martes, 1 de septiembre de 2026

Y DOS PIERNAS QUE SON TODO EL TESORO...

 


Cuando pienso en Messi, siempre pienso es una paradoja: siendo, como es, el jugador de fútbol más extraordinario que haya dado este siglo XXI, resulta ser -al mismo tiempo- la persona más aburrida del mundo cuando no tiene una pelota en los pies.  En más de veinte años de carrera, las única palabras que salieron de su boca fuera del registro monocorde y robótico (y que, por ello, resonaron al día de hoy) resultaron ser: "andá pa allá bobo."

Si dentro de la cancha hay un empate técnico entre Diego y Messi (aunque, si nos ponemos a hacer cuentas, al parecer las encuestas inclinan la balanza a favor del segundo), fuera de ella el contraste entre ambos es abrumador, entre el caos permanente (del cuerpo y de la mente) y el control absoluto (del cuerpo y de la mente), lo cual abre el interrogante contra-fáctico: Diego pudo haber sido todavía mejor? De Messi no quedan dudas: no pudo. Y quizá nadie pueda, ni en este siglo ni en los que vendrán. 


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