domingo, 15 de febrero de 2026

QUERIENDO DESPERTAR...

 


En relación al proyecto de "modernización laboral" se viene hablando y escribiendo mucho por estos días. De todas las críticas que se le puedan hacer -y que ya se han hecho- me resulta importante poner el acento en dos puntos  que, a mi entender, se entrelazan y que mejor reflejan el espíritu nefasto de la ley: el descuento del salario al trabajador en caso no poder cumplir con su labor debido a una enfermedad de las llamadas "inculpables" (que ahora deberían ser llamadas "culpables"),  y el eventual pago del salario a cargo del llamado "Fondo de Asistencia Laboral"

De la única forma en que se puede legislar una baja del salario en casos de enfermedades inculpables es partiendo, desde el vamos, de que hay -per se- mala fe en todos los trabajadores. No en uno; sino en todos.  Y no solo mala fe, sino también vagancia, y no solo vagancia, además estupidez: prefieren contagiarse una enfermedad o lesionarse  a tener que ir a trabajar. Es dejar de pensar que la enfermedad es "inculpable" (como se entiende que lo es toda enfermedad) para pasar a pensar que es voluntaria. Es decir, se está legislando presuponiendo que los trabajadores entran a un vínculo laboral ansiosos por ver en qué momento empezarán a cobrar por no trabajar (como si fuera, además, que en la actual ley de contrato de trabajo el empleador no cuenta con mecanismos de control para evaluar la veracidad o no de la enfermedad denunciada por su empleado) 

La "mala fe" de los trabajadores, entonces, es el espíritu de esta ley.
Solo partiendo de la base de que una de las dos partes de la relación laboral va a actuar, desde el vamos, con mala fe es que ,también, se quiere implementar una salida de ese vínculo para el trabajador que no le implique costos a su empleador. La ley parece decirnos: "como al pobre empleador no le queda otra que contratar a uno de estos vagos y ventajeros, lo mejor es permitirle que les den salida de la forma más rápida y menos onerosa posible. Y algo más: si el empleador no tiene que poner de su bolsillo la plata para pagar la indemnización, el trabajador puede llegar a pensar - a priori- que eso no le afecta porque igualmente hay un fondo que le va a pagar, pero si piensa de esta forma está pasando por algo  no menor, no está viendo todo el vínculo sino solo su final. Y lo que no está viendo es que si el empleador no ve afectado su bolsillo para pagar una indemnización, pierde los "motivos legales" para cuidar el vínculo que mantiene con su empleado (esto incluye el cumplimento de las condiciones dignas de labor). Para este último no es solo importante que, si lo despiden sin causa, se la pague una indemnización; también es importante que quien deba hacerlo sea quien haya sido su empleador.
En el libro "De utopías, catástrofes y esperanzas", Oscar Terán dice: "En la Argentina los de más abajo miran a los ojos a los de arriba. Mirar a los ojos es el síntoma de la caída de la deferencia, es el signo más evidente de la convicción que tienen los argentinos de ser y sentirse iguales. Esto ocurre desde siempre, ya estaba en la idiosincrasia del gaucho, fue activado por las revoluciones, las guerras civiles y otros fenómenos a lo largo de la historia argentina, con su gran culminación el 17 de Octubre de 1945. De ahí en adelante desaparece absolutamente esa idea del tributo que los de abajo tienen que rendir a los de arriba a cambio de la protección que los de arriba brindan a los de abajo. Yo viví bastante años en México y allí hay gente que, aún hoy y más allá de su situación económica, a ciertos lugares no puede ingresar, no se anima a ingresar. Siente que no tiene derecho a entrar. Ese es un fenómeno que se da en casi toda América Latina y que aquí no existe o existe poco. Aquí uno tiene el derecho de estar en todas partes."
De Cristina, en este momento, no es lo más importante pensar si es justa su condena o no; lo que sí merece pensarse es una frase que ella dijo, y que vuelve a mí en este momento: "no vienen por mí, vienen por tus derechos."
Podemos agregar, volviendo a Oscar Terán: vienen para que la parte de la población que levantó la cabeza en algún momento de la historia vuelva sobre sus pasos, se arrepienta de su error, vuelva a bajar la cabeza y acepte mansamente su destino latinoamericano.

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