martes, 28 de febrero de 2017

LA AMISTAD COMO DRAMA OCULTO...


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EMILCE CIORAN ("Del inconveniente de haber nacido")

Si en vez de expandiros y de provocaros un estado de euforia enérgica, vuestros infortunios os deprimen y os amargan, sabed que no tenéis vocación espiritual.
Estamos tan habituados a vivir a la expectativa, a apostar por el futuro, o por un simulacro de futuro, que sólo hemos concebido la idea de inmortalidad por necesidad de esperar durante la eternidad.
Toda amistad es un drama oculto, una serie de heridas sutiles.
Lutero muerto, cuadro de Lucas Fortnagel. Expresión aterradora, agresiva, plebeya, de una sublimidad porcina… Traduce bien los rasgos de aquel a quien no sabríamos alabar bastante por haber dicho: «Los sueños son engañosos; cagarse en la cama, eso es lo verdadero».
Cuanto más se vive, menos útil parece el haber vivido.
Esas noches de mis veinte años en que pasaba horas con la frente pegada a los cristales mirando la oscuridad…
Ningún autócrata ha dispuesto nunca de un poder comparable al que tiene un pobre diablo que piensa en matarse.
Aprender a no dejar huellas es una guerra de cada instante que libramos contra nosotros mismos con el único fin de demostrarnos que, si nos empeñásemos, podríamos llegar a sabios…
Existir es un estado tan inconcebible como su contrario, ¿qué digo?, más inconcebible aún.
En la Antigüedad, los «libros» eran tan costosos que no se podían acumular a menos de ser rey, tirano o… Aristóteles, el primero en poseer una biblioteca digna de ese nombre.
Un cargo más en el expediente de ese filósofo tan funesto ya en tantos sentidos.
Si me apegara a mis convicciones más íntimas, dejaría de manifestarme, de reaccionar de cualquier manera. Ahora bien, todavía soy capaz de sensaciones. 
"

EL FRIO DEL MAR...


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"En las bajas temperaturas" Por Fabian Casas para Perfil

Hace poco vi una película que me impresionó. Trabajaba Ben Affleck haciendo de Batman y narraba una pelea entre Batman y Superman. El film era algo que superaba el bodrio, de alguna manera, tal vez nos estaba hablando, involuntariamente, de que la vida no tiene ningún sentido. Hace poco vi otra película donde actúa otro Affleck, Cassey. La película se llama Manchester junto al mar y si uno está pasando un mal momento en la vida, un momento muy duro, yo aconsejo verla pero para ingerirla como se hace con los medicamentos  homeopáticos. Es decir, agregar dolor para curar el dolor. Cassey Affleck tiene una actuación extraordinaria. Tengo para mí que las películas que no soportan el spoiler son malas. Si una película es buena, no se debilita nunca porque se sepa quién es el asesino. Affleck, cuando empieza la película, trabaja en Boston como portero. Es un tipo duro que esconde en sus gestos una tragedia. Boston está congelado. El palea la nieve. Le avisan que en Manchester muere su hermano y que éste dejó en su testamento que él debe ser el tutor de su sobrino adolescente. Como en Manchester también hace mucho frío, no pueden enterrar a su hermano y éste queda un tiempo largo, hasta la primavera, en la morgue congelándose. Todos se congelan en esta película. Lee, el personaje de Affleck, tiene los sentimientos congelados, el hijo del hermano se muere de frío porque tiene ropa inadecuada. La película utiliza flashbacks para mostrar  la vida anterior a las muertes, la otra cara del portero taciturno de Boston. Ahí vemos que Lee era un tipo divertido, al que le gustaba pescar con su sobrino y su hermano, que disfrutaba de la vida en familia junto a su mujer y sus tres hijos. Y que un día, por una negligencia, deja la chimenea prendida y se va a comprar cerveza. Cuando vuelve la casa está en llamas, sus hijos carbonizados y su mujer, salvada de casualidad, con un ataque de nervios. La película podría haber caído en ese tipo de redención estereotipada donde el tío se hace cargo del sobrino y recupera la vida. Pero Lee dice: “No puedo superarlo”. Sobre el final, en una escena memorable, su ex mujer que pudo reconstruir su vida y lleva un bebé en un carrito, se lo cruza y le dice: “Perdón por haberte dicho cosas horribles. Tenía el corazón partido. Vos también tenés el corazón partido. Te amo”. El alma humana, parece decir Kenneth Lonnergan, el director, es insondable como ciertas zonas profundas del mar. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

LAS PALABRAS Y LOS TIEMPOS...


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"Tiempos que se agotan" Por Eduardo Aliverti para Pàgina 12
Días de clima enrarecido. Show de escuchas ilegales, creíbles o de jugarretas infantiles. Carpetazos de esa entidad autonómica que son los servicios de inteligencia. Y otro servicio también permanente, que es el de que toda esa basura sirva como cortina de humo para tapar un andar de la economía entre helado, angustiante y amenazador. Más un marzo con el ceño fruncido, para empezar, porque podrá no haber un aglutinador de la protesta pero sí una tradición de pelea que no le permite descansar tranquila a la comunión gobernante. 
 Uno de los graves problemas de la política argentina es la ausencia absoluta de grandes fuerzas rectoras a nivel nacional. No hay referencias ni referentes macizos. No hay quienes marquen con solidez un rumbo ideológico de sentido abarcador, que por otra parte no parece ser el interés de la mayoría social. Ese grueso parece centralmente interesado en la resolución operativa, a como sea, de una conflictividad cotidiana siempre caracterizada -con sus más y sus menos- por elementos inalterados que van y vuelven sucesivamente según fueren las realidades y percepciones momentáneas y las amplificaciones o manipulaciones mediáticas: inflación, seguridad, empleo, educación (entiéndase conflictividad gremial educativa), corrupción estatal y otros pocos etcéteras. La desaparición del duopolio peronista-radical -que, a grandes rasgos y desde el recupero democrático, expresaba la tensión entre aspiraciones de justicia social y prolijidad republicana- no fue reemplazada por guía alguna de sentido globalmente orientador. Raúl Alfonsín, finalmente derrotado por el entonces incipiente neoliberalismo, fue el significante del retorno a las libertades civiles y la época, sus capacidades o lo que se quiera no le bastaron para su épica de unión nacional y tercer movimiento histórico. El menemato sinceró la cooptación del peronismo por derecha, pero dentro de un esquema tradicional que no sacó los pies del plato PJ. La implosión de su modelo económico entreguista dio paso a un engendro de viudas neopartidario, la Alianza, que sólo cuestionaba los trazos abyectos de la experiencia vivida, como si la corrupción no hubiera sido estructuralmente funcional al sistema. Acabó en una de las instancias más trágicas del país y sobrevino la anomalía kirchnerista, completamente inesperada, que acomodó los tantos hacia izquierda a través de la apuesta al mercado interno, la redistribución del ingreso y gestos muy fuertes de recuperación simbólica contra la oligarquía diversificada. Sin embargo, y sobre todo bajo la influencia de Kirchner aunque también en la mayor parte de los dos mandatos de Cristina, el peronismo se cuadró. A más de sus características fuertemente verticalistas, que reconocen jefatura única y totalizadora, fue así porque él representó la salida exclusiva del infierno y ella una continuidad ratificada en las urnas con un porcentaje demoledor. 
 Los errores de cálculo político y conducción, sumados a la contraofensiva descomunal de las corporaciones económicas desde su brazo mediático, derrotaron a la anomalía. Lo objetivable es que una coalición de derechas partidariamente inorgánica agregó al poder su gobierno formal, por primera vez de manera legítima, pero sin que eso signifique un liderazgo de dirección monolítica ni muchísimo menos. Las fracciones de la gran burguesía que en ella se expresan –complejo agroexportador, sector financiero, tribus industriales– redundan sin ir más lejos en que está clara la existencia de un modelo de ricos pero no de un plan armónico. Son históricamente una clase rapiñera, sin siquiera visos de culposidad socialdemócrata, y toman nota de que Macri es bien antes un emergente mediático que un cuadro conductivo de sus intereses. De hecho, en las cofradías del gran empresariado no consigue ser Mauricio. Nunca. Es el hijo de Franco. Más luego, el peronismo ya no es más que una liga de provechos o desventuras territoriales –hablamos de su carencia como unificador de expectativas, no de la mística que aún podría suponer su mención– y los radicales son una raza clasemediera extinguida, sujeta a retener intendencias  de ciudades bonaerenses, mendigar ministerios, no tener un sola opinión armónica respecto de nada, ocupar cual kelpers listas electorales y sucumbir frente a los serviciales aportes de la doctora Carrió, quien hace rato se fue del otrora partido pero continúa simbolizando al gorilismo que supo mantenerlo, digamos, testimonialmente despierto. Es en este dibujo desperdigado por donde se cuela no la capacidad aunque sí el oportunismo de la coalición conservadora para mantener, en la subjetividad masiva, ciertas esperanzas de destino mejorado. Pareciera –sólo eso– a estar por los márgenes de aceptación o resignación “positiva” mostrados por las encuestas, que al Gobierno no terminan de entrarle las balas no ya de su gestión económica desastrosa si es por los parámetros de satisfacción de las mayorías, tomado todo índice de actividad laboral, industrial, consumo, situación de las pymes. Tampoco le harían mella las evidencias de que su mentado republicanismo fue y es una estafa. El affaire de los Panamá Papers, la detención escandalosa de Milagro Sala, las imágenes de represión contra luchadores sociales, la violación de la ley en la Paritaria Nacional Docente, el discurso facho contra los inmigrantes, tanto más y ahora la impudicia del perdón fiscal al Grupo Macri por la deuda cuando administró el Correo, remiten a una de dos: a “la gente” no le importa –o lo secundariza– porque al fin y al cabo es la mierda habitual de la política, o está combustionando una reacción que el verano disimula y que en o desde marzo, vistos los dientes que empiezan a exhibirse en el campo gremial, se presentará de alguna manera. En una u otra hipótesis, la pregunta es quiénes canalizarían decepción, descontento o viabilidad alternativa.
El único actor político de minoría intensa, que además crece o se consolida en todos los relevamientos electorales, oficialistas u opositores, publicados o reservados, se llama Cristina Fernández. Con eje obvio en territorio bonaerense, la madre de todas las batallas o como desee llamárselo. No por nada se desata contra ella un ataque mediático-judicial despiadado, respecto del que ya no importaría qué puede ser veraz, qué verosímil, qué nimio, qué un invento bizarro. Lo seguro es que no la socavan por ningún otro interés que no sea asentar una idea de corrupción generalizada durante su gobierno, como humo necesarísimo para ocultar un andamiaje actual que, en todo caso igual o peor de corrupto, agrega el ajuste contra los más postergados y contra la propia clase media que nutrió el voto a Macri. Atrapados por esa lógica, el kirchnerismo y la propia Cristina ejercen su defensa denunciando la perfidia del hostigamiento judicial y de prensa, como en el ítem de las escuchas telefónicas que más se asemejan a una versión devaluada del Súper Agente 86 sin perjuicio de su gravedad institucional. O advirtiendo la obviedad de que esa arremetida es un producto distractivo, para esconder el antipueblo de un modelo feroz. Nadie podría negar que es una reacción lógica, azuzada por un momento con mucho más de resistencia que de contragolpe ofensivo. Pero, enmarcado en aquel diagrama político donde ninguna fuerza ni figura tiene proyección sintetizadora, nadie ofrece garantías respecto de alguna desobediencia o propuesta superadoras de esta mediocridad de derechas: Cristina si resolviera ser candidata, el o los candidatos que ella determine o acompañe, o aquellos que enuncien las mejores intenciones de retomar el populismo progre, deben hacerlo superando la recurrente cita de un pasado reciente que se fue. No alcanza eso para construir una nueva subjetividad. La teta de la herencia recibida le da leche al gorilaje, lo cual no cambiará nunca, pero también a los fluctuantes eternos que sucumben a los cantos de sirena. Quienes se dispongan, Cristina incluida, a reedificar un ofrecimiento de poder real, deberán trazar programas e ideas concretos de recuperación. Supondría tragarse sapos varios para abrir la mano (como siempre en la política de todo tiempo y lugar, vamos); tejer alianzas poco simpáticas; esquivar resentimientos personales y de sector. Pero, esencialmente, hacerlo desde convicciones propositivas. Qué con los resortes de la economía, qué con el tipo de cambio, qué con el crédito, qué con el poder adquisitivo, aun cuando sobrevengan, “apenas”, elecciones de medio término. Ampararse en soledad tras lo bueno que hubo no sirve. La historia comprobada demostró que las expectativas populares incluyeron la apuesta por saltar al vacío, en la confianza de que había una parte ya llena y sin retorno. Como fuere, no se reconstruye guareciéndose en la melancolía. Parecería que lo kirchnerista, como expresión de lo más a la izquierda que tolera esta sociedad, no tiene otro argumento que un/su detrás superior al presente. Así no se agranda el arco y es lo que las últimas elecciones testificaron. El macrismo mintió para adelante, pero el kirchnerismo se refugió en que bastaba con el atrás asentado. Esa retaguardia retórica es válida -vaya si lo es, de sólo pensar en 2001- pero la ansiedad o expectación populares se cimentan evidentemente de otra forma. Cristina es norte alegórico, determinación, coraje. Pero para franjas amplias también es cepo, autoritarismo, López, fortunas mal habidas. Una inclinación a aceptar las críticas y los yerros, un accionar que no consista únicamente en el denuncismo de las mafias corporativas, mediáticas, judiciales, quizá sirviera para reconstituir un liderazgo ampliado. 
 Al menos por ahora, a la derecha gobernante le va mejor con un contrincante apenas atento a defenderse. Ese tiempo se agota, por ser un tanto exagerados. Para unos y para otros.

domingo, 12 de febrero de 2017

¿REIVINDICACIONES?


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En lo personal, encuentro diferencias entre el "ni una menos" y esta última manifestación Y teniendo en cuenta lo multitudinaria de la primera y lo minoritaria de la segunda, al parecer muchas mujeres también encontraron diferencias..
En la primera hay una lucha por reivindicaciones absolutamente válida. En la segunda no termino de ver cual es la reivindicación que se busca conseguir. "El derecho sobre nuestro cuerpo" escucho. Y ese reclamo va dirigido a los hombres, claro. Pero si justamente no veo una reivindicación de genero es porque, a diferencia de los femicidios, los acosos callejeros y demás violencias que sufren las mujeres en tanto que mujeres, acá el hombre también aplica una censura sobre otros hombres: tampoco podemos exhibirnos sin tener que afrontar consecuencias por ello. Si deberíamos hablar de algún tipo de reivindicación (algo que me genera dudas...aunque seria interesante pensar que pasa con el deseo si podemos salir desnudos a la calle), no es una reivindicación de genero, sino de especie.
¿Cómo funciona el deseo? Basta pensar en el trabajo de los/las stripers: la desnudez queda diferida; no es inmediata. Eso ayuda a su circulación. Porque parece ser que el deseo funciona igual, sin importar que uno estè en una despedida de soltero, en la oficina, o caminando por la calle.

lunes, 30 de enero de 2017

EL PELO DEL MEDIO...

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"La historia que aquí se narra  es la de todos los que habitan el suelo argentino, independientemente de su condición social. Porque se trata no sòlo de la clase media, sino de una identidad que se confunde con la nación toda. Argentina ha aprendido a pensarse como un país "de clase media" y, por ello, diferente de otros países latinoamericanos."

"Cualquiera sea la explicación del fracaso nacional que uno elija, el papel de la clase media como hacedora del progreso en la época de la gran inmigración rara vez es cuestionado. Las "culpas" se buscan por arriba -en la oligarquía ganadera, en la burguesía industrial, o en el "imperialismo" - o por debajo- el movimiento popular peronista, o las dificultades de la clase obrera para asumir su papel histórico- pero rara vez se mira "entre medio". De hecho, resulta sintomático que, entre los cientos de libros de historia publicados en nuestro país, no hay hasta hoy ni siquiera uno que se ocupe de la clase media (aunque sì hay decenas que tratan sobre los obreros, los empresarios, los ganaderos, etc). En efecto, èsta es la primera historia de la clase media argentina. La tardanza es tanto màs curiosa si uno considera la importancia que se asigna a esa clase como protagonista de la historia nacional."

"¿Qué es la clase media y desde cuándo existe una en Argentina? La respuesta a estas preguntas es màs complicada de lo que parece. La expresión "clase media", a diferencia de otras que usamos para designar a grupos sociales, no refiere a ninguna otra cosa directamente observable. Si alguien dice "clase obrera" o "clase empresaria", sabemos que se està refiriendo a grupos de personas que trabajan como obreros o se desempeñan como empresarios. Alguien podría discutir que entre cada grupo formen una "clase", pero es indudable que los obreros y los empresarios están allí, podemos verlos y  tocarlos. Pero si alguien dice "clase media" las cosas son màs complicadas. Podemos ver y tocar a médicos, docentes, comerciantes o empleados, pero no es en sì mismo evidente que estén "en el medio". 

"Lo que llamamos "sociedad" no tiene volumen o extensión; se trata simplemente de un conjunto de relaciones entre las personas. No se puede "ver" el medio de una sociedad, porque no tiene ninguno."

La pregunta adecuada, entonces, no es "qué es la clase media", sino cuándo y porqué determinados grupos de personas adquieren esa identidad y no otra.

En los países donde surgió por primera vez la expresión "clase media", fue introducida por sectores de la élite que sentían sus privilegios amenazados por la ola revolucionaria. Concibieron entonces el proyecto de dividir a la masa revolucionaria ganándose al apoyo  de una parte del pueblo, para debilitar asì su poder. A esta parte comenzaron a llamarla "clase media", como para incitar un sentido de orgullo social que la "despegara" del resto de la masa popular "baja". Esperaban que adoptara esa nueva identidad  y, con ella, un programa político màs "moderado" que el que propiciaban los representantes del pueblo llano."

"¿Cuàndo comenzó a hablarse de una "clase media" en Argentina; quiénes y con qué objetivo fueron los primeros en hacerlo? ¿Cuàndo encarnò en una identidad social extendida y què sectores fueron los que la adoptaron? ¿Porquè en Argentina, a diferencia de otros casos, la identidad de la clase media se confundiò con la de la naciòn misma? ¿Còmo afectò esta identidad sobre la polìtica nacional? ¿Porquè existe hoy tanta gente que se siente "de clase media" aunque ni su ocupaciòn ni su nivel de ingresos  los respalde "objetivamente"?

EZEQUIEL ADAMOVSKY ("HISTORIA DE LA CLASE MEDIA ARGENTINA", INTRODUCCIÒN)

domingo, 29 de enero de 2017

DIARIO DE UN DESEO

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"No estoy seguro de cuàl fue exactamente el origen, el impulso inicial que me llevò a intentar escribir la novela luminosa, aunque el principio del primer capìtulo dice expresamente que este impulso procede de una imagen obsesiva, y la imagen es suficientemente explicita como para que el lector pueda creer en esa declaraciòn inicial. Yo mismo deberìa creerla sin ningun tipo de vacilaciones, pues recuerdo muy bien tanto la imagen como su condiciòn de obsesiva, o al menos de recurrente durante un lapso lo bastante prolongado como para que hubiera sugerido la idea de obsesión"

" El impulso inicial fue dado por una conversaciòn con un amigo.Yo habìa narrado a este amigo una experiencia personal que para mì habìa sido de gran trascendencia, y le explicaba lo dificil que me resultarìa hacer con ella un relato. De acuerdo con mi teorìa, ciertas experiencias extraordinarias no pueden ser narradas sin que se desnaturalicen; es imposible llevarlas al papel"

"De inmediato me di cuenta de que serà una novela, quiera o no quiera, porque una novela, actualmente, es casi cualquier cosa que se ponga entre tapa y contratapa."

" Es posible que la muerte asuste porque se la percibe como un nuevo nacimiento, y ante la idea de un nuevo nacimiento uno se agarra la cabeza y exclama "oh, no! otra vez no!. Esto no quiere decir que tenga grandes quejas contra la vida; al contrario. Solo lamento haber estado siempre tan angustiado por el temor a lo imprevisto, a lo desconocido, todo el tiempo, incluso en momentos en que no hay mayores motivos para pensar en alguna irrupciòn desagradable."

"Leìa los cuestionarios y mientras los iba formulando mentalmente las respuestas. Las preguntas abarcaban multitud de aspectos personales y referìan  a la historia personal desde el nacimiento a la fecha. Cada una tenìa un espacio limitado para responder, y sn embargo cada una merecìa una respuesta casi infinita, o por lo menos uno o màs tomos y no de los delgaditos. Por ejemplo: la pareja y sus problemas. ¿Cuàl pareja? ¿Todas?
Describa usted en cinco lìneas sus problemas con todas las parejas que haya tenido. Tambièn se preguntaba sobre cuestiones laborales: còmo me llevo con mis patrones, con mis subordinados, etc. ¿Patrones? ¿Y subordinados? Dios no lo permita. O sea que ya vi còmo venìa la cosa: terapia para albañiles, oficinistas y ejecutivos. Si usted no encaja en alguna de estas categorìas es porque està loco.  Algo no anda bien con usted si usted es una persona libre. "

"Tendrìa que acostumbrar a mis visitas a reuniones con otra gente. Aunque creo que yo mismo no me acostumbrarìa. Si somos tres, y no dos, se pierde toda profundidad. Es lògico. Y allì donde no hay profundidad me siento incòmodo. Salvo con Chl, quien la mayorìa de las veces produce una charla trivial. Lo hace deliberadamente, porque opina que no se debe ser tan profundo todo el tiempo, que no hace bien. Tiene razòn. Entonces me habla de trivialidades y yo la escucho atentamente, con fascinado, porque ella me gusta mucho, haga lo que haga y diga lo que diga. Y tambièn me pongo a hablar de cosas triviales y, efectivamente, es un descanso.Claro que despuès debo meterme con algùn programa complicado en la computadora, porque mi mente tambalea si no està metida en algo complicado. La mente es como una dentadura que necesita masticar todo el tiempo."

"LA NOVELA LUMINOSA" (MARIO LEVRERO)

sábado, 14 de enero de 2017

LA VOZ Y LAS VOCES...



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"El diablo metiò la cola" Por Daniel Link para Perfil

Después de escuchar el discurso de Meryl Streep, mira una y otra vez el video de Donald Trump imitando a un entrevistador adverso y piensa que el presidente electo tiene razón: la máxima autoridad política del mundo no se está burlando de un discapacitado. Aunque el periodista no hubiera sido discapacitado, él lo hubiera mimado del mismo modo. Por ejemplo, si hubiera sido homosexual, si hablara mal el inglés o si fuera una mujer o se identificara con una minoría racial (el republicano hispano Ted Cruz fue objeto de la misma burla).
La astucia de Meryl Streep consistió en encontrar el momento justo en que la relación de poder se revela en toda su violencia. El poder es un tipo específico de relaciones de fuerzas que han sido institucionalizado, cristalizado e inmovilizado para beneficio de algunos y perjuicio de otros. Donald Trump podría haber sido más políticamente correcto, pero de todos modos la relación de poder en la que se coloca implica el perjuicio de muchos “otros”, tantos que, precisamente por eso mismo, encontrar el momento justo en que la relación de poder se vuelve intolerable es casi como buscar una aguja en un pajar.
Hay que ser perspicaz, hay que ser capaz de ver lo evidente (Viola Davis subrayó esa capacidad de Meryl Streep) para desbaratar una relación de poder o, al menos, denunciarla en toda su iniquidad. El momento elegido es paradigmático porque es incontestable: usted está burlándose de una persona ejerciendo una violencia que aniquila al otro como tal (sea éste un discapacitado, una mujer, una minoría racial, un disidente sexual o un migrante: outsiders, dijo Meryl Streep, lo que se llama queer); usted es hablado por “ese instinto para humillar que le da permiso a otras personas a hacer lo mismo. La falta de respeto invita a la falta de respeto, la violencia invita a la violencia”.
Pero el discurso mismo de Meryl Streep dice otra cosa. No dice sólo que el ejercicio violento del poder invita a la violencia social (lo que es cierto y, a esta altura del partido, probablemente inevitable). Dice, además, que donde hay poder hay resistencia y que la resistencia llama a la solidaridad.
Por supuesto, ni Hollywood es la sede de la revolución ni Meryl Streep es Rosa Luxemburgo, pero como lo que adviene tiene la forma de una guerra civil difusa, sus palabras se leyeron estratégicamente como la marcación una línea divisoria y una demanda de solidaridad.
Trump se sintió obligado a contestar, y las palabras que usó, una vez más, subrayaron lo evidente: en su twitter puso a la actriz en el lugar de “Hillary flunky”, una relación de servidumbre y desigualdad (“lacayo”) que constituye la base de su imaginación de las relaciones sociales y políticas. A Hillary Clinton nunca la llamó lacaya de Wall Street (en todo caso “crooked”, torcida, deshonesta) porque ambos forman parte del mismo círculo.
De todos modos, al responder a un lacayo, el lugar de soberanía desde el cual se mima burlonamente cualquier comportamiento que se aparte de la imaginación regia queda minado, como si se tratara de un lugar ocupado por el muñeco de un ventrílocuo cuya gracia está en decir precisamente aquello que el ventrílocuo nunca diría.
¿Por qué contestarle a Meryl Streep? ¿Por qué incitar a quienes no hubieron visto su show de ventriloquía a hacerlo y a compartir con Maryl Streep la sensación de corazón deshecho y congelado? ¿Sobrevalorada, Meryl Streep? ¿Acaso no interpeló al poder y lo obligó a contestarle? ¿Y acaso el poder no le contestó en términos tales que subrayó la línea divisoria?: Ustedes, los lacayos, están allí para que podamos insultarlos y burlarnos de ustedes, ¿qué les resulta escandaloso en esa relación de poder en la que están involucrados?
Lo que subrayó Meryl Streep es que el poder ejercido con violenta desinhibición es, a la vez que mímesis de la desinhibición social (finalmente, a través de Trump hablan sus votantes) sino la apología de la violencia (como lo son los deportes y las artes marciales).

Contra eso, la advertencia de que la violencia genera violencia, deberá entenderse también como una llamada a la profundización de los vínculos solidarios.