viernes, 31 de diciembre de 2010

FORMAS DE BRINDAR...




Creo que tiene razón Diana. Las distancias las crean las personas a través de sus acciones u omisiones. Sobre todo ante acciones u omisiones en hechos cruciales en la vida de alguien. Entiendo, entonces, que no quiera ver a ninguno de los Azara por no haber acompañado su dolor ante la muerte de Jorge.
Pero lo cierto es que cada uno debería (o no) repasar su concepto de "familia", ver nuestra historia como tal, y tratar de ver cuales son los límites que se establecieron históricamente en el marco de los vínculos de sangre que nos unen.
Pienso en la muerte de Jorge y de Roberto y estaba clarísimo, por lo menos para mí, que mi viejo no iba a llorar su pérdida ni mucho menos. Para él no eran hermanos. Su familia no existe más allá de Banfield. En mi caso, lo sentí como la pérdida de dos tíos que no llegué a conocer.
Si hay algo que en algún momento quise evitar, y esto fue a partir de la internación de Andrea, fue el hecho de continuar las relaciones familiares que venían heredadas de nuestros viejos: no quería resignarme a tener vínculos de papel con ustedes. Mejorar nuestras relaciones. Por eso tuve la iniciativa para que nos juntáramos y empezáramos a conocernos un poco. Hasta ese momento siempre me había resultado incómodo vernos sólo para las fiestas o para pascuas en la casa de la abuela Julia y no tener ni idea de qué hablar con cada uno. Y era una sensación extraña, porque, a pesar del desconocimiento casi total de la vida del otro, sentía una complicidad, una correspondencia, que me hacía pasarla siempre bien.
Ese "pasarla bien" pareció cobrar una potencia mayor cuando nos empezamos a ver más seguido y nuestras cadenas de mails en el medio eran interminables. Lo cierto es que, por diferentes motivos, el año pasado se empezó a disolver esa "euforia primística". Todo, de algún modo, volvió a la "normalidad". Y la normalidad ya sabemos todos cual es: esta familia incluye varias familias y los integrantes de cada una de estas familias no tienen una conexión fuerte con los integrantes de las otras. Un tipo de familia... "leve" es la palabra?. A nivel personal pude comprobar que no puede iniciar nuevos vínculos individuales, más allá de que me divertí mucho y mas allá de la profunda afinidad que sentí, por diferentes aspectos, con más de uno/a.
Se termina dando una paradoja. Sucede, estando las cosas a nivel familiar en su estado de "normalidad histórica", un hecho dramático (como siempre lo es una muerte) y la paradoja es que, con el corazón roto, se termina reclamando un "querer fuerte", un estado de familia fuerte, donde probablemente nunca lo hubo. La ilusión de la pérdida como factor transformador de la calidad e intensidad de los vínculos. Queda claro que la muerte, por lo general, no intensifica la levedad (o la nulidad) de los vínculos generados en vida. Y se terminan rompiendo relaciones (que siempre fueron leves y no nos gusta reconocer) por no ser fuertes al momento crucial de la muerte.
Sin embargo, volviendo a mis primeras palabras, y cerrando la paradoja, entiendo ese dolor. Entiendo que uno espera la activación del otro, de las 'fuerzas familiares dormidas". La palabra familia, como la palabra padre o hijo, tienen un peso social enorme...enorme. Y uno espera (cómo tener la frialdad para no hacerlo?), sentir ese peso en situaciones clave de la vida. Es absolutamente entendible, más allá de la levedad de nuestra historia familiar, el dolor y la frustración por despedir a un padre en soledad.
En mi caso...no tuve claro qué me pasó con la muerte de Jorge. Me enteré varios días después. Me lamenté por Diana pero nunca atiné a levantar el teléfono para llamar. Sé que no estuvo bien. Debería haberlo hecho y no lo hice. No lo sé. Tal vez me aparté por no poder manejar el hecho de que, una vez más, luego de superada la crisis familiar desatada, todo seguiría su curso habitual.
Creo que las familias, como las personas, son todas muy complejas y, si aprendí una cosa, es que, para preservarnos, hay que entender cuáles son los límites de los vínculos de los que formamos parte.
De lo que se trata, entonces, es de mejorar esos vínculos (de hacer el intento) sin dejar de tener presente los condicionamientos a los que están sujetos.

Esto último es lo que deseo para mí y para ustedes en este 2011.
Abrazo
Daniel

LA ESFERA DEL DISCURSO...("LO DECIBLE Y LO PENSABLE")




Recuperando la voz (pero sin auto, sin nafta, y sin plata hasta la semana que viene), me dedico a trazar posibles cruzamientos entre dos libros: "Cómo se lee", de Daniel Link, y "El discurso social" de Marc Angenot.
El sujeto lee un objeto. Lo que llamamos lectura es sólo la puesta en correlación de dos series de sentido, una inherente al objeto y otra inherente al sujeto (acaso la escucha es otra cosa?). Si lo que aparece es sólo la serie de sentidos "que viene" del objeto y sólo del objeto, estamos ante una descripción. Si lo que se impone es la serie de sentidos del sujeto, estamos ante una interpretación. No se trata de "descalificar" la descripción y la interpretación, sino sencillamente de declararlas los límites de la lectura.
Reemplazando a la la palabra sujeto por la palabra Estado y a la palabra objeto por la palabra civilización, resulta natural que en las sociedades de control hayan optado por convertir en fuerza de trabajo a los intelectuales. En nombre de una cierta democrácia simbólica, el mercado es capaz de transformar en mercancía hasta el pensamiento crítico que osa levantarse contra la mercantilización y el desencantamiento del mundo.
En cuanto al pensamiento, al texto, lo cierto es que gran parte de la cultura del siglo XX, es decir la cultura que más nos importa, se reconoce como producida en relación con modelos más o menos estables y más o menos hegemónicos. En ese sentido, los géneros funcionan como un sistema de orientaciones, expectativas y convenciones que circulan entre la industria, el texto y el sujeto.
Toda nuestra cultura comienza en el siglo XVIII y es sólo a partir del siglo XVIII que podemos reconocer nuestra vida cotidiana, nuestra imaginación y nuestra desesperanza, como nuestras. Y es por eso que definimos los géneros en relación con la industria, el texto y el sujeto, tres categorías que sólo pueden entenderse en el contexto de nuestra modernidad.
Entendemos texto como cualquier enunciado en cualquier soporte, con una homogeneidad más o menos reconocible de acuerdo con patrones culturales heredados o adquiridos: una canción, una película, un video, son textos en el mismo sentido en que una novela lo es. La cultura industrial, podríamos decir, es el contexto de cualquier tipo de textualidad en la que se piense: desde las formas más experimentales hasta las formas más obedientes de la regla, la ley, la previsión.
Los géneros organizan la experiencia. Los géneros, en la cultura industrial, organizan la experiencia de las masas, su "vida cotidiana". La complicidad entre género, texto y cultura, entonces, garantiza la "legibilidad" de la vida. Cada género vendría a explicar una parcela de vida, a garantizar una lectura de esa parcela, a organizar la experiencia en relación con un tópico o aspecto de la vida.
Lo fundamental es que la hegemonía establece los límites de lo decible y lo pensable en unas coordenadas socio-históricas, por cuanto es imposible comprender la significación de cualquier objeto si no es a la luz de la interacción simbólica global. El poder legitimador del discurso social es también la resultante de una infinidad de micropoderes. La hegemonía funciona como censura y autocensura: dice quién puede hablar, de qué y cómo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

BAJO ESTE SOL TREMENDO...





Agotado y con fiebre. Así pasé el fin de semana navideño. El malestar se prolonga al día de la fecha, por lo que no fui a trabajar. La última semana del 2010 me encontrará totalmente dominado por un cansancio definitivamente instalado en mi cuerpo. El sol me lastima todo el tiempo. No puedo estar en la calle. Al mismo tiempo, aparecen, en el horizonte inmediato, bajo este sol tremendo, algunas instancias "vocacionales" a tener en cuenta: escribir para el diario la Unión de Lomas y participar en la cátedra de estudios literarios de la facultad de ciencias sociales del mismo partido.
Mientras tanto, empiezo a pensar que la adicción a la neurosis ( esa faena que consiste básicamente en el hecho de avanzar retrocediendo), funciona para sus amantes (yo)como la única forma de registrar algo parecido a la potencia de la vida. De la vida y sus posibilidades en relación con las limitaciones propias y ajenas.
El 2011 me encontrará, entonces, teniendo que lidiar con neurosis amorosas (las peores de la especie, las de mayor potencia)al tiempo que paseo por la costa marplatense.
Y es que, en el amor como en todo lo que no es amor, la potencia neurótica en cuestión surge de imposibilidades para acceder a una convincente "clasificación de la etapas", de lo que fue pasado y ya no es presente (esa fina línea que separa los tiempos verbales) y de las condiciones de posibilidad de lo que -efectivamente- es presente. Y lo que está detrás de estas racionalizaciones, por supuesto, no es otra cosa que el desarrollo de una baja tolerancia al dolor.
La neurosis como forma vital de sentir la potencia de la vida. Como bien decía uno de los personajes de Belleza Americana (hay acaso una película que explique mejor las formas de vida modernas?), "hay tanta belleza en este mundo que creo que no puedo soportarla".

domingo, 19 de diciembre de 2010

Y TE PIENSAS SIN SANGRE...



Mario Benedetti(Uruguay, 1920-2009)
No te salves


"No te quedes inmóvil
al borde del camino,
no congeles el júbilo,
no quieras con desgana,
no te salves ahora
ni nunca.
no te salves.
no te llenes de calma,
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo,
no dejes caer los párpados
pesados como juicios,
no te quedes sin labios,
no te duermas sin sueño,
no te pienses sin sangre,
no te juzgues sin tiempo.

Pero si,
pese a todo,
no puedes evitarlo;
y congelas el júbilo,
y quieres con desgana,
y te salvas ahora,
y te llenas de calma,
y reservas del mundo,
sólo un rincón tranquilo,
y dejas caer los párpados
pesados como juicios,
y te secas sin labios,
y te duermes sin sueño,
y te piensas sin sangre,
y te juzgas sin tiempo,
y te quedas inmóvil
al borde del camino,
y te salvas;
entonces
no te quedes conmigo."

MAGIA, DESEOS Y NAVIDAD...



Uno nunca sabe, cuando termina un año, qué es exactamente lo que se está terminando (si es que, efectivamente, se termina algo). Entre semejante estado de inocencia y el festejo hay un solo paso. Empiezo a pensar que festejamos lo que entendemos, pero con más intensidad aún lo que no entendemos. Embarcados entonces en esa suerte de alegría programada, digitada desde siempre, desde la que se nos menea desde nuestro entorno social para estas fechas ("despedidas" laborales y despedidas con amigos, dejando las días clave del festejo social organizado para la familia, claro), vamos, con mis compañeros de trabajo, a comer a un restaurante. El lugar, una casa vieja en la periferia de las lomitas (ese conglomerado arquitectónico catastrófico que alberga, entre su comunidad estable, ilusiones furtivas de tapas de revista gente)nos es reservado a los miembros de la especie judicial. Al finalizar el almuerzo, por el que desfilaron platos varios de carnes y pastas, aparece, como no podía ser de otra manera, el inefable show: se trata de un mago que, al compás de sus trucos, no para de lanzar chistes cortos y efectivos ( cortos,tontos y efectivos como no podía ser de otra manera). Mientras lo observo y me río, a menor escala que el promedio de los comensales presentes, empiezo a pensar en que todo pasa, y cuando digo todo digo casi todo como siempre, por un estado de la imaginación en el que uno se construye y se posiciona como objeto de deseo de aquel al que está interpelando. La sapiencia y la sutilidad pero también la firmeza y el trabajo en esta constitución, revelan las claves del éxito independientemente de la calidad de lo hecho. En esto consiste, justamente, la magia. En esto y no en hacer aparecer un objeto donde antes sólo había aire.
De lo que se trata en estas fechas, si es que hay algo que realmente se termina para que algo diferente realmente empiece, es de practicar algún tipo de mensura (del presente en relación inmediata con el futuro) acerca de la magia (del deseo y sus posibilidaddes) que se encuentra a nuestro alcance.
Terminado el show (del que, gratamente, no participé), luego del postre y el café de estilo, lentamente comenzamos a abandonar el lugar.
Se termina el año, mis queridos, y el futuro, tal vez, sea nuestro.

domingo, 12 de diciembre de 2010

EL ARTE Y LA FUGA...





Fernando Pessoa
(Portugal, 1888-1935)
El libro del desasosiego (fragmento)



"El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar. "

sábado, 11 de diciembre de 2010

VIVIR AFUERA...



Hay cosas que me ofenden como persona, como miembro de una sociedad.
Los incidentes ocurridos en villa soldati en estos últimos días no hacen otra cosa que poner de manifiesto algo que, por momentos, olvidamos: la terrible precariedad, la terrible falta de medios (materiales y simbólicos) con la que mucha gente convive en este país. Vemos, entonces, cómo se televisan fragmentos de vida de los que, sin rumbo, deambulan fueran de los límites de la ilusión del estado de bienestar.
Las condiciones de posibilidad históricas de este "macro-contexto sociocultural" se pueden rastrear perfectamente bien tanto en el pensamiento de la generación del 80, como en el videlismo y, más acá en el tiempo, en series brillantemente corrosivas como tumberos. Allí están, como siempre, el trazado de las líneas dominantes y la figura del otro, del ajeno, como una ruina, un desliz en el paisaje de la dicha.
Cuál es, entonces, el micro-contexto en el que se desarrollaron los hechos de violencia actual en el parque indoamericano?
Se producen, como señaló Cristina en su discurso en casa de gobierno, en el marco del tercer aniversario de su mandato al frente de la nación. No sólo eso; sucede de cara a las elecciones presidenciales del próximo año que ya empiezan a desvelar a más de uno. Más aún: se trata del primer conflicto social grave (con muertos y decenas de heridos) que debe manejar sin sostenerse en el hombro (conyugal y político) de Néstor.
Suceden en el marco de un ciudad (la de Buenos Aires), gestionada por un Macri que, una vez más, con su declaraciones, deja ver al monstruo represivo de pieles oscuras que anida en su corazón inmaculado. Y es que cuando Macri habla no se trata, como tanto remarca él, de "reestablecer la ley", sino, lisa y llanamente, de arremeter contra la gente que, orquestada o no, extranjera o no, busca apropiarse del espacio público.
Macri, al ver la magnitud del conflicto, entiende los peligros, los costos políticos de la represión de las fuerzas de seguridad. Aún así, puesto en la balanza, le da más peso a la no defraduación de la ideología de sus votantes (que no es otra que la propia), y si no emprende una embestida contra las hordas embravecidas no es por temor a que haya más muertos; es, justamente, porque su personal policial metropolitano no está capacitado (en cantidad y "calidad" ) para generarlos.
Le pasa, entonces, la posta a Cristina. La exhorta públicamente a recuperar el parque tomado. Pero Cristina, más inteligente y hábil que Mauricio (como era de suponer), se posiciona de otra forma: acusa recibo de la gravedad del conflicto, tardíamente hay que decirlo, sin morder el anzuelo represivo del jefe de gobierno porteño. Finalmente, luego de la reunión de las partes en conflicto, se decide que la Gendarmería Nacional sea enviada para sitiar el parque. Se hace presente el Estado, tardíamente hay que repetirlo, en la forma en que lo debe hacer: delimitando, imponiendo su figura sin borrar del mapa la figura de cientos de desangelados (orquestados o no).
La responsabilidad por los incidentes no es sólo del jefe de gobierno porteño. El gobierno nacional no puede -no debe- ser "convidado de piedra" en esta cuestión, independientemente de lo mal o bien ejecutado que se encuentre el presupuesto con el que la nación dota anualmente al gobierno de la ciudad para sus políticas sociales.
Lo que pasó en estos días, como cualquier conflicto social que se instala mediáticamente, divide y dividirá las aguas. De lo que se trata, entonces, es de articular algún pensamiento, algún modelo que revierta las líneas ideológicas de antaño.
Se trata en definitiva, y duele decirlo, y agota tan sólo decirlo, de la paciencia que implica la empresa reformuladora de la realidad.
La paciencia de la reconstrucción de los daños materiales del pasado y el presente.
Y al pensar en el futuro, en nuestro futuro como país, tal vez, sólo tal vez, tratar de sostener (si tal cosa es posible) aquella frase de Borges: "si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno."

domingo, 5 de diciembre de 2010

LA DEUDA INTERNA...





Abelardo Castillo (Argentina, 1935)
El que tiene sed (fragmento)


"Parecía absurdo, sí, y seguramente lo era, pero él se había pasado la vida sintiendo (cómo escribirlo, sin embargo, cómo no adivinar tu gesto de fastidio ante la inminencia de las grandes palabras, cómo ignorar los efectos que produce en el ritmo de tu respiración, en los músculos de tus párpados y de tu boca, mi arrebatador estilo), sintiendo que tenía una deuda con todos los hombres. Especie de locura mesiánica o consecuencia de haber leído de muy chico a Dostoievski y haberse tomado en serio aquello de que todos somos responsables de todo ante todos. O la conciencia de haber llegado a los treinta y tres años sin cumplir una sola de las fastuosas promesas que había hecho, y se había hecho, en la adolescencia."

LO CLARO EN LO OSCURO...





Qué tienen en común la película Submarino del danés Thomas Vinterberg en el Teatro San Martín, el recital del grupo alemán Rammstein en el estadio de racing y la obra de teatro Viaje de un largo día hacia la noche en el Teatro Regio de Colegiales?
O, lo que es lo mismo, qué tienen en común Jakob Cedergren, Till Lindemann y Daniel Fanego?
En los tres hay composiciones, (puestas en escena de lo que único que reclamo: intensidad en el trabajo) y en los tres -en las tres experiencias- hay mediaciones, obviamente, entre mis sentidos y el hecho artístico. De Cedergren me separa el tiempo y el espacio (dinarmaca en el san martín), la violencia física, la barba y el físico intimidante, la imposibilidad de acceder a la paternidad. Me acercan los déficits para articular oratorias que, muchas veces, arruinaron mis días y mis noches en grata compañía.
Till Lindemann, cantante de Rammstein, es, literalmente, una bola de fuego diseñada para dejar reducido a cenizas todo lo que se tope con su voz. El grupo alemán viene a nuestro país a ofrecer un show musical/militar ("Ich Will", "Du Hast"). Prefiguración de una nueva guerra mundial recién comenzado el siglo XXI. La última guerra. La de la rebelión de las máquinas. Leo, colgadas en internet, algunas entrevistas que le hicieron a su frontman y pienso que, tal vez, su fuego esté en otro lado, y que, por ese lado, vendría nuestra empatía.
Y después está Fanego. Las cosas que hace sobre el escenario. La obra, tramada por el alcohol como vehículo condensador de dramas silenciados, muestra las miserias de una familia americana de clase media de principios del siglo XX.
Salgo del teatro y, mientras camino a la boca del último subte de la noche, pienso en la relación entre comicidad y sexualidad (puras exteriorizaciones), del mismo modo que pienso en la relación entre pensamiento y enamoramiento (puras interiorizaciones).
Ya en el subte, considero ridículo armar semejantes parejas, casar determinadas proposiciones, por lo que sólo me queda depurar la mente de clasificaciones huecas, ir a la avenida que nunca duerme, entrar a algún bar en paseo la Plaza y sentarme leer hasta que le medianoche me indique que, como siempre, debo regresar a casa.

lunes, 29 de noviembre de 2010

MEIN KAMPF...(FARSA)




Releo "Patriotas, héroes y hechos penosos de la política argentina", ensayo que Juan José Becerra le dedica a personajes mediáticos de la tv argentina (De Narváez, el rabino Bergman, Marcos Aguinis y Alfredo de Angeli)y no puedo contener la risa.
Se trata de un mapa de lecturas (con el humor como telón de fondo) de personajes que representan, cada uno desde su lugar -pero a su vez el lugar que los nuclea no es otro que la tv, aparato conservador por naturaleza- y a su modo, lo más conservador y reaccionario que fluye entre las capas medias y altas de la sociedad.

Exquisito el capítulo dedicado al rabino Sergio Bergman. Pasen y vean...


"El rabino Sergio Bergman me da un poco de miedo. Lo veo como un cyborg, una maquinita antropomórfica que repite frases a una gran velocidad -como si recién le hubiesen cambiado la batería-, para que el lenguaje robótico que lo hace hablar rinda a la altura de las exigencias televisivas que se le presentan. Está programado por una serie de aforismos cuya eficacia depende exclusivamente de sus reiteraciones (nada mas efectivo que decir las mismas cosas mil veces) y del sonido publicitario de esas reiteraciones."

"Estamos contemplando a una persona que intenta, desesperadamente, introducir un océano en una botella, por lo tanto vemos, en vivo y en directo, el sacrificio que significa para ella reducir el volumen de su canto moral a una síntesis. Y qué ha quedado en la botella? Dichos empalagosos: que la sociedad clama y reclama; que en vez de hablar de la Ley de Medios, hay que volver al principio en el que el medio es la Ley (esto lo volverá a decir porque acaso lo siente como un nuevo éxito de su playlist, y porque algún vicio inescrutable lo arrastra a revolcarse en sus propias frases); que una cosa son las reglas del juego y otra jugar con las reglas; que esto no se soluciona con manifestación de protesta sino con construcción de propuesta; que no hay que ver para creer sino creer para ver; que no hay que enojarse con el termómetro sino ver dónde está la fiebre. Humildemente: se está olvidando de Pablito clavó un clavito, qué clavo clavó Pablito?, o de en un plato de trigo comen tres tristes tigres trigo."

"Cuál es la posición corporal de Bergman respecto de su propia espiritualidad? Dónde podemos encontrarlo? Bueno, podemos verlo abonado al programa de Mariano Grondona; pero también junto a Hugo Biolcatti en actos de espiritualidad cívica organizados por la Sociedad Rural; o en marchas a favor de una política de seguridad de mano dura (es cierto: cuesta más verlo en escenarios de pobreza, pero ya irá)."

"Quiere una burocracia aristocrática: la burocracia buena; y nuevas estructuras, porque las estructuras actuales sólo pueden contaminar a los referentes. Por ejemplo, el Partido Socialista de Santa Fe podría, cómo no, contaminar a un referente como Susana Giménez, y así no arrancamos nunca. La pregunta es qué ideas tan novedosas y excepcionales tiene Bergman que no quepan en los más de setecientos partidos políticos que tiene la Argentina, de los cuales algunos como la gente debe haber (y si no, la pureza de Bergman podría desinfectarlos)"

"En qué consisten los contenidos que engordan el pensamiento cívico de Sergio Bergman? Somos los voceros del sentido común. El sentido común: nada más lejos de la reflexión que el sentido común, un fenómeno totalmente orgánico que se encuentra más del lado del hipo o la toz que del pensamiento. Y sin embargo, siempre hay un pensamiento detrás del sentido común, aquello que el sentido común no dice del todo y que lo arrastra hacia un terreno de interpretaciones - y allí lo espera la ley, su intérprete natural- en el que termina siendo traducido velozmente a una supuesta necesidad de normas."

"La lectura del Manifiesto Cívico argentino es de un altísimo riesgo mental, y cuando creo que ya está, que lo terminé y que cumplí con un trabajo de lectura que no puede no haber sido impulsado por el masoquismo, qué veo? Que Bergman va a resumir lo dicho! El final del libro es tortuoso, como lo fue su curso, porque Bergman no nos abandona: nos persigue. Nos dice que si queremos continuar con el diálogo abierto a partir de la lectura de este Manifiesto, nos invita a involucrarnos con su página web y su mail: con su after hour espiritual. Pero...de qué diálogo habla si se la pasó hablando solo?"

martes, 23 de noviembre de 2010

LA VOZ QUE NOS PRECEDE...





Michel Foucault
(Francia, 1926-1984)


De lenguaje y literatura (fragmento)

"Más que tomar la palabra, habría preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio. Me habría gustado darme cuenta de que en el momento de ponerme a hablar ya me precedía una voz sin nombre desde hacía ya mucho tiempo: me habría bastado entonces encadenar, proseguir la frase, introducirme sin ser advertido en sus intersticios, como si ella me hubiera hecho señas quedándose, un momento, interrumpida. No habría habido por tanto inicio; y en lugar de ser aquel de quién procede el discurso, yo sería más bien una pequeña laguna en el azar de su desarrollo, el punto de su posible desaparición. "

lunes, 22 de noviembre de 2010

LA SALUD DE NUESTROS HIJOS...




"Mi familia" es lo que me hace sentar frente a la pantalla chica en la tarde del domingo.
La película llega a nuestro país apenas pasado el tiempo del debate sobre el matrimonio igualitario (un lujo necesario)devenido, actualmente, ley nacional.
Se trata tanto en la película como en la realidad, de pensar (de aceptar) formas de vida que ramifiquen los caminos consagrados a los tipos (el tipo) de familia clásica.

Volviendo al film, Annette Bening y Julianne Moore se lucen (podría no ser así?) en su rol de "madres de familia" a cargo de una hija y un hijo adolescentes que se internan en el conocimiento de su identidad (y el desarrollo de su sexualidad) a través de la búsqueda de su patrón ordenador: un cuerpo masculino heterosexual creador -vía espermática- de subjetividades en conflicto con su propio ser.

Sobre la identidad, siempre al mismo tiempo individual y colectiva claro, y sobre cuestiones anexas (la madurez equiparada indefectiblemente a la realización del ideal de familia, la función de familia -homosexual o no- como célula básica en la constitución del cuerpo social, la sexualidad como factor fundante de la identidad pero, también, como aquello delimita y define los campos clasificatorios de lo "normal/anormal"),se desarrolla una trama con momentos de sutil intensidad -la escena que conocen al "padre", la escena en que almuerzan todos juntos- alternados con momentos de dramatismo conyugal.

Y después están los hijos. Lo que uno debe hacer con ellos. Educarlos, formarlos como personas: transmitir valores, dar sentidos, orientar en un marco de respeto y comprensión (lo que se llama amor tal vez)y, lo más difícil se me ocurre, ofrecerle herramientas (materiales y simbólicas) para que, con el tiempo, se encarguen -los hijos- de ponerlos a ellos -a sus padres- en otro lugar, un lugar de reconocimiento, pero un lugar diferente al fin.

Y es que estamos -todos- en un vinculo. Y todo vinculo, implica, siempre, hoy como ayer, una secreta fatalidad.

"Un plural, una red, un tejido: la envidia y el espanto de un tejido."

LA ENVIDIA Y EL ESPANTO DE UN TEJIDO...




"Contra el cambio", de Martín Caparrós es uno de los mejores libros que pasó por mis manos en este 2010 que, tiempo al final, comienza a esfumarse. En este punto podría asimismo mencionar las novelas "Piquito de oro" de Gustavo Ferreyra y "El trabajo" de Aníbal Jarkowsky, los ensayos "Las cuestiones" de Nicolás Casullo y "El siglo" de Alain Badiou y los cuentos completos de Fogwill.

El libro de Caparrós funciona como un diario de viajes (el autor recorre 10 ciudades del planeta afectadas por el cambio climático)que pretende dar cuenta de un determinado estado de cosas a nivel global al momento de llegar a su fin la primera década del nuevo milenio.
Se trata, entonces, de un libro de crónicas, de historias individuales en el marco de un entramado social a la merced de un clima que modela y aprisiona los cuerpos.
Caparrós reflexiona al narrar, piensa al escribir.

Y, entre lo que escribe...


"No hay nada que deteste más, nada que me guste más que sentirme parte de una red, un tejido, las formas intrincadas del plural: algún nosotros."

"Durante muchos siglos el tiempo no fue el tema de un intercambio semiamable tendiente a disimular la incomodidad de encerrarse en un cubo de lata ascensional con un ignoto, sino un asunto decisivo: que lloviera o no lloviera podía hacer la diferencia entre comer y no comer. Sería lógico pensar que, en cuanto empezaron a hablar, los hombres y las mujeres más primarios conversaron del tiempo."

"Recuerdo que alguna vez leí que las sociedades más organizadas son la humana y la hormiguera, y que en el puerto de Manaus vi hombres cargando bolsas brutas sobre la cabeza vendada para soportarlas, y trato de pensar si algún otro animal lo hace y no recuerdo y me pregunto si la condición para armar una sociedad exitosa, organizada -los hombres, las hormigas- es que haya individuos de la especie que estén dispuestos a hacer estas cosas, a llevar estas cargas."

"Todo consiste en tratar de captar los movimientos. No quiero decir entender los movimientos, menos decir descomponer los movimientos: digo captarlos, registrarlos sin que se deshagan. Viajar, creo, es algo de eso."

"Los países centrales ya hicieron su conquista de la naturaleza, su desarrollo sucio. Y el mundo está como está porque ellos lo hicieron, pero ahora se dedican a dictar normas a los países más pobres sobre cómo proteger esa naturaleza que ellos ya se cargaron: cómo seguir siendo pobres pero verdes. Ahora quieren que los otros, los pobres, respeten lo que ellos no respetaron. Todo sea por salvar el planeta."

"A veces, en alguno de estos viajes, tengo la sensación de que estoy a punto de entender algo. Algo amplio, general, revelador, algo así como para qué somos o estamos. Por supuesto, nunca me sucede."

"Que el hecho de que ya no tengamos modelos listos para usar que nos expliquen cómo debería ser el mundo no termina de justificar que sólo queramos repararlo para que siga siendo más o menos como es, pero más razonable. Que el fracaso brutal de esos modelos podría, más bien, abrir la puerta para pensar otras formas de cambio, no invalidar la idea de cambio."

"La pobreza extrema también consiste en no poder imaginarse menos pobre o, por lo menos, diferente: no imaginar ni haber aprendido ni sospechar que existen otras vidas y que las otras vidas no son siempre sólo de los otros. No es sólo un recorte de las fronteras materiales; también de las mentales, la reducción del campo de lo imaginable."

"Desde, digamos, 1789, fue la palabra (cambio) que sintetizó todas las esperanzas y una idea: el mundo tal cual es no debe continuar, existe la posibilidad de hacerlo decididamente otro, el cambio es justo y necesario. Cambio, durante siglos, fue una palabra de izquierda: el efecto deseado de las revoluciones o, incluso, ciertas revoluciones radicales. Cómo fue que la palabra cambio nos escapó silente, animalito muerto, y se fue a refugiar a la casa de los que siempre habían querido destruirlo? Cuándo se la apropió la derecha? Con la caída del muro? El cambio de frente de la palabra cambio es una de las mayores pérdidas de capital simbólico que ha sufrido la izquierda en toda su historia."

"Pienso en esas comunidades potentes, orgullosas, que ocupan todo el espacio y que lo saben, tanto que no se les ocurre castigo más potente que dejarte afuera. Comunidades envidiables, temibles, absolutas."


"Un plural, una red, un tejido: la envidia y el espanto de un tejido."

"Un plural, una red, un tejido: la envidia y el espanto de un tejido."

EL DISCURSO Y LA ACCION...



Hannah Arendt (Alemania, 1906-1975)

"El discurso y la acción revelan esta única cualidad de ser distinto. Mediante ellos, los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino qua hombres. Esta apariencia, diferenciada de la mera existencia corporal, se basa en la iniciativa; pero en una iniciativa (el appetitus beatitudinis) que ningún ser humano puede detener y seguir siendo humano.
(...)
Con respecto a este álguien que es único cabe decir verdaderamente que nunca nadie estuvo allí antes que él. Si la acción como comienzo corresponde al hecho de nacer [como un yo], si es la realización de la condición humana de la natalidad, entonces el discurso corresponde al hecho de la distinción y es la realización de la condición humana de la pluralidad, es decir, de vivir como ser distinto y único entre iguales."

sábado, 20 de noviembre de 2010

SALANDO LAS HERIDAS...





Por el Lic. Pepe Bunuel para "La conquista de lo inutil"

Viernes, 20 hs. Recibo un llamado de lo más indeseado a esa altura del día: me dicen que “se cayó” el micro que me llevaba a ver al Indio a Tandil. Digo “me” y no “nos” por que la muchachada kirchnerista ya había alquilado una combi en la cual, obviamente, entra mucho menos gente que en un micro, y en la cual, obviamente, algunos que subiríamos a ese micro, no teníamos lugar.

Acostumbrado a lidiar con la maquinaria burocrático-municipal, se que de nada sirve preguntar “por qué se cayó el micro” o “¿qué carajo pasó?” El micro peronista-gratuito no sale, y punto. Me quedo atónito. Insulto. Busco pasajes por Internet: nada.

Ya antes de las 21hs, llamo a un compañero de trabajo de Sapito que irá al recital en auto, rogando que haya un lugar. Ramiro, el tutor de 19 años fanático de los Redondos me dice: “Espera que haga una consulta y te llamo”. En menos de 10 minutos me llama para decirme que hay un lugar en el auto de un amigo suyo: iré con desconocidos, pero iré al fin.

A las 6:50hs es la hora de encuentro en Gerli. Dormí, con suerte, tres horas.

A pocos minutos de partir y empezando a despertarme, comienzo a tomar noción de donde estoy. En el Clio que nos lleva hacia la misa ricotera somos cinco personajes. Cuando veo que dos de los muchachos que me acompañan no paran de gritar sacando la cabeza por la ventanilla, no paran de putear a todo ser humano que pasa o está parado en la vereda, mientras los otros lo festejan, empiezo a sentirme incómodo.

Pienso que estos pibes, sin tener puta idea de quien era yo, no dudaron ni un minuto en hacerme un lugar para que pueda viajar: intento culposamente hacer a un lado mis pensamientos, pero a pesar del esfuerzo, no puedo dejar de sentirme en medio de una horda primitiva. Pienso si realmente tenía tantas ganas de ver al Indio... pienso en los pacientes de San Justo. En medio de la música, la ruta y anécdotas de lo más bizarras, pasa el viaje.

Ya en Tandil, luego de buscar sin éxito algún camping que nos aloje, vamos a una parrilla libre y comemos ininterrumpidamente durante… tres horas!! Notablemente afectado por las pocas horas de sueño, por el viaje, por mi pequeño cuerpo repleto de asado, vacío, achuras y vino, me encuentro sentado charlando con uno de los compañeros de viaje: este muchacho que no encontró ningún reparo en escupir comentarios, burlas e insultos a todo trapo, que describió el tamaño, forma y venas de su poronga sin que nadie le pregunte nada, me cuenta su deseo de que Roger Waters venga el año que viene y de la admiración que le despierta Pink Floyd... Enterado de mi profesión, mientras mastica con su boca abierta un pedazo de vacío y toma vino (sin parar de masticar!!), me habla de la psicología y las relaciones humanas con una notable lucidez y nitidez… Una vez más, este viaje y esta vida me da un cachetazo… pienso en las distancias, en los encuentros y desencuentros con los que nos rodean, en lo radicalmente extranjero hablando tu mismo idioma.

Pasada la parrillada, nos dirigimos hacia un espacio verde junto a una sierra. Pienso nuevamente en mis pacientes de San Justo, pienso en que se les cruzaría por la cabeza si, de repente, estuvieran acá. Siempre tuve cierta fascinación por la capacidad de desdoblarse que, en mayor o menor medida, todos tenemos. Me imagino con zapatos, camisa y lentes en compañía de estos cuatro muchachos… me imagino jugando a la pelota borracho y con una botella de plástico recortada llena de Fernet en mi mano, junto a alguno de mis pacientes…

Ya para las 17hs, cuando la muchachada se dispone a abrir una damajuana, recibo un llamado y parto al encuentro de una compañera de trabajo de Sapito que tiene mi entrada. Luego de andar unas cuadras, me encuentro con dos compañeras de trabajo, y algunos cuantos conocidos más que han llegado en combi. Curiosamente o no, tuve la extraña sensación de que me sentía más acompañado por los desconocidos bravucones que por ellos.

Luego de charlas y caminatas junto a la patria socialista-peronista, llegamos al hipódromo.

En un día de sensaciones de lo más raras, el Indio me regala (no pude más que sentirlo así) un show impresionante. Tuve oportunidad de verlo con los Redondos y como solista, y nunca lo vi así: bailando más que nunca, con mucho sentido del humor, con gran uso de la ironía, tirando consignas esperanzadoras de cara al futuro… El repertorio de temas no tiene el más mínimo desperdicio: a parte de los clásicos ricoteros, suenan Rock para el negro Atila, Yo Caníbal, Héroe del Whisky, TV Führer, El regreso de Mao, Vamos las Bandas y otras tantas impensadas.

Sin embargo, si Quilmes tiene “el sabor del encuentro”, la Schneider tibia que tomo a sorbos, tiene el rutilante sabor del desencuentro. En medio del recital y con un cada vez más pronunciado dolor de cabeza, me pregunto: “¿Qué carajo hago acá?”. Todos estos chicos lanusenses son copados, pero “¿Qué mierda hago acá?”. Doy unos pasos hacia atrás y camino rápidamente hacia los baños químicos.

Aliviadas mis necesidades fisiológicas, retorno al medio del meollo. Parado solo en medio de 100 mil personas, canto, agito el brazo, admiro las letras del Indio… Otra vez miro a mí alrededor: una masa humana anónima. Pienso en donde andarán los entrañables compañeros de viaje: ¿estarán cerca?¿estarán nadando en una zanja abrazados a la damajuana?... pienso en el kirchnerismo juvenil saltando de aquí para allá: ¿habrán notado que me esfumé?... pienso en donde andarán algunos conocidos que venían al ritual del Indio… pienso en que hace 10 años fui a ver a los Redondos con mis amigos del colegio: ¡10 años! ¿Qué son 10 años?... pienso en una amiga que iba a venir al recital, que luego no iba a venir, que luego no sabía si venir, que –finalmente– no vino, que podría estar allí… pienso en Caro, en que está en algún lugar, en que es una de las 100 mil personas que me rodean. La asociación libre ya no circula, se petrifica en una neurona y sigo pensando en Caro. No puedo entender como, estando quizás a unos pasos de distancia, está tan pero tan lejos…

Pienso en la repetición de encuentros y desencuentros que es la vida… en que estoy parado ahí por que así lo quise… en lo tremendamente hermoso y frustrante que es vivir junto a otros… en la frase que un amigo deja en su blog: “todo lo que un hombre hace, esconde un solo fin: la conquista del amor”... Suena “Fuegos de Oktubre”, y a esta altura de la noche ya me siento un niño perdido en la multitud. En medio de un tema que habla de ilusiones, desilusiones y revoluciones, vuelvo a mirar a mí alrededor; cuando llega el estribillo, escucho que el Indio entona “te deseo igual”… emocionado, hago lo único que puedo hacer en ese momento: empezar a llorar.


“Mi vida no anda más
Me fuí en un trip to gringolandia

A San la Mierda yo recé y rajé
Me fuí a llenar de frititos mi estorage

Y yo allí! Pensando en vos siempre...”



(To beef or not to beef, Indio Solari)

lunes, 15 de noviembre de 2010

PARTES DEL TODO...





D. H. Lawrence
(Gran Bretaña, 1885-1930)
El arco iris (fragmento)


"Yo niego absoluta y francamente ser un alma, o un cuerpo, o un espíritu, o una inteligencia, o un cerebro, o un sistema nervioso, o un conjunto de glándulas, o cualquier otra parte de mí mismo. El todo es más grande que las partes. Pero hoy, después de tres mil años, después que estamos casi completamente abstraídos de la vida rítmica de las estaciones, del nacimiento, de la muerte y de la fecundidad, comprendemos al fin que tal abstracción no es ni una bendición ni una liberación, sino pura nada. No nos aporta otra cosa que inercia."

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL PODER DE LA PALABRA...




Definir su poética y narrativa como literatura barrial, biográfica y cargada de marcas histórico-culturales, es confundir lo esencial con lo transitorio, como él cita a Eugenio Montale. Hace literatura, sí, con San Lorenzo de Almagro, con el dolor por la muerte de su madre y sus historias de niño sensible y joven rockero por las calles de su barrio, pero aclara: “no tengo una inmobiliaria en Boedo ni soy propulsor del grupo de Boedo, sólo conozco sus calles y voy a comer con mi familia” - porque en su obra no importan tanto los materiales utilizados como el efecto que su disposición logra en la emocionalidad del interlocutor: “hacer sentir algo que vuelve a uno con la fuerza de una verdad”.Fabian Casas, de el se trata, es uno de los escritores argentinos que más claramente está construyendo una obra personalísima, aunque se reivindica “panlingüístico”, piensa que “la literatura es algo colectivo, todos estamos compuestos por un montón de gente”, y que la obsesión de los escritores por la inmortalidad “es una discusión estéril: lo único evidente es que no va a quedar nadie”.

Ensayos Bonsái tiene una definición sobre los clásicos, ¿de algún modo discute con la de Borges?

Sí, él decía que clásico era lo que determinado grupo lee como verdad o revelación, y yo digo que clásica es la obra que establece ella misma los parámetros en los que va a ser leída. Pero los Bonsái tienen varias definiciones sobre los clásicos, que tal vez se contradicen entre sí. Algunos ensayos fueron escritos de un tirón en cuatro horas, mientras que un poema puedo corregirlo durante un año, y un relato como Asterix, que está en Los Lemmings, lo escribí a lo largo de diez años; nunca la musiquita del relato terminaba de satisfacerme, sentía que yo todavía estaba demasiado cerca del segmento experiencial del relato, los personajes todavía eran los que habían vivido conmigo, no se habían drenado y convertido en significantes. Una vez que la emoción impulsó el cuento o el poema, después lo trabajo como una máquina. Pero no tengo imaginación, en el sentido de que no creo algo desde la nada: recupero un mundo a partir de una memoria.

Ensayos Bonsái compila escritos previos, ya publicados en revistas y blogs. ¿Emecé lo fue a buscar?

Sí, querían publicarme “algo”. Puse una cláusula por la que no voy ni a la Feria del Libro ni a la televisión ni a la radio, salvo que me interese el periodista, no hago el Verano de Planeta ni nada que forme parte de la retórica de la literatura.

¿Por qué?

Me gustan los escritores que no te salen a buscar. Una vez, de vacaciones, desarmando la carpa de un amigo se cayó de adentro Molloy, de Beckett. Lo abrí al azar: “Estoy en el cuarto de mi madre, ahora soy yo el que vive acá”, uy, ¿qué es esto? Y después una parte en que Molloy -un vagabundo- va chupando piedras. Beckett te describe su sistema de guardarlas en un bolsillo, chuparlas, pasarlas a otro, como si fuera una máquina, durante páginas; es un fragmento central en su obra porque modifica la percepción de la literatura. Deleuze hace todo un trabajo sobre esa parte, en el Anti Edipo. Después leí toda la obra de Beckett, y lo que me encantó fue conocerlo así, de casualidad, sin información.

Hace poco César Aira reivindicaba la alta cultura con el mismo argumento: hay que ir a buscarla, no ataca en el supermercado o la radio.

El problema es la definición de alta cultura. Mucha gente piensa que es la que corresponde a las clases sofisticadas, pero las clases sofisticadas se comen muchos caños. Mucha gente de la alta cultura va a ver a Kuitca al Malba porque más que el trabajo de Kuitca le importa su poder simbólico, al que quieren quedar asociados, es un nivel de cliché superior. Para mí los museos son lugares en la ciudad, un valdío donde pasa algo raro, y la contracultura es invisible, cuando se vuelve visible desaparece.

En Ensayos utiliza ideas de varios filósofos, ¿cómo afectan sus estudios filosóficos a su relación con la literatura?

La turbina que me hace volar es el pensamiento filosófico. Por ejemplo, la gente pelea con uñas y dientes para ser esclava: eso es un pensamiento spinociano que me lleva a pensar que concebirse dentro de la literatura, pensarse como escritor, impide escribir. Nosotros somos como narraciones, todos, y si uno está atento puede escucharlas. Como dice Heidegger, hay que estar en estado de disponibilidad para sentir el peso del ser. Pero un montón de gente que conocí en mi barrio fue tan importante para mí en términos filosóficos como Heidegger. Los intelectuales siempre están muy atentos a ver si detectan lo que llaman populismo, y para mí el populismo es algo muy claro: ser de Independiente y decir que sos de Boca, como Maradona. Populismo es jugar para la tribuna.

¿Y las influencias literarias? ¿Por qué escritores argentinos se siente más marcado?


Ricardo Zelarayán es para mí el único argentino vivo con genio. Y es una obra que nunca será premiada, sancionada por la crítica, porque en sí misma rechaza todo eso. Para mí y gran parte de mi generación es una obra clave, junto con la de (Leónidas) Lamborghini, (Joaquín) Gianuzzi en mi caso, alguna novela de Saer, las primeras novelas de Aira.

¿Y Fogwill (a quien le dedica el cuento Casa con diez pinos y aparece en Asterix), lo marcó también como poeta?

Fogwill me parece un escritor muy muy bueno, con un gran talento narrativo, y encuentro poesía en sus relatos. Lo que me marca de Fogwill es una pulsión vital que tiene. Es una persona muy emotiva; todo el mundo habla de su gran inteligencia, y la inteligencia para mí no es un valor. El único valor que yo reconozco es el de la bondad; tampoco el valor erótico del dinero. Quique es un gran bocón con un ego demoledor que de fondo trabaja una cosa más atávica y emotiva, lee la literatura desde un lugar muy pasional y siempre está tratando de hacer surgir a los escritores jóvenes que lo estimulan. Su serie de cuentos me parece impresionante, así como Los Pichiciegos, que para mí tiene mucho más valor que ser “la novela de Malvinas”. A Los Pichiciegos siempre se le adjudican virtudes que yo adjudicaría a la publicidad, como adelantarse a determinadas cosas; la literatura no se tiene que adelantar a las cosas, no es su función, la literatura es atravesarte, hacer que el lenguaje brille y expandir tu sensibilidad. Que el lenguaje brille no significa escribir bien, porque por ahí yo no escribo bien dentro de los parámetros de lo que se supone que es escribir bien, hablo de cuando el lector interpelado por el texto encuentra ahí un sentido de su personalidad más allá de lo que le imponen las demandas sociales. Hoy la gente tiene mucho miedo y eso lleva al fascismo; además, hay una presión muy fuerte, de que hay que tener la mejor mina, le presión de los quiscos sobre el erotismo, ser un ganador en todo, y vivimos entonces en una gran insatisfacción. Nuestra cultura va hacia un colapso demoledor.

Frente a eso, ¿podría leerse su literatura como un intento por rescatar la fragilidad de la vida?

Sí, agarrar las palabras, limpiarlas y volver a ponerlas en el concierto de significados. Que vuelvan a tener fuerza vital después de tanto tiempo estereotipadas; que lo que digan sea la vida.

jueves, 11 de noviembre de 2010

EN LA MISMA RED...




Nuestro destino en el cinematógrafo: red social de david fincher. Solos en el cine mi amigo y yo, solo nosotros dos en el cine y nadie más, pudimos comprobar que, en el momento indicado en el que pudieron haber aflorado pulsiones homosexuales, en la intimidad, solo compartimos pensamientos y pochoclos.
El disfrute, entonces, fue puramente cinematográfico. Red social es más de lo que esperaba. Tal vez porque no esperaba nada. Pienso en esto último que acabo de escribir y no puedo pasar por alto la gran verdad que anida en mis palabras: el que no busca nada, siempre encuentra (atención escribanía narosky y sus asociados: los sobres de azúcar de la zona!)
Donde no hay sobres de azúcar es en la dialéctica de la película de Fincher. Los diálogos están increíblemente aceitados, las escenas se suceden a un ritmo vertiginoso....de palabras!
Allí esta el disfrute: rotar el eje del vértigo. En el marco de una industria en donde siempre hubo choques, peleas, persecuciones y asesinatos múltiples para drenar de emoción la sangre del espectador, Fincher y su equipo afinan el lápiz para movilizar nuestra sensibilidad solo con palabras, y con esas cosas que uno hace con las palabras: los hechos. Cuáles son los hechos en cuestión? Nada menos que el origen del facebook, la red social que nuclea a millones de personas en todo el mundo, y su devenir en el marco de la famosa "sociedad de conocimiento" en la que estamos inmersos. Y todo devenir revolucionario (los avances en comunicación propios del siglo XXI, básicamente internet, la televisión satelital y los celulares, no pueden ser parte de un proceso que se defina de otra forma), implica, por su propio carácter, por su propio peso, un estallido de los sentidos. Se trata, entonces, de una reformulación obligada (y allí la impronta de toda revolución) de aquello que somos, en post de una ilusión de autoalumbramiento. Ser nuevos, ser otros, aunque no necesariamente distintos ni mejores...
Red social pone sobre el tapete esta revolución y el quiebre de una amistad real (la única del genio creador del facebook) es post de un negocio, también real claro (millonariamente real), sobre el que se organizaron, en pocos años y en todo el planeta, los lazos sociales de millones de personas que, de otra forma, jamás se hubieran conocido.
Pienso en este verbo. Pienso en conocer. Las redes sociales - entre ellas facebook-, justamente, vienen a revolucionar el concepto, lo que implica, conocer a otra persona. Desde Sartre, desde Bajtin y su dialogicidad, el ser humano es lo que hace con lo que supieron hacer con el. Y eso que hace desde un presente concreto, es decir desde una materialidad concreta en sus condiciones de existencia (los hechos pero también las palabras) se encuentra en permanente intercambio y desarrollo vital.
Vitalidad, entonces, significa virtualidad en el diccionario facebook. Y en mi diccionario, virtualidad (que lleva a la comunicación compulsiva) implica levedad. Donde encuentro levedad no me encuentro.
Mi amigo apunta algo interesante: no todo es frivolidad. El facebook, si bien alimenta narcisos a través de la mera exposición de fotos banales y comentarios del mismo tenor, también da lugar, en algunos casos, a generar fenómenos de alta relevancia social (de alta relevancia "real") impensados hace 10 años. Una marcha de protesta por ejemplo.
Pienso en mi viaje de egresados. Hace 10 años, en el 2000, ninguno de nosotros tenía celular. Por la calle sólo se veian, cada tanto, algunos movicom del tamaño de un zapato, en manos de tipos trajeados con pinta de agentes de la side. Muy pocos tenían internet en la casa. El facebook era un sueño bradburiano. En ese momento, entonces, para avisar que un grupo de chicos se encontraban bien estando lejos de sus casas, se debía recurrir a la cadena telefónica. Se anotaba un listado en el que cada padre se comprometía a avisar al que seguía en la lista que "los chicos están bien"
La revolución tecnológica sobreviniente (hija de la expansión capitalista, al igual que la polución, las fiestas menemistas, los productos de sprayed, la narrativa de bucay, y los pastores que detienen nuestro sufrimiento con un vaso de agua), implica, básicamente, una ecuación peligrosa. Ya no se trata de poner la tecnología al servicio del ciudadano común, sino, justamente, de lo contrario. La intención no es abrir el repertorio social de interlocutores de una persona, sino, justamente, virtualizar sus vínculos y, de esa manera, que el único vínculo "real" que se construya a partir de tales adelantos sea, casualmente, una relación simbiótica entre la persona de carne y hueso usuaria del sistema y el sistema mismo (notebooks, celulares multiuso, etc). Claro que la trampa se puede evitar, pero no es nada fácil hacerlo. No resulta nada facil regular los comportamientos. La tecnología viene entonces a modificarnos, a exacerbar nuestra ansiedad, nuestra neurosis, (pensemos en un novio hiperceloso y la forma de canalizar sus demandas enfermas a través de un pedido de "comunicación permanente" con su novia) a encontrar mecanismos sumamente seductores para despertanos unas ganas locas de...de todo!
Volviendo a la película, el protagonista empieza a idear este monstruo llamado facebook la noche en la que es dejado por su novia.
Y es que, como siempre, Dolina tiene razón: todo lo que un hombre hace, desde un aforismo de narosky hasta una red social revolucionaria, esconde un solo fin: la conquista de un amor.

domingo, 7 de noviembre de 2010

ME VOLVI OTRO...



Gabriel García Márquez
(Colombia, 1928)


Memoria de mis putas tristes (fragmento)

"Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.

Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados. Cuando mis gustos en música hicieron crisis me descubrí atrasado y viejo, y abrí mi corazón a las delicias del azar.

Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor. "

domingo, 31 de octubre de 2010

EL SONIDO DE UNA LÀGRIMA...




"Gracias, Nestor. Fuerza, Cristina."

Por el Lic. Ricardo Seijas para "La Conquista de lo Inútil"


Algunas palabras, una pequeña crónica. Tal vez para salir un poco de la conmoción. Venimos de la capilla ardiente de Nestor.

El miércoles a la mañana primero fue la sorpresa, la incredulidad. Slato me llama y me dice la noticia. Me estás jodiendo, le digo. No entender, no querer entender, empezar a dar vueltas, encender la televisión, quedarse mirando absorto, un poco idiotizado.

Comienzan los mensajitos, los llamados entre compañeros. Fito, el Negro, Paula. Y ahora? El abismo? Me imagino los caranchos revoloteando.

Luego, el llanto intermitente, irrefrenable, descubriendo asombrado el valor de ese hombre para mí, descubrir en el dolor lacerante la pérdida todavía inconmensurable.

Recuerdo la primera vez que vi a mi papá llorando: en silencio ante el televisor en blanco y negro. Yo tenía nueve años. Las clases se habían suspendido, porque se había muerto el presidente Perón, ese señor que mi papá amaba y yo no entendía bien por qué.

También puedo reconocer la diferencia enorme entre su llanto y el mío. Creo que el perdía un padre absolutamente idealizado. Yo, apenas (apenas!!) un maestro torpe, un conductor necesario, un compañero que no temía embarrarse.

Decidimos con Edith ir a despedirlo. Me encuentro con Slato y Paula, Vivi, algunos amigos suyos, en Rivadavia y Perú, faltan dieciséis cuadras, son las 12 y 30. Un día soleado, primaveral. Extraño al GAM, es inevitable recordar otras marchas, otros momentos, el grupo juvenil, la Unidad Básica, la JUP. Mas acá, con otros, la asamblea.

Vamos comentando nuestras primeras sensaciones, las entrevistas que escuchamos, los artículos de Página, 678 del miércoles, la reacción de La Nación. Repasamos a los famosos y su manera increíble de salir del cuidado, la neutralidad o la frivolidad a la que nos tenían acostumbrados. Agradecimiento también a ellos, a Florencia, a Andrea, a Echarri, a Luppi.

Voy mirando las caras. Preocupación, seriedad, bronca, angustia, alguna sonrisa triste cada tanto. A veces la mirada se pierde, el pensamiento se reconcentra.

Una señora me alcanza La Nación, me aclara: también hay que leer al enemigo, y me señala un artículo de Lanata. El medio es el mensaje, Lanata, no lo sabías? ¿Cómo te atreves a escribir en La Nación un día como hoy?

Lo veo pasar a Luis Bruschtein de Página, lo saludo, lo felicitamos por la columna, esa que reenvió el Negro al GAM. Está un poco azorado, distraído. Hay que votar al bizco, me había dicho en el 2003. Yo -en pleno asambleísmo horizontalista- me resistí: es un pichón de Duhalde, entra por izquierda como Menem, después... Pero no, respondía tranquilo, el es distinto. No lo creía, ni cuando jugó con el bastón de mando y su mujer se reía de su payasez, ni aún cuando escuché esa frase maravillosa del primer discurso de presidente: no voy a dejar las convicciones en la puerta de la casa rosada. Luego comenzaron las sorpresas. Rep es un genio: se acuerdan de los huevitos Kirchner…con sorpresa. Pasábamos de una a otra, de actos y frases que quedarán para siempre en nuestras vidas. De retirar el cuadro del hijo de puta, hasta decirle a Bush que no nos iban a patotear…Del abrazo a Cristina en la pelea contra el campo, a las bromas que se hacían en público… qué modo increíble de mostrar su dimensión subjetiva, de transmitirnos el amor y el acuerdo que había entre ellos.

Es que sigo persiguiendo el ideal? No, no. Reconozco el valor del lazo, el valor de la polis y la necesidad de una práctica y de aquellos que la llevan adelante, para poder convivir, para poder sostener un espacio donde el sujeto sea posible.

Comienzan entre nosotros los relatos horribles. Sabía del odio feroz de Barrio Norte y de los comentaristas de La Nación, de las heridas que nos provoca su crueldad. No me asombró saber de esos festejos familiares, de los bocinazos y del intento de cacerolazo. Ya nos habían avisado de la vuelta de “viva el cáncer”.

Pero lo que no sabía era del amor de la gente. Alguien lo sabía? ¿Sabíamos que había un chico de diez años que iba a llorar desconsolado, diciendo fué mi amigo, pidiendo un aplauso por todo lo que Nestor hizo? ¿Sabíamos de los miles de pibes con la voz temblorosa agradecidos por haberles abierto la puerta de lo político? Sabíamos de las abuelas desesperadas por haber perdido su protector? Del censista que cagó a piñas a la familia que lo recibió festejando la noticia? De la nenita que quiso regalarle su muñeca a Nestor?

Que van a decir ahora? Que eramos extras, que estábamos comprados, que nos habían traído, latiguillos que repiten cuando los negros nos juntamos. Sí! Increíblemente pueden decirlo. El jefe de un amigo se lo dice con total desparpajo y recibe una contestación furiosa, implacable, sin cálculo alguno. Morales Solá dice que es una plaza del odio, se atreve decir que Kirchner no lo merece. Quién le contestará igualmente furioso? Tal vez algún compañero de 678, es increíble el lugar que tienen, cómo alivia.

Pasa Mariotto, lo aplaudimos, le gritamos. Pasa Sabatella, lo mismo.

Borombonbon, borombombon, para Cristina, la reelección!

La marcha peronista…hay mucho peronismo acá. Fue la CGT la primera en decir, Peron Evita y ahora Kirchner.

Argentina! Argentina!, Oleoleole, Nestor, Nestor!

Los mas cantados, con mas bronca:

Andate Cobos la puta que te parió! O: andate Cobos y llevate a la Carrió!

Che gorila, che gorila
no te lo repito mas
si la tocan a Cristina
qué kilombo se va a armar!

La hija de Vivi, que fue censista, nos cuenta que aún cuando las previsiones eran que en Nuñez nadie le iba a abrir la puerta, finalmente todos la recibieron muy bien y muy amables. También nos cuenta que su jefe se había tomado el trabajo –que no le correspondía- de ir edificio por edificio avisando el nombre del censista. El flaco militó el censo, me dice. Otro fracaso de los medios y van…

Gustavo y Paula tienen que irse, nos abrazamos, lo lamentamos.

Luego de algunas horas, ya son las 18, llegamos a Perú y Av. de Mayo. Ahí la cola comienza a transcurrir entre vallas, se hace compacta, se hace muy, muy lenta. Las piernas comienzan a endurecerse, el cielo a oscurecerse. Comienza a soplar un viento frío, vamos bien amuchados y estamos mas tiempo parados, quietos, que caminando. Entramos en la Plaza, nos desalentamos, nos damos ánimo, gritamos, cantamos.

Vemos las banderas de la Tupac cerca de la cola, de golpe intentan meterse delante nuestro. Los jujeños quieren hacernos una avivada porteña. Empiezan los gritos, hacé la cola, la putaqueteparió!. Luego de un momento de vacilación, la Tupac se retira, los aplaudimos. Reconocer el error, no persistir en el kilombo entre compañeros es una gran virtud.

¿La vieron a Mercedes llorando? Comparando este momento con el momento en que se fue de su casa paterna, y vagaba por las calles, hambrienta, viendo las vidrieras apetitosas de las pollerías, la ñata contra el vidrio, la angustia. ¿Escucharon la voz del negro D´Elía? Irreconocible, absolutamente transformada, ese gordo bravo llorando como un niñito.

Podíamos anticipar esta larga ceremonia pagana de duelo?

Hace mucho que en nuestra sociedad los velorios son un rito breve, silencioso, ordenado, contenido. No está bien mostrar los sentimientos de un modo excesivo.

Pero este duelo del pueblo no se puede educar. El cuerpo y la voz se hacen públicos, se dejan apasionar por el dolor pero también por el futuro.

Los gritos destemplados frente al cajón, la lluvia repentina y rabiosa de aplausos, la explosión irreverente de de los cantos, el tenor que entró cantando el Ave María, la mujer que se arrodilló con los brazos abiertos, el que hizo una payada, el que sacó un papelito y leyó una diatriba, miles golpeándose con el puño el corazón, o con los dedos en v, o simplemente el silencio, la mirada intensa, acuosa, el rostro atravesado por la angustia, enrojecido, pálido, rígido, descompuesto.

Cristina, inmóvil, cada tanto hace un gesto con la mano, o asiente con la cabeza. De pronto abandona su sitio y se abraza con alguno…toca y se deja tocar por esa multitud plena de amor.

Todos estábamos sorprendidos de nuestras propias lágrimas, de nuestra emoción, de descubrir que este amor que ya estaba y no lo habíamos reconocido.

Habían logrado asustarnos, silenciarnos, ser oficialista era ser candidatos a la mierda, al insulto, al odio. Hablo con el muchacho de seguridad de mi trabajo, me dice serio: perdimos al jefe, ya no en voz baja como hasta ahora. El remisero me confiesa su militancia en los 70, me cuenta que su hija de quince años lo llamó y le preguntó, papá y ahora qué hacemos? Luchar, hija, como siempre, le contesta. También me dice que le dieron ganas de militar nuevamente.

No tienen la sensación de salir del placard? No tienen la sensación de que ahora podemos estar orgullosos, que ya no va ser tan fácil maltratarnos?

Nos van avisando con los mensajitos: llegó Chavez, llegó Lula, se fueron. Justo cuando estamos por entrar, nos avisan que Cristina se fue. Finalmente entramos en la Casa Rosada, son las 22.30, vemos los carteles y las flores en las rejas, la cantidad inmensa de coronas a los costados junto a las fuentes, en el hall la del Diego, la de las distintas provincias, la de Scioli y Karina, nos vamos callando, nos ponemos en fila de dos, nos damos la mano con fuerza con Edith. Se vislumbran las luces del salón, los aplausos comienzan allí y se derraman como una ola débil. Pasamos, muy rápido. Ahí está Nestor, el semicírculo de los cercanos, se me estruja el estómago, algo en mi visión se pierde, no puedo enfocar en nada, un pequeño mareo, inédito. Me animo y grito: Gracias Nestor, fuerza Cristina! Estaba en el aire, luego supe que fueron las palabras mas dichas. Nos vamos aplaudiendo con otros, gritando contra Cobos. Salimos, la noche está fría, vamos alejandonos, nos abrazamos, Edith recién recibida –y con honores!-de cumpa, absurdamente sentimos una pequeña alegría por haberlo logrado, por haber persistido, por haber cumplido con la promesa no dicha a Nestor.

Tal vez también porque salimos con esperanza, porque somos mas de los que creíamos, porque es asombrosa la cantidad de jóvenes, porque todos queremos dar un paso mas para apoyar a Cristina.

Vamos a casa, a seguir llorando, a tratar de entender. A escribir esto.

Escucho en la tele a una señora morocha, sabia, bien de pueblo, decir: “sus ojos se cerraron, pero abrieron los de millones”. Vuelvo a llorar.

LO QUE VENDRA?




La resurrección del kirchnerismo
Por Daniel Guebel para Perfil


Las costumbres fúnebres que imperan en el arte de la política argentina se presentan bajo dos modalidades principales: el asedio sobre la yugular de los deudos, a fin de obtener nuevas raciones de sangre fresca, o la confirmación y continuidad de estos, enaltecidos y como auroleados por el dolor de la pérdida. Como la economía parece funcionar, y Cristina Fernández tiene voluntad, preparación cultural y arraigo político, su destino, trágicamente beneficiado por el deceso repentino y lamentable de Néstor Kirchner, parecería ser el de la reelección, algo muy distinto de la ignominia, el oprobio y el destrato que en circunstancias similares padeció Isabel Martínez. De todos modos, no le espera una tarea fácil. Deberá enfrentarse a la creciente desafección de los intendentes del Conurbano –que, progresivamente, se alinearán con el sciolismo, el felipismo, el reutemanismo o cualquier ismo alentado por Duhalde–, a las internas del partido; las relaciones con los sindicatos necesariamente se volverán más ríspidas.
También deberá ocuparse de los reclamos perpetuos de los citadinos industriales, prebendarios de siempre, que esta vez se quedaron fuera de la mesa chica de los repartos, y de los tironeos de los ahora agazapados tecnoindustriales campestres, que confunden las retenciones con el martirio y sus terrenos agroquímicos con la patria. Para no hablar de la Iglesia, que ofrecerá su apoyo y consuelo espiritual, ante la adversidad, a cambio de alguna secular concesión a sus rígidos reclamos medievales (es paradójico cómo una institución que subsidia su existencia vendiendo beneficios u horrores ultraterrenos, se lamente tanto ante el fin de la vida humana, como si en el fondo no creyera en la existencia del cielo).
Dejemos de lado el flanco no cerrado de sus enfrentamientos con la prensa periodística no alineada con lo que desde el Gobierno se llama Proyecto Nacional y Popular.
Curiosamente, dentro de este campo de conflictos no se incluye, por el momento, a las Fuerzas Armadas, ya que ahora de la represión se ocupan –como en Irak– empresas mercerizadas que, a su vez, encargan el trabajo sucio a saltarines de tablón de las canchas del ascenso.
Si, hasta el martes a la noche, el destino del kirchnerismo en las próximas elecciones aparecía complicado, el fallecimiento de su líder le da nueva vida y perspectivas. Es de observar cómo política y religión –si no son lo mismo por otras vías– muestran idénticos funcionamientos. Sin ser médicos, podemos inferir que Néstor podría haber vivido muchos años más, si la pasión por sus prácticas no lo hubiera llevado a desatender los consejos de los médicos. Esa pasión ajena a la moderación, lo colocará de seguro, en un lugar sacrificial que la tradición peronista conoce bien, ya que lo aplicó rigurosamente a sus figuras fundadoras (el cáncer de Evita como metáfora de su devoción por los pobres; la muerte de un Perón ya senil, como efecto de su frenética actividad por salvar del caos a la patria). El peronismo explica su vocación por el poder bajo la figura del salvacionismo. En ese punto, a futuro, su rival más peligroso no se encuentra en las fuerzas representadas en el Congreso, sino en el sector trotskista al que desde los márgenes del PJ le han producido una víctima verdadera, una inmolación no buscada.
Probablemente, el trotskismo (como el cristianismo), sería una secta desterrada de la memoria de los hombres si a “papá Stalin” se no se le hubiera ocurrido mandar clavarle una pica a su adversario. Su duración y persistencia en el tiempo tiene que ver con la fe en la causa última de una revolución que ha de llegar (lo mismo pensaban los profetas judíos) y con su aptitud no buscada para ser elegidos como víctimas de los crímenes.
Al mismo tiempo, comparten con el cristianismo la creencia de que la verdad viene de afuera: en un caso, gracias a la iluminación que recibió Pablo camino de Damasco, en el otro, gracias al efecto del estudio de los textos cabalísticos marxistas. Triunfará Cristina, porque Néstor se ofreció a la hecatombe de la pasión; triunfarán alguna vez los trotskistas, porque son como los cristianos primitivos entregados a las arenas de un circo, donde se sueltan los leones del mundo.

LAS CUESTIONES...





A seguir tu ejemplo
por Artemio López para Perfil


Se equivocó Claudio Escribano cuando advertía en su amenazante editorial del diario La Nación en el año 2003. Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos, por quien esto escribe, difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año.
Se equivoca Rosendo Fraga cuando a horas de la muerte de Néstor Kirchner escribió en el mismo diario: “La continuidad institucional no está en riesgo en la Argentina, pero puede estarlo la gobernabilidad en el tramo final del mandato de Cristina, si ella no aprovecha lo que posiblemente sea su oportunidad histórica: dejar de ser la presidenta de una facción, para pasar a serlo de todos los argentinos”. Nada ni nadie nos va a amedrentar y privarnos de darle el mejor homenaje que merece Néstor Carlos Kirchner: Defender el gobierno de Cristina sin condicionamientos y darle continuidad al proyecto iniciado en mayo del año 2003.
Por otra parte, estamos seguros de que la figura de Néstor Kirchner cobrará significación a medida que transcurra la historia. El mejor presidente desde la recuperación democrática, el único que tras su mandato devolvió el país con indicadores socioeconómicos mejores que los que encontró.
Bajó la pobreza a la mitad, la indigencia a un tercio, desendeudó el país, restauró la autoridad presidencial pero, por sobre todo, restituyó la política en un país devastado por el neoliberalismo y su ilusión de manejo tecnocrático de la cosa pública. Un gran hombre Néstor, sabía de su destino, era consciente de los riesgos de su enfermedad y se entregó siguiendo sus más firmes convicciones, las mismas que nos transmitió y serán las que nos impulsen a defender el gobierno de su compañera de toda la vida, nuestra presidenta Cristina, a pesar de las amenazas absurdas, ridículas, de los enemigos de la democracia.
Querido Néstor, no te vamos a olvidar, vamos a seguir tu ejemplo, vamos a cumplir.

EL CRISTINISMO...





Descansa en paz
por Daniel Link para Perfil


¿Qué decir más allá de las condolencias de rigor a los deudos y amigos de un muerto? Como sucede siempre en estos casos, al duelo por la desaparición física se superpone la urgencia para resolver los asuntos mundanos del fallecido y el reparto de su herencia.
Con Kirchner, desaparece uno de los mitos mediáticos de los últimos tiempos (el “doble comando”) y un misterio semántico, el “modelo”, que ahora deberá redefinirse, sobre todo porque es prácticamente imposible que la Dra. Cristina Fernández pierda las próximas elecciones presidenciales, ahora que, a sus muchas virtudes, agrega el hálito trágico de la viudez inesperada.
Los carteles que el mismo 27 de octubre se vieron en Plaza Mayo decían: “Perón, Evita y Kirchner están en el mismo cielo”. El Gral. Perón enviudó durante su segunda presidencia, pero nunca pudo sobreponerse al fantasma de esa muerta colosal que, desde el más allá, dominó el mundo como no lo había conseguido estando viva. Luego, el Gral. Perón murió, dejando viuda a la vicepresidenta, la Sra. Isabel Martínez, que accedió al sillón de Rivadavia (para desgracia de todos los argentinos, los peronistas en primer término) por ese deceso.
Aunque la viudez parece constitutiva de los vaivenes políticos de nuestro reino, el caso de la Dra. Cristina Fernández no coincide ni con uno ni con otro (pero la mitografía no precisa de grandes sutilezas): la muerte del Dr. Néstor Kirchner equivale a la del Dr. Alfonsín, y encuentra a su viuda en una curva ascendente impredecible hace tan sólo un año.
Más allá de su dolor personal, la Dra. Fernández debería salir fortalecida de este trance: si las encuestas electorales ya la favorecían por sobre su marido (porque sus virtudes públicas, sin duda, eran más visibles o más comprensibles para el electorado), ahora deberá demostrar, desde la soledad y el luto, que ella es no sólo capaz de proponer y sostener un modelo de gestión propio (sobre lo que no cabría sostener demasiadas dudas, a esta altura del partido), sino de ordenar ese equívoco gigantesco que llamamos peronismo, y de dotar de sentido a ese enigma político reciente, el kirchnerismo.
A esos dos ismos (uno del siglo XX y el otro del siglo XXI) deberá imponerse el “cristinismo”, una corriente de opinión más interesante que las anteriores porque reposa en una simpatía incondicional que prescinde de las anteriores: muchos “cristinistas” (entre los que me cuento) jamás se declararían “kirchneristas” y preferirían que no se los identificara como “peronistas” (es, una vez más, mi caso). Llamo PP, “peronismo paquete”, a esta mutación de las simpatías políticas.
No se trata, naturalmente, de coincidencias programáticas o ideológicas, porque ni el peronismo ni el kirchnerismo se caracterizaron nunca por una ideología o un programa diferente del pragmatismo (es decir: el sentido de la oportunidad). ¿Podrá el “cristinismo”, tan radicalmente moderno -glamoroso hasta la náusea, hipertecnológico (youtube, el twitteo y el titeo son sus formas de intervención más recientes) y que tan bien rinde televisivamente- imponerse a las potencias maléficas que habitan los ismos que lo precedieron?
Suponemos que sí, porque, ¿quién podría discutir con una mujer ya famosa por su habilidad retórica, su compromiso irrenunciable con las causas más peregrinas y a veces incomprensibles, su juvenil entusiasmo por las maravillas del mundo y además, ahora, viuda: frágil, sin nadie con quien compartir las durísimas exigencias del poder, en un año que hará coincidir los plazos del duelo y de la campaña electoral?
El Sr. Moyano se apresuró a garantizar su incondicional apoyo, y otro tanto irán haciendo los demás barones peronistas. Lo contrario sería percibido como una vileza por parte del electorado, ese sujeto de la soberanía tan volátil que muchos intelectuales (Torcuato Di Tella, embajador recientemente designado, entre ellos) han propuesto a la monarquía como la forma política que mitigue las cíclicas crisis argentinas.
Cristina reina. Y su regencia será recordada con justicia como un período incomparable de la política latinoamericana. Pero su asunción para un segundo período será una apoteosis de la que no deberíamos privarnos. Es por eso que, junto con nuestra más profunda solidaridad en este trance, le enviamos a la Sra. Cristina Fernández el deseo de que pueda capitalizar la triste carga que los excesos de carácter de su marido le han puesto sobre los hombros. Cristina reinará. ¿Qué más puede pedirse?

jueves, 28 de octubre de 2010

Y UN SENSUAL ABANDONO VENDRA...




"Murió Kirchner" fueron las primeras palabras con las que mama se dirigió a este blogger ayer al mediodía, cuando, recién levantado, me sentaba a la mesa a comer con ella, mi hermano y su mujer. Había pasado toda la noche en la casa de una amiga, por lo que mis sentidos se encontraban totalmente nulos de perceptibilidad.
Me quede en silencio. No hablé ni pensé sobre el asunto. Alguien más lo hizo: "ahora sin este tipo el país va a mejorar mucho" sostiene Regina(si es que la palabra sostener se puede aplicar a alguno de los enunciados que parten, despavoridas, de su boca), para luego continuar con un archiconocido como detestable latiguillo: "esta es una falsa democracia, yo prefiero a los militares". Para cerrar el certamen ( o mejor dicho,para cerrar mi participación en esa mesa, porque, ya estando este cuerpito a salvo de tanta putrefacción ideológica, la muy guarra siguió adelante con su ebrio derrotero mental), dejó de lado sus apreciaciones políticas (nada inoculadas sobre un fondo blanco, no?), para lanzar el frutillón del postre sobre la mesa; sin dudas una aguda observación sobre las problemáticas -individuales y sociales- en las que nos encontramos inmersos: "el problema que tenemos nosotros -aseveró mientras revoleaba los ojitos- es que vivimos en Lanús. Acá la gente tiene mucha maldad. En cambio, un amigo, que vive en Belgrano, me contó que allá se vive diferente. Allá podés sacar a pasear a tu perro de madrugada con total tranquilidad. Y si va un chico lindo a bailar las chicas no se le tiran encima como en los boliches de zona sur". Terminadas estas palabras me retiré de la mesa, pensando en que tan lindo no debo ser, teniendo en cuenta que las chicas del sur no se me tiran encima cuando voy a los boliches cargados de hormonas afiebradas que abundan por estos pagos.
Me acuesto a seguir leyendo "Ebano" de Kapuscinski. La tarde transcurre con tranquilidad mientras paseo por África. En Argentina, en Belgrano pero también en Lanús, Kirchner está muerto. No puedo, no sé cómo elaborar algo con respecto al tema. Pero alguien más murió: mi tío Roberto. La noticia me llega a través del llamado de mi prima uruguaya. Llamo a mi primo y arreglamos para encontrarnos. Mientras me ducho, algunas lágrimas se fusionan con el agua que cae a mis pies. "Voy al velatorio de un tío que no conozco" pensé. Pero la muerte, lo sabe Clarín pero no lo sabe mi viejo, redime. Dignifica.
Mi tía me pide que hable con mi papá y no puedo hacer otra cosa más que apenarme por ver, en sus ojos, la tristeza ante la imagen rota de la hermandad en el momento en que las sombras cubren las caras del viejo álbum familiar que caerá, irreversiblemente, en los agujeros del tiempo.
Los velatorios no dejan de ser un lugar de lo más extraño. El dolor siempre está, pero nunca, nunca, lo cubre todo. La vida, incluso allí, incluso rodeando al féretro y las lágrimas que lo mantienen siempre húmedo, se abre pasado entre los que están, todavía, de este lado: se conversa, se hacen bromas, se intercambian anécdotas banales e incluso se generan fantasías (sexuales o conspirativas) con los presentes que nuclean al muerto que nos convoca.
Me voy. Nos vamos. Comemos un pancho en la estación y nos tomamos el tren.
Llego a casa y me acuesto a medianoche. Y pienso en Martita, en su abrazo emocionado al verme, y pienso en Kirchner. Murió como un padre, tal vez, de la única forma en la que uno está obligado a irse de este mundo.