Pasó el mundial, quedó la sensación de extrañamiento con respecto al desempeño de los jugadores argentinos en la final. Y, por varios días, ese extrañamiento puso a circular ideas de conspiración en nuestra contra; solo por mencionar algunas: desde la locura lisa y llana ("había francotiradores en el estadio apuntando a los jugadores") hasta ideas menos desquiciadas -pero no por ello del todo creíbles- sobre presiones en el vestuario para "olvidarse de todo" (como se lo escuchó decir a Messi antes de salir a la cancha) y de esta forma evitar una dura sanción de la FIFA por el incidente "Malvinas", que -según se comentó- hubiera consistido en expulsar a la Argentina de las tres próximas copas del mundo.
Se intenta justificar las teorías no sólo por la derrota sino - fundamentalmente- en que el equipo fue una sombra. Sea.
Algunas cuestiones al respecto. Si tenemos en claro que el fútbol es un gran negocio del capitalismo, y que la FIFA es la institución política que administra ese negocio, y si sabemos que los grandes negocios mueven los grandes capitales que hacen que los poderosos sostengan su poder en el tiempo, y que ser poderoso implica una dualidad frente a la ley (decidir qué es la ley para -por supuesto- no sólo ubicarse por fuera de ella, sino además aplicarle al que nos molesta por algún motivo una "normativa" que no está escrita en ningún lado y que no fue consensuada con los actores intervinientes), simplemente no me parece honesto que todo ello aparezca cuando nos toca perder. Porque cuando ganamos el mundial de Qatar, hace cuatro años, nunca escuché a nadie decir : "estoy muy emocionado, este equipo nos representa, es pura garra y corazón, pero a la vez tengo mis dudas de si no ganamos porque arreglamos con la FIFA en contra de Francia." Porque si el partido estuvo arreglado en un despacho y no fue consecuencia de lo jugado en la cancha, si esa duda aparece, entonces la emoción se vacía de contenido, y el corazón y la garra se nos van al tacho. Y solo queda en pie la sospecha de un acto más de corrupción a los que nos tienen acostumbrados los poderosos. Si eso pasa, si esa cuestión nos invade, entonces nuestro deseo de una alegría pura, inmaculada, se trunca. Por el contrario, si nos toca perder, dejar abierta esa ventana -la de la intimidación del poderoso- deja a salvo la integridad de los corazones de los jugadores que -creemos- nos representan.
Será que, tal vez, no toleramos las contradicciones. Será que nos explota la cabeza con el solo hecho de pensar que los mismos jugadores que tuvieron una actuación excepcional, vibrante, ante los ingleses, pocos días después hayan jugado de una manera tan somnífera. Es verdad, no lo esperábamos. Pero, para no reducir todo a una conspiración de los poderosos, también podemos pensar que el "olvidar todo" del capitán no tenía tanto que ver con olvidarse de ganar el mundial, sino de jugar concentrados, ajenos a los comentarios que circularon en la semana sobre el "juego sucio" de nuestro equipo. Y podemos agregar que, tal vez, en ese vestuario cayó la ficha de que no solo estaban por jugar una final, sino que también se trataba del final de Messi en la selección. La final y el final, todo al mismo tiempo.
A esto último podríamos agregar que el nivel de nuestro equipo nunca fue superlativo, que después de superar una fase de grupos contra rivales de segundo nivel, casi vamos a penales con Cabo Verde, y estuvimos a pocos minutos de ser eliminados por Egipto. Si Messi se llegaba a desinflar, era probable que el equipo -en algún momento- siguiera ese camino.
El fútbol como compensación simbólica ante los males del país y las causas -Malvinas por ejemplo- que se mantienen como heridas abiertas? Puede ser, pero entonces habría que bajar un par de velocidades en lo que un mundial genera en nuestro estado de ánimo, porque si una compensación es simbólica, entonces no es real.
El fútbol como demostración de un mix de inteligencia, unidad, talento, garra, integridad, solidaridad, resiliencia y coraje (los valores que reclamamos para nuestra clase dirigente y para nosotros mismos como sociedad), puede ser, pero no podemos pensar que nada de eso existió si no se alcanza siempre y en toda instancia el resultado deseado. Como se dice en el ajedrez: las negras también juegan. Y no necesariamente haciendo trampa.
En lo personal, prefiero pecar de ingenuo, y como quiero seguir manteniendo mi cuota de alegría y emoción cuando veo los mundiales, y como quiero seguir pensando en que lo más importante no es el fútbol (sino algunas escenas sociales que el fútbol habilita) prefiero no pensar en que si ganamos lo hicimos con el corazón y si perdimos nos hicieron perder los poderosos. Simplemente no me parece justo. Y me resulta llamativo que gente grande salga emocionada a la calle para festejar victorias si ya tienen de antemano guardada en el bolsillo la idea de que "el fútbol está todo podrido como la política". Estirando ese razonamiento, si está todo podrido, está todo podrido con independencia de si ganamos nosotros o si ganan los otros. Y, en ese caso, mejor dedicar nuestra energía, nuestro tiempo y nuestra emoción a alguna que otra actividad que no esté completamente contaminada por los poderosos de turno.
Prefiero seguir pensando -en el fútbol y fuera de él- que no todo está resuelto de antemano, para bien o para mal.
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