolitana y ilustrada, si seguía viva, ya no tenía interés en escucharlo anunciar el apocalipsis; sólo quería comprar un plasma en cuotas para ver los mismos culos sobre los que disertaba Alabarces.

Los post adolescentes palermitanos a los que Crítica les hablaba ya no leían ni compraban diarios, pero entraban a la web y esperaban que al Gordo les vaya bien, de onda, posta, si ellos casi se criaron con él. Y porque escribían todos sus amigos, los mejores -otra vez- de su generación. Que ya no era la generación de Lanata: parte de las tensiones entre el Gordo y sus empleados pueden leerse en los excelentes apuntes sobre el fin del periodismo de Esteban Schmidt. Pero eso ni siquiera era relevante: el diario no existía. Y el Gordo, como siempre, cuando empezó a haber quilombo, se fue.

La muerte le llegó a Lanata cuando no se dio cuenta que la era argentina de la antipolítica (1976-2001) había terminado. Que si bien sigue habiendo un sentimiento contra los políticos muy difundido, son pocos los que odian como él odia, los que piden "que se vayan todos", los que creen que Kirchner y Menem fueron lo mismo. Timerman decía que para ser periodista había que ser parte del poder, había que estar cerca. Y Lanata no pudo, no supo, no quiso, porque construyó su carrera tirando cascotazos al ferrocarril Roca (el diesel que va a La Plata, con parada en Sarandí) desde la vereda de enfrente. Justo él, que quiso ser Botana y Timerman, terminó siendo Carrió y Legrand y ahora vaga como un alma en pena, a la espera de que alguien lo entierre.

(X) del libro de Luis Majul

viernes, 25 de enero de 2013

ALGÚN RAYO...




Rafael Argullol (España, 1949)

Infamia y destino (fragmento)

"Dentro de poco, si un inesperado sentido de la cordura o de la compasión no lo remedian, morirán decenas de miles de personas. Morirán mujeres, niños, hombres, con la particularidad esencial de que para ninguno de ellos, de acuerdo con su propia naturaleza, había llegado la hora. Su muerte se producirá, según la opinión de algunos médicos que he consultado, de la siguiente manera: los más afortunados sentirán un fogonazo interior, extremadamente violento, que les reducirá con rapidez al silencio; para los menos afortunados el trueno será instantáneo pero el rayo será más lento y terrible. Como estos últimos, en el cálculo de mis informantes, serán la gran mayoría puede ser revelador retener algunos de los estragos causados por ese rayo: quemaduras generalizadas de la piel, destrucción masiva de los tejidos, colapso de las funciones respiratorias, pérdida de las capacidades sensoriales, paulatina paralización de los órganos vitales. Estos términos descriptivos deben ser traducidos al sufrimiento del cuerpo afectado: el dolor neurálgico recorre el organismo como un haz de corriente eléctrica entre sensaciones extremas de frío y calor. Sin morfina u otros calmantes poderosos se hace insoportable. No será todo. Alrededor de los fulminados por el rayo la onda expansiva creará otras oleadas de dolor: mutilaciones, secuelas físicas, angustia, desplazamientos, exilio. Otras decenas -quizá centenas- de miles de personas quedarán a merced de una repentina pesadilla. No será todo: los hijos de todos ellos crecerán en la creencia de que esta pesadilla es la única realidad. Y tampoco eso será todo. Porque nada cuenta tanto como el sufrimiento único, distinto e irrepetible de quienes van a ser alcanzados por el rayo."

miércoles, 23 de enero de 2013

NEUROSIS LECTORA...




La neurosis no me abandona ni siquiera en lo que más disfruto: comprar libros. Después de haber leído algunas novelas y ensayos del Feinmann que sabe leer y escribir ("Últimos días de la víctima", "La sangre derramada", "La filosofía y el barro de la historia",  y el primer tomo del libro sobre el  Peronismo), me dije a mí mismo que ya era suficiente de este tipo. Pero no pude con mi genio, y -apenas salió- compre el libro de sus encuentros con Kirchner: "El flaco". En este blog ya di cuenta en su momento  de lo que hice con esa bazofia. Lo prendí fuego.
De Majul jamás tuve la intención de leer absolutamente nada. Me cae muy mal, a pesar de tener -increíblemente- algunas buenas entrevistas...incluso con gente a la que admiro y que nunca aparece en la televisión, como el actor Alejandro Urdapilleta y (que en  paz descanse) el gran escritor Rodolfo Fogwill. Le faltó entrevistar al Indio Solari para haber completo la santísima trinidad de mis tutores artísticos.
Pero Majul, que hasta ahora había hecho libros de "investigación periodística", se pone en contacto con Lanata, y le plantea publicar su biografía.
Lanata...qué decir del gordo? Empecé a ver Día D por mi vieja. Siempre nos peleábamos por el control de la tele. A fines de los noventa yo estaba en el secundario, la política me parecía algo asqueroso y los domingos a la noche sólo quería ver Fútbol de Primera. Ella quería ver al tipo que denunciaba la corruptela del menemato. Al final terminamos pactando. Mirábamos un rato cada uno. Al principio miraba con fastidio el "rato suyo". Después comencé a mirar, casi en trance hipnótico, a ese tipo que fumaba todo el tiempo mientras hacía sus editoriales mirando a la cámara.
Nunca había sentido -y nunca más sentí- que ese tipo me estaba hablando directamente a mí. Es algo muy loco sentir eso. Es una sensación increíblemente poderosa. Me dejé seducir por sus editoriales, al punto que -cuando mi mamá me recordaba que "era mi turno" para cambiar de canal- yo le decía que "todavía no dan los goles que me interesan".
Después leí sus libros de historia. Y lloré -literalmente lloré- viendo su documental "Deuda". Algunas veces se me había piantado un lagrimón con alguna película o con algún hecho dramático de la realidad, pero nunca me pasó viendo a un tipo hablar por televisión.
Resumiendo: no pude evitar comprar la biografía del tipo que me hizo llorar. Porque las lágrimas - las carcajadas también- dejan marcas...nos encadenan al que nos genera semejantes convulsiones en el alma.
El presente es otro -el mío y el de Lanata- pero algo queda. Es ese registro de una emoción pasada la que me convoca a la caja en la librería y me hace comprar el libro. A pesar de Majul y a pesar -claro- del propio Lanata.
Voy por el cuarto capítulo. La lectura es grata, lo cual no es poco. Y el libro sigue seco.








domingo, 20 de enero de 2013

UN CUERPO...




José Luis Paneo (España, 1942)

"No hay palabras"

Tocas un cuerpo, sientes su repetido temblor
bajo tus dedos, el cálido transcurrir de la sangre.
Recorres la estremecida tibieza,
sus corporales sombras, su desvelado resplandor.
No hay palabras. Tocas un cuerpo; un mundo
llena ahora tus manos, empuja su destino.
A través de tu pecho el tiempo pasa,
golpea como un látigo junto a tus labios.
Las horas, un instante se detienen
y arrancas tu pequeña porción de eternidad.
Fueron antes los nombres y las fechas,
la historia clara, lúcida, de dos rostros distantes.
Después, lo que llamas amor, quizá se torne forzada promesa,
levantado muro pretendiendo encerrar,
aquello que únicamente en libertad puede ganarse.
No importa, ahora no importa.
Tocas un cuerpo, en él te hundes,
palpas la vida, real, común. No estás ya solo...