jueves, 27 de febrero de 2020

LA VIDA DE LOS OTROS...

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"Mientras jueces, fiscales y abogados realizan su tarea, una pregunta desbordó en gran parte de la sociedad: ¿por qué lo mataron? Este interrogante, que busca razones inmediatas y mediatas, parece impacientar a muchos, tal vez porque carecer de causas desquicia la coherencia que deseamos encontrar en el mundo que nos rodea.
En lo que podríamos caracterizar como un extremo del espíritu conjetural, se ha llegado a afirmar que “todos somos culpables”, que seríamos una sociedad que debe hacerse cargo de haber engendrado tamaños monstruos, por ejemplo, por no cuidar ni entender las necesidades de los adolescentes. Estas afirmaciones, desde ya, carecen de toda utilidad práctica, sea para los agentes de la Justicia, sea para terapeutas y afines. No tienen, se dirá, valor heurístico alguno. Me digo, además, que si se acude a estas argumentaciones ¿masoquistas? de autoculpabilización colectiva cuando se trata de una ocasión dolorosa, también podríamos arrogarnos el orgullo de ser todos autores de las obras de Jorge Luis Borges o de Eduardo Galeano. De inmediato, recuerdo que Freud rechazó utilizar su teoría sobre el Complejo de Edipo para explicar un asesinato, pues la ubicuidad de aquel proceso inutilizaba su poder explicativo.
Si la violencia es constitutiva de la humanidad, si tal como dijo Freud no hay desarraigo posible de la agresividad, debemos reconocer que en esa suerte de combinación entre horror, sorpresa y fascinación en que quedamos cada vez que retorna la violencia, hay algo de ingenuidad que no candorosa.
Se comprende, entonces, que habría algún desacierto en el interrogante sobre el por qué de la violencia, cuyo riesgo es tratar el problema como si nos fuera ajeno.
El psicoanálisis, de hecho, postula el primigenio dominio de la pulsión de muerte en la vida de cada quien, hipótesis que, por lo tanto, conduce no tanto a plantearse la pregunta por la causa de la violencia sino sobre aquello que le hace de freno.
La clínica nos enseña que bajo la violencia se esconde un estado de abulia, de apatía, y la violencia es, al mismo tiempo, la precaria vía para salir del estado de somnolencia y el camino para reducir el estado psíquico de la víctima al propio, a la condición de inercia que padecen los victimarios.
Ese es pues su trofeo, suprimir el estado vital y subjetivo del prójimo; esa es la desigualdad que resulta insoportable para los asesinos y por la cual recurren a su poder para eliminarla: que el otro tenga vida."

(FRAGMENTOS DEL ARTÍCULO "CRIMEN DE FERNANDO; VIOLENTOS SIN CAUSA", DEL LIC. SEBASTIAN PLUT, PUBLICADO EN PÁGINA 12, HOY)

miércoles, 26 de febrero de 2020

FECHAS MADRES...

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El 17 de Octubre del año pasado me comunicaron que era el elegido para el ascenso. El 7 de Febrero me comunicaron que se hizo efectivo el nombramiento.
No tengo nada para decir acerca de la importancia del día 17 de Octubre. Sí tengo para decir que  el 7 de Febrero se cumplieron 4 años de la muerte de mi vieja.
Mientras pienso en ella y en la relación de fechas que mencioné, recuerdo por un lado que trabajo en un tribunal laboral y por otro lo que dice Carlos Godoy en "La escolástica peronista ilustrada: "el amor a la madre es peronista".
Y como necesito recordar, me vienen las palabras de Ciuro Caldani, uno de los pocos grandes profesores que tuve en la facultad de derecho: "si vos sólo conocés normas, entonces no entendés esas mismas normas que conocés".
En el trabajo (y el placer) de no entender solo normas, le estoy tan agradecido a mis amigos de toda la vida ( de acá y de allá), a la biblioteca Alberdi, a las salidas al cine o al teatro con mi primo, a los talleres y a la voz de mi prima, a mis años en la facultad de letras, a los miles de kilos de café que me acompañaron en todos estos años de bares y libros, a mis veranos en Mar del Plata y al fútbol de los sábados.
Leí por ahí que el barco se construye mientras se navega. Y el mar no se presenta como una amenaza cuando uno ve con quién está navegando.

martes, 4 de febrero de 2020

LA INCLUSIÓN Y EL LENGUAJE

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En principio, mi desacuerdo con el lenguaje inclusivo es puramente estético: simplemente no me gusta cómo suena y no me gusta leerlo. A esto se podrá contestar que lleva tiempo y esfuerzo desarrollar (en la sociedad y en uno mismo) un nuevo lenguaje que resulte superador del tradicional, es decir del lenguaje "exclusivo". Sea. Pero para empezar a mentalizarme en la necesidad de realizar ese esfuerzo, el argumento que debería ser contundente, para mí, es el ético. Debería encontrar, en el uso de la e y de la x razones lo suficientemente poderosas como para cambiar y subirme a ese tren (dicho sea de paso, el tren que parece monopolizar, para algunos y algunas, las "posiciones progresistas" que toda persona abierta y de bien debería asumir en este momento).
Que existe una relación íntima y profunda entre lenguaje y realidad, entre lenguaje y subjetividad y entre lenguaje y sociedad no tengo dudas. Y de que existe la cultura del patriarcado tampoco las tengo. Pero si la relación entre las palabras y las cosas es tan compleja, lo es, justamente, porque las palabras no tienen un efecto de abracadabra sobre la realidad. El "bullying" en los colegios existía antes que la palabra. Y si mañana se pretendiera quitar el término, igual seguiría existiendo.
Todos ( hombres y mujeres) hasta la aparición del lenguaje inclusivo, decíamos "todos" para referirnos a un colectivo indefinido. Eso quiere decir que todos pensábamos que el lugar de la mujer en la sociedad era la cocina y que los travestis o transexuales eran depravados que debían ser marginados de la sociedad? Entiendo que no. De lo contrario, la gente que ahora empezó a decir "todes" estaría reconociendo implícitamente que toda su vida defendió el orden patriarcal y la exclusión de las mujeres, y que lo dejó en estos últimos años.
Cuando se habla del lenguaje, muchas veces se pasa por alto que lo más importante tal vez no sea cambiar la morfología de la palabra (la o por la e o la x), sino las representaciones mentales que ella genera en los interlocutores que la emplean.
En una charla sobre lenguaje inclusivo, Beatriz Sarlo dio un ejemplo interesante con la palabra "gauchada". Para la generación del 80, el gaucho (junto con el indio) representaba uno de los principales males para el desarrollo del país. Todo lo que hacía el gaucho era deleznable. Tuvieron que pasar muchos años para que su figura fuera reivindicada, y llegó un momento (que se mantiene al día de hoy) en que, cuando alguien nos hacía una gauchada nos estaba haciendo un favor desinteresado.
Hubo un cambio? Claro que sí. Pero no se cambió la palabra gaucho o gauchada, lo que cambio fueron las representaciones mentales que se empezaron a generar ante el uso de esas mismas palabras que antes estaban ligadas a lo bajo y lo abyecto.
Que nuevas interpretaciones del lenguaje deben acompañar y participar de la creación de una sociedad más inclusiva lo tengo claro. Que la forma sea diciendo o escribiendo chiques no tanto, por lo que respeto a quienes lo usan así como respeto que las instituciones habiliten su empleo, pero no me gustaría que se vuelva normativo y que, valga la redundancia, no sea inclusivo con quienes, por el momento, no queremos usarlo.

EL SOL QUE APRIETA...


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"El calor extremo es la consecuencia más directa, tangible y letal de nuestro obtuso consumo de combustibles fósiles. Los cada vez mayores niveles de dióxido de carbono en la atmósfera atrapan el calor, lo cual está cambiando nuestro sistema climático.
La Organización Mundial de la Salud predice que el mayor calor relacionado con la crisis climática producirá 38.000 muertes más por año en todo el mundo entre 2030 y 2050.
Desde la Revolución Industrial, la temperatura de la tierra ha subido un grado. A medida que seguimos quemando combustibles fósiles, el calentamiento se acelera.
El calor extremo ya está transformando nuestro mundo de maneras sutiles y no tan sutiles. Ejecutivos de Disney hace poco manifestaron su preocupación por que las temperaturas cada vez mayores reduzcan significativamente la cantidad de visitas a sus parques. En Alemania, los funcionarios se vieron obligados a poner un límite de velocidad en la autopista por temor a que se rompa por el calor. Para reducir la absorción de calor de las áreas urbanas, algunas ciudades están experimentando con techos blancos.
El Acuerdo Climático de París (del cual el presidente Trump sacó a Estados Unidos) busca limitar el calentamiento a 2 grados. Considerando la trayectoria actual de polución con carbono, logar ese objetivo es imposible.
El aire acondicionado es una de esas tecnologías modernas paradójicas, en el sentido de que crea tantos problemas como los que resuelve. Por empezar, requiere mucha energía, la mayor parte de la cual sale de combustibles fósiles. Los aires acondicionados y los ventiladores ya constituyen un 10 % del consumo de energía en el mundo. Se espera que que la cantidad de aparatos de aire acondicionado se cuadruplique para el año 2050. Incluso si consideramos el modesto crecimiento de las energías renovables, la emisión de carbono de todos estos nuevos aires acondicionados ocasionará un aumento de la temperatura global de medio grado para el año 2.100.
El aire acondicionado barato es como el paco de la civilización moderna, que nos mantiene adictos y sin pensar en serio en soluciones más creativas (y con menos consumo de combustibles fósiles).
Cuando las temperaturas sigan subiendo los próximos años, la pregunta ya no será si las ciudades super calurosas son sustentables. Con el suficiente dinero y la suficiente ingeniería, hasta la vida en Marte es sustentable. La pregunta es: sustentable para quién?"

"VAS A PODER SOBREVIVIR AL CALOR EXTREMO? (ROLLING STONE, OCTUBRE 2019)