"Qué absurdos los hombres! Siempre en movimiento, siempre dispuestos a interesarse por todo. Cuando se acuestan dejan dicho que los despierten al rayar el día. Si se acercan a la chimenea permanecen de pie, listos para huir al otro extremo del cuarto, listos para huir siempre hacia cosas fútiles. Y tosen, fuman, hablan fuerte, temerosos del silencio como un enemigo que al menor descuido pudiera echarse sobre ellos, adherirse a ellos e invadirlos sin remedio."
"Abelardo había adoptado como nombre de guerra "El Tigre", con lo que continuaba la tradición de masculinidad felina inaugurada por Javier "El león" Milei, su colega argentino de la derecha latinoamericana, y de algún modo refrendada por el mismísimo Petro, que se había quedado con "El jaguar". Que el prestigio del paradigma félido atraviese indemne los antagonismos ideológicos da bastante que pensar. Indica, por lo pronto, hasta qué punto cierto imaginario macho puede ser transversal e ignorar el tablero político, consolidando un sistema de parentesco fundado en zarpas, rugidos e instintos depredadores, capaz de dividir en dos (al menos en dos) el territorio ya bastante sísmico de los hombres. Iván Cepeda, candidato del petrismo, fue quizá el damnificado más notorio de esa división. Perdió las elecciones y con él también perdió el modelo de masculinidad implícitamente postulado por su candidatura: sobria, sensible, pausada, anti-estridente, toda anteojos, filosofía y camisa de cuello Mao."
"La conexión no es de extrañar, dada la cantera de beligerancia sexualizada de la que proceden las fórmulas de masculinidad más a mano en Colombia. Si la "plaga de zurdos" le causa repulsión, es casi más por su déficit hormonal que por sus posiciones políticas. No menos testicular es la masculinidad que promueven los otros arquetipos del acervo colombiano: el guerrillero, el narco, el matón, el mafioso. Son todas variantes del macho alfa, suerte de un hombre dueño de sí, soberano, llamado a liderar y someter, que Abelardo cita y encarna a su modo cuando reivindica a la fuerza distintiva de su virilidad por encima de sus creencias ideológicas, el ideal al que debería aspirar todo varón que se precie, si no quiere perder lo que tiene."
"Si hay un hombre nuevo en el horizonte del colectivo "Hombres y masculinidades", tiene poco que ver con el que enarbolaban las huestes guevaristas en los años 60, universal, todo heroísmo y sacrificio, sujeto anónimo y todopoderoso de la Revolución. El que persigue el colectivo sería un hombre nuevo con minúsculas, discreto, siempre en proceso, dispuesto a articular sus experiencias con proyectos más amplios, sociales y políticos. Si fuera un perfil de red social, sería un hombre sensible, conectado con sus emociones y afectos, consciente de sus límites, su vulnerabilidad, sus puntos ciegos, y descreído de los mandatos de la masculinidad dominante, cuyo desmantelamiento es condición sine qua non de cualquier reseteo posible. Un hombre capaz de llorar, sentir, jugar, desconcentrarse, bailar, no saber, expresar sentimientos, hacer el ridículo, y encontrar en el cuerpo menos un instrumento de fuerza, poder o rendimiento que una guía senti-pensante, teatro de experiencias y fuente de conocimiento. Será hippie la masculinidad consciente?"
"Cuatro arquetipos que definen al varón: el Rey, el Guerrero, el Mago y el Amante, que ordenan su psique y le marcan la ruta para cultivarse en la masculinidad. Una vez enrutado, reconciliado con la sabiduría (el Rey), la acción agresiva (el Guerrero), la energía transformadora (el Mago) y la pasión vital (el Amante), el hombre tiene las herramientas que necesita para acometer la cuarta fase: "subir" otra vez, entrar en el mundo relacional e incorporarse a la polaridad "masculino/femenino" sin extraviarse, como un hombre auténtico: un hombre maduro."
"HOMBRES EN LA NIEBLA, LA DECONSTRUCCIÒN EN TIEMPOS ULTRA" (A. PAULS, LE MONDE DIPLOMATIQUE, NOVIEMBRE 2026)

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