martes, 10 de febrero de 2026

10 AÑOS...MADRE

 


En estos días se cumplieron diez años de la partida de mamá. Cuando vuelvo atrás en el tiempo, advierto una paradoja: muchas veces, antes del día en que se descompensó en su casa, me había representado esa misma escena: que yo estaba en su casa, que ella perdía el conocimiento, que la ambulancia tardaba mucho,  que la desesperación me nublaba y que no sabía qué hacer. Una especie de pesadilla lúcida que, cada tanto, y sin motivo aparente, fue irrumpiendo en mi mente a lo largo de mi vida. Y un día la pesadilla fue real, como pasaba en las películas de Freddy.  Y el hecho de haberme representado esa situación en forma previa -y en reiteradas ocasiones- no sirvió de nada: pura impotencia. Lo peor no solo pasa cuando menos lo esperamos; por lo que los pensamientos anticipatorios no sirven como conjuro contra la desgracia.

A los pocos días de su muerte escribí un texto largo. En esos tiempos iba a un bar  en el Abasto en el que, los domingos por la noche, se realizaba un festival de poesía. Recuerdo, el domingo siguiente a la muerte de mamá, haber ido con un amigo a ese bar y que mi prima -una de las coordinadoras del ciclo- leyó para todos los presentes ese texto que yo había escrito. Hubo muchos aplausos y eso fue, para mí, el principio del fin del dolor y la apertura a una sensación de alivio intenso: " te vas aplaudida", pensé.

La sensación de alivio se profundizó en los días siguientes, por varias razones; por un lado ella disfrutó mucho  sus últimos años: de sus amigas, de sus viajes, de su reencuentro con sus ex-compañeras de colegio, de su nieto; por otro lado, y de esto me di cuenta después, se me hubiera hecho muy difícil verla envejecer. 

Diez años pasaron. No sé para ustedes, pero para mí pasaron grandes cosas en estos diez años, y espero otras tantas para los próximos diez.

Algo más, no menor. Una de las canciones más conmovedoras de Pearl Jam se llama "Release" ("Liberación"). La letra, en una parte, dice: "yo voy a esperar en la oscuridad a que vos me hables". Desde mi adolescencia que soy fanático de Pearl Jam, pero especialmente de esa canción, y más específicamente de esa parte de la letra, y tardé muchos años en darme cuenta la razón. Hasta que un día tuve una epifanía: entendí. Conecté las partes, y todo se iluminó. Y el acto de entender fue muy poderoso, como las pocas veces que, de verdad, uno entiende algo.

En mi infancia la pasé muy mal en varios de mis cumpleaños ("olor a hogar te puede ahogar", dice la letra de otra canción). En las reuniones se me generaba una angustia muy fuerte y me terminaba yendo a mi habitación, a refugiarme de los adultos, escondido debajo de la cama, en la oscuridad. Era mi mamá la que me venía a buscar, para hablarme y convencerme de que todo iba a estar bien, de que podía volver otra vez al mundo de los adultos.

Le agradezco, entonces (y el agradecimiento es también de las sensaciones más fuertes que se puedan experimentar), que me haya ayudado a cruzar el umbral, que me haya facilitado que hoy pueda estar, a plena luz del día, queriendo y sufriendo a los adultos que me rodean.

Y agradecida está la banda que hilvanó nuestras vidas, y que hoy le dedicamos esta canción...

pd: viste mamá que al final no perdía el tiempo en los bares?


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