"El hecho de que seamos no sé cuántos millones de personas y sin embargo la comunicación, la comunicación completa, sea del todo imposible entre dos de esas personas, para mí es una de las grandes tragedias de este mundo.
Observar un ave también me hace sentir bien. Nadie la odia ni la envidia, nadie quiere nada de ella, nadie la necesita. Nunca tiene problemas, nunca está en peligro, y puede comer lo que quiera.
Un autor necesita tres cosas: experiencia, capacidad de observación e imaginación. Puesto que mi talento es el lenguaje, no me queda más remedio que expresar torpemente con palabras emociones que la música expresaría mejor y de forma más sencilla. Pero yo prefiero las palabras, porque prefiero leer que escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y las imágenes que evocan las palabras surgen del silencio.
Una de las cosas más tristes es que lo único que puede hacer un hombre durante ocho horas al día, un día tras otro, es trabajar. No se puede comer, beber o hacer el amor durante ocho horas al día. Lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar, que es el motivo por el que el ser humano se hunde a sí mismo en la miseria y la infelicidad, arrastrando con él a todos los demás.
La vida es movimiento, y al movimiento le interesa aquello que mueve al hombre: la ambición, el poder y el placer. La conciencia moral es la maldición que el hombre tuvo que aceptar de los dioses a cambio del derecho a soñar.
Nunca me he visto en la situación de tener que elegir entre traicionar a un amigo o traicionar a mi país, pero si alguna vez me ocurre, espero tener las agallas de traicionar a mi país.
En las novelas que he escrito es esencial la sensación de un firme obstáculo que es preciso sortear -una montaña, por ejemplo, que hay que rodear, escalar o atravesar - en torno al cual gira la historia.
De Proust aprendí a observar de otra forma a los personajes, me enseñó la perspectiva moderna del inconsciente, me ofreció todo lo que yo podía asimilar de esa perspectiva. Como no era capaz de leer a Freud o a Jung, accedí a ellos a través del filtro de Proust.
Diría que la escritura te hace madurar y tú haces madurar la escritura, y por último, con todo lo que has birlado, logras una amalgama que tiene personalidad propia, la tuya, y entonces eres capaz de devolver esas deudas con una pequeña cuota de intereses, que es lo único honorable que debe hacer un escritor, al menos un escritor que roba, como yo.
El talento, por muy grande que sea, no puede sostenerlo todo, mientras que una pasión dominante es capaz de conferir a toda una serie de novelas la unidad de un sistema.
Señálame al hombre feliz y yo te señalaré sumo egoísmo, maldad o, si no, una absoluta ignorancia.
El mundo está hecho de una sola pieza, por supuesto; en todas partes se dedica a la misma lucha subterránea...no hay paz en ninguna parte donde haya vida humana, pero de todos modos hay sectores tranquilos y otros más activos.
No recuerdo quién fue, pero su teoría me pareció muy acertada. Decía que los ingleses tratan los lugares comunes como si fueran algo extraordinario, y los estadounidenses tratan lo extraordinario como si fueran lugares comunes. En el humor escrito yo creo que se cumple.
En la literatura, la universalidad sólo se alcanza mediante la representación de un hombre específico en unas circunstancias específicas.
Una prueba irónica de la belleza y de la universalidad de la cultura es el hecho de que los descendientes de aquellos que nos esclavizaron cantan ahora espirituales negros y experimentan gracias a ellos una exaltación de su propia humanidad.
La comprensión del arte depende en última instancia de la voluntad del espectador de extender su humanidad y ampliar su conocimiento de la vida humana.
El tema del arte es el tema de la vida misma. Esa distinción artificial entre artistas y seres humanos es precisamente la que todos padecemos. Un artista es tan sólo alguien que excava, desentierra y profundiza en partes de la experiencia accesibles a cualquiera en todas partes, pero él las exhibe como una especie de espantapájaros para mostrar a todo el mundo lo que es posible hacer con ellas.
En la ficción se dan la mano lo absoluto y lo relativo, por así decirlo; la expresión de lo general y lo particular. Y eso, para mí, es lo emocionante, tanto en la vida como en el arte."
"THE PARIS REVIEW" (ENTREVISTAS 1953-1983)
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