Es muy probable que, mañana, no se tome nota de la marcha de hoy ( como tampoco lo hicieron con las anteriores), pero la razón para sentirse derrotados no sería esa, sino pensar que esta monstruosidad que hoy nos toca en suerte va a seguir adelante en los próximos años. Esperemos que no.
Ellos, los que están hoy, no tomarán nota; pero los próximos, los que vendrán cuando lo peor haya pasado, tendrán que acusar recibo.
Ninguna marcha multitudinaria se agota en los resultados inmediatos que con ella se consigan en la coyuntura política y social que la origina.
No le hablan solo al presente, sino también al pasado y al futuro. La marcha por la educación pública en nuestro país es esa llama que ilumina , en un mismo momento y bajo un mismo cielo, tres planos temporales de nuestra existencia: lo que fuimos, somos y seremos, y esto es, tal vez, una posible definición de identidad.
No hay dónde esconder tantas manos...
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