lunes, 16 de febrero de 2026

LA COMUNIDAD ORGANIZADA




Palabras pendientes del último posteo y una recomendación.

1) Si los empresarios son los grandes benefactores en una sociedad, los auténticos "héroes" según los definió el presidente argentino, cabe preguntarse quiénes vendrían a ser los villanos de la película (sabemos desde niños que a todo héroe se le opone un villano). La actual ley laboral en discusión responde esa pregunta de forma muy clara, no quedan dudas acerca de quién es la piedra en el zapato del empresario-héroe: las personas que trabajan para él. 
Empiezan a quedar claras, también, las respuestas a las siguientes preguntas: la libertad de quién se quiere? para hacer qué? a costa de quién? Es verdad: los antecedes preanunciaban todo: la justicia social era una aberración, y un trabajador tiene el derecho a morirse de hambre. Estábamos avisados. 
Y algo más: si al presidente le encanta agachar la cabeza ante su patrón-héroe del norte, por qué pensar que a los trabajadores del país que gobierna también les va a encantar hacer lo mismo frente a sus patrones locales?

2) El documental "Cuestión de Tiempo" en Netflix. Gira en torno a uno de los recitales que dio Eddie Vedder (nuestro único héroe en este lío) en el marco de la campaña para combatir la enfermedad "EB" (una alteración genética que se desarrolla desde la primera infancia y que hace que las personas que la padecen tengan la llamada "piel de mariposa"). El documental confluye en el recital, (al que asistieron los pacientes, sus familias y los médicos) pero muestra también las historias de esos chicos y sus familias en la pelea contra la enfermedad.  
Curioso: vemos, allí, en la tierra donde late el corazón del capitalismo más individualista, el deseo de una comunidad organizada.

domingo, 15 de febrero de 2026

QUERIENDO DESPERTAR...

 


En relación al proyecto de "modernización laboral" se viene hablando y escribiendo mucho por estos días. De todas las críticas que se le puedan hacer -y que ya se han hecho- me resulta importante poner el acento en dos puntos  que, a mi entender, se entrelazan y que mejor reflejan el espíritu nefasto de la ley: el descuento del salario al trabajador en caso no poder cumplir con su labor debido a una enfermedad de las llamadas "inculpables" (que ahora deberían ser llamadas "culpables"),  y el eventual pago del salario a cargo del llamado "Fondo de Asistencia Laboral"

De la única forma en que se puede legislar una baja del salario en casos de enfermedades inculpables es partiendo, desde el vamos, de que hay -per se- mala fe en todos los trabajadores. No en uno; sino en todos.  Y no solo mala fe, sino también vagancia, y no solo vagancia, además estupidez: prefieren contagiarse una enfermedad o lesionarse  a tener que ir a trabajar. Es dejar de pensar que la enfermedad es "inculpable" (como se entiende que lo es toda enfermedad) para pasar a pensar que es voluntaria. Es decir, se está legislando presuponiendo que los trabajadores entran a un vínculo laboral ansiosos por ver en qué momento empezarán a cobrar por no trabajar (como si fuera, además, que en la actual ley de contrato de trabajo el empleador no cuenta con mecanismos de control para evaluar la veracidad o no de la enfermedad denunciada por su empleado) 

La "mala fe" de los trabajadores, entonces, es el espíritu de esta ley.
Solo partiendo de la base de que una de las dos partes de la relación laboral va a actuar, desde el vamos, con mala fe es que ,también, se quiere implementar una salida de ese vínculo para el trabajador que no le implique costos a su empleador. La ley parece decirnos: "como al pobre empleador no le queda otra que contratar a uno de estos vagos y ventajeros, lo mejor es permitirle que les den salida de la forma más rápida y menos onerosa posible. Y algo más: si el empleador no tiene que poner de su bolsillo la plata para pagar la indemnización, el trabajador puede llegar a pensar - a priori- que eso no le afecta porque igualmente hay un fondo que le va a pagar, pero si piensa de esta forma está pasando por algo  no menor, no está viendo todo el vínculo sino solo su final. Y lo que no está viendo es que si el empleador no ve afectado su bolsillo para pagar una indemnización, pierde los "motivos legales" para cuidar el vínculo que mantiene con su empleado (esto incluye el cumplimento de las condiciones dignas de labor). Para este último no es solo importante que, si lo despiden sin causa, se la pague una indemnización; también es importante que quien deba hacerlo sea quien haya sido su empleador.
En el libro "De utopías, catástrofes y esperanzas", Oscar Terán dice: "En la Argentina los de más abajo miran a los ojos a los de arriba. Mirar a los ojos es el síntoma de la caída de la deferencia, es el signo más evidente de la convicción que tienen los argentinos de ser y sentirse iguales. Esto ocurre desde siempre, ya estaba en la idiosincrasia del gaucho, fue activado por las revoluciones, las guerras civiles y otros fenómenos a lo largo de la historia argentina, con su gran culminación el 17 de Octubre de 1945. De ahí en adelante desaparece absolutamente esa idea del tributo que los de abajo tienen que rendir a los de arriba a cambio de la protección que los de arriba brindan a los de abajo. Yo viví bastante años en México y allí hay gente que, aún hoy y más allá de su situación económica, a ciertos lugares no puede ingresar, no se anima a ingresar. Siente que no tiene derecho a entrar. Ese es un fenómeno que se da en casi toda América Latina y que aquí no existe o existe poco. Aquí uno tiene el derecho de estar en todas partes."
De Cristina, en este momento, no es lo más importante pensar si es justa su condena o no; lo que sí merece pensarse es una frase que ella dijo, y que vuelve a mí en este momento: "no vienen por mí, vienen por tus derechos."
Podemos agregar, volviendo a Oscar Terán: vienen para que la parte de la población que levantó la cabeza en algún momento de la historia vuelva sobre sus pasos, se arrepienta de su error, vuelva a bajar la cabeza y acepte mansamente su destino latinoamericano.

martes, 10 de febrero de 2026

10 AÑOS...MADRE

 


En estos días se cumplieron diez años de la partida de mamá. Cuando vuelvo atrás en el tiempo, advierto una paradoja: muchas veces, antes del día en que se descompensó en su casa, me había representado esa misma escena: que yo estaba en su casa, que ella perdía el conocimiento, que la ambulancia tardaba mucho,  que la desesperación me nublaba y que no sabía qué hacer. Una especie de pesadilla lúcida que, cada tanto, y sin motivo aparente, fue irrumpiendo en mi mente a lo largo de mi vida. Y un día la pesadilla fue real, como pasaba en las películas de Freddy.  Y el hecho de haberme representado esa situación en forma previa -y en reiteradas ocasiones- no sirvió de nada: pura impotencia. Lo peor no solo pasa cuando menos lo esperamos; por lo que los pensamientos anticipatorios no sirven como conjuro contra la desgracia.

A los pocos días de su muerte escribí un texto largo. En esos tiempos iba a un bar  en el Abasto en el que, los domingos por la noche, se realizaba un festival de poesía. Recuerdo, el domingo siguiente a la muerte de mamá, haber ido con un amigo a ese bar y que mi prima -una de las coordinadoras del ciclo- leyó para todos los presentes ese texto que yo había escrito. Hubo muchos aplausos y eso fue, para mí, el principio del fin del dolor y la apertura a una sensación de alivio intenso: " te vas aplaudida", pensé.

La sensación de alivio se profundizó en los días siguientes, por varias razones; por un lado ella disfrutó mucho  sus últimos años: de sus amigas, de sus viajes, de su reencuentro con sus ex-compañeras de colegio, de su nieto; por otro lado, y de esto me di cuenta después, se me hubiera hecho muy difícil verla envejecer. 

Diez años pasaron. No sé para ustedes, pero para mí pasaron grandes cosas en estos diez años, y espero otras tantas para los próximos diez.

Algo más, no menor. Una de las canciones más conmovedoras de Pearl Jam se llama "Release" ("Liberación"). La letra, en una parte, dice: "yo voy a esperar en la oscuridad a que vos me hables". Desde mi adolescencia que soy fanático de Pearl Jam, pero especialmente de esa canción, y más específicamente de esa parte de la letra, y tardé muchos años en darme cuenta la razón. Hasta que un día tuve una epifanía: entendí. Conecté las partes, y todo se iluminó. Y el acto de entender fue muy poderoso, como las pocas veces que, de verdad, uno entiende algo.

En mi infancia la pasé muy mal en varios de mis cumpleaños ("olor a hogar te puede ahogar", dice la letra de otra canción). En las reuniones se me generaba una angustia muy fuerte y me terminaba yendo a mi habitación, a refugiarme de los adultos, escondido debajo de la cama, en la oscuridad. Era mi mamá la que me venía a buscar, para hablarme y convencerme de que todo iba a estar bien, de que podía volver otra vez al mundo de los adultos.

Le agradezco, entonces (y el agradecimiento es también de las sensaciones más fuertes que se puedan experimentar), que me haya ayudado a cruzar el umbral, que me haya facilitado que hoy pueda estar, a plena luz del día, queriendo y sufriendo a los adultos que me rodean.

Y agradecida está la banda que hilvanó nuestras vidas, y que hoy le dedicamos esta canción...

pd: viste mamá que al final no perdía el tiempo en los bares?


martes, 3 de febrero de 2026

VIENTOS DEL PRESENTE...

 


Entre las mejores películas que fui a ver al cine en el 2025, puedo nombrar: "Anora", "Aún estoy aquí", "Bugonia", "Una batalla tras otra" y "Valor Sentimental".

En este 2026 acabo de ver una que, no tengo dudas, quedará entre las mejores: "Sirat, trance en el desierto"
Los diálogos son exiguos, casi no hay palabras; es otro el lenguaje que se nos presenta en la pantalla. Lo que sí abunda, como sensación inequívoca, es el viento densísimo del desierto (el viento densísimo de estos tiempos) soplando con furia en nuestras caras. El viento que arrasa.
Una película para gobernarnos a todos.