Ante la última bravuconada del presidente para con su par de Brasil (y estando de invitado en el país vecino!) se me actualiza una pregunta que me había hecho hace un tiempo, sin respuesta entonces como ahora: ¿nunca recibió una paliza este tipo? Por que Milei no es Macri, que ya desde el jardín de infantes tenía custodia personal. El Javo no; llegó casi a los cincuenta años caminando por la calle como uno más. Milagrosamente, es una persona que pasó por instituciones (no justamente por la que hubiera sido conveniente que pasara): el colegio, la universidad. Trabajó también en su sacrosanto sector privado, por supuesto. Resulta difícil imaginarlo en un quincho comiendo un asado con amigos, pero aún así no estuvo encerrado en una habitación toda su vida (sí, quizá, en su temprana infancia) La pregunta es, entonces, ¿en ninguna de estas instancias de socialización recibió una paliza? No una bofetada, no una trompada, sino una de esas palizas que dejan a un tipo como al personaje de la naranja mecánica: hospitalizado y todo roto por un largo tiempo (no leí lo que se escribió sobre él, tal vez haya información al respecto)
Que es un ser humano fallado está a la vista. Que -siguiendo el título de una novela de Guillermo Saccomanno- su alma tuvo un terrible accidente, no hay dudas; lo que resulta sorprendente es que en su camino vital no haya recibido nunca ningún tackle lo suficientemente fuerte como para frenar la corrida que lo depositó en la rosada.
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