sábado, 30 de julio de 2022

LADRILLOS AL AGUA...




"Si tuviera que asaltar el banco más protegido de América , en mi banda sólo habría poetas. El atraco concluiría , probablemente, de forma desastrosa, pero sería hermoso." 

"Todos tenemos un antepasado imbécil. Es una sombra, pero también es nuestro hermano, y pervive en el fondo de nosotros mismos con nombres diferentes que expresan nuestro grado de implicación en el crimen: miedo, ridículo, indiferencia, ceguera, crueldad."

"Qué libro le regalaría usted a un condenado a muerte?, me preguntó. No sé, dije. Yo tampoco lo sé, dijo el librero, y me parece terrible. ¿Qué libros leen los desesperados? ¿Qué libros les gustan? ¿Cómo se imagina usted la sala de lecturas de un condenado a muerte?"

"El caso de la poesía argentina, bastante desconocida por cierto, establece un desarrollo sin rupturas con el pasado. Una maduración natural y la consiguiente decantación, que confluyen en una integración de aquellas voces importantes dentro del mapa poético, para abordar por medio de un lenguaje conversacional la problemática del hombre fragmentado e incomunicado de hoy."

"La vanguardia está constituida por la continuidad de aquellas voces que desarrollan una poesía que escapa tanto del populismo (que solo busca la rutinaria satisfacción de la masa) como del hermetismo esteticista. En mi opinión la tarea es, luego de entender que pueden coexistir la vanguardia y el compromiso, la exposición lúcida de los sentimientos de la gente, lo que constituye un acto de lucha."


"La manera de vivir de esta poesía es el sobrevivir de cada día, con la vitalidad del grito, la frescura de la ironía, el respaldo del oficio y la esperanza en un mundo más justo. Así, irrumpe repartiendo salud y agitación y cae como "ladrillo al agua".


"Nadie llega más hondo que Lemebel. Y encima, por si fuera poco, Lemebel es valiente, es decir sabe abrir los ojos en la oscuridad , en esos territorios en los que nadie se atreve a entrar. ¿ Que cómo supe todo esto? Fácil. Leyendo sus libros. Cuando todos los que lo han ninguneado estén perdidos, Pedro Lemebel será aún una estrella."

"El suicidio de Gabriel Ferrater, uno de los mejores poetas catalanes de la segunda mitad del siglo XX, se encuadra en la categoría de los suicidios cerebrales o concienzudamente premeditados, sin que ello quiera decir, en modo alguno, que Ferrater se pasar la vida acariciando su propio suicidio, de la misma forma que otros poetas acarician su hipertrofiado ego. Al contrario, parece ser que a los veintitantos años, más cerca de los treinta que de los veinte, Ferrater decidió suicidarse y eligió el año 1972, un año, visto así, tan vulgar como cualquier otro, con la única salvedad de que aquel año él cumpliría cincuenta, una cifra y una edad redondas. Vivir más allá de los cincuenta años, consideró, era, más que una pérdida de tiempo, una claudicación a los bochornos de la edad. Mientras llegaba aquella fecha fatídica, pero aún lejanísima, se dedicó en cuerpo y alma a leer, a traducir (Kafka, Chomsky), a follar, a beber, a viajar, a visitar museos, a atravesar en moto Barcelona, de arriba a abajo, con litros de whisky en la sangre, a cultivar la amistad, a enamorarse de mujeres extrañísimas. Cuando por fin llegó el año 1972 y a los cincuenta años de su vida, en un pueblito cercano de Barcelona, cumplió su destino y se suicidó, A nadie le pareció anormal."


"El olor de las multitudes encerradas sabe a polvo y a muerte, tal vez la misma cosa.  El olor de las multitudes en grandes espacios abiertos, como estadios y explanadas, sabe a miedo. Por el contrario, me gusta pasear por el paseo marítimo de Blanes en verano. Me gusta contemplar la playa. Allí, en esa aglomeración triunfal de cuerpos semidesnudos, hermosos y feos, gordos y flacos, perfectos e imperfectos, el aire nos trae un olor magnífico, el olor de las cremas bronceadoras. Me gusta el olor que desprende esa masa de cuerpos abigarrados. No es perfecto. A veces, incluso, es un olor melancólico. Y puede que hasta metafísico. Huelen a democracia, huelen a civilización."

"Lo importante es que aún podemos reírnos y nos manchar a nadie con nuestra sangre. Lo importante es que seguimos en pie y no nos hemos vuelto ni cobardes ni caníbales."


ROBERTO BOLAÑO (" A LA INTEMPERIE")




jueves, 28 de julio de 2022

UN NOMBRE...




Primero fue "Pizza, Birra, Faso", luego la inolvidable "Bolivia" y, hace veinte años ya, Adrián Caetano nos entregaba otra joyita : "Un oso rojo". Bien pudo haber sido una de las tantas (buenas) películas que nos ofrece el cine nacional. Pero si quedó en la memoria de muchos de nosotros, no hay otra explicación que un nombre: Julio Chávez.

Producida por Lita Stantic (bajo condición de que sea protagonizada por Chávez), el rodaje de la película coincidió con el estallido de fines del 2001, y estuvo a punto de cancelarse por falta de presupuesto.
Diez años después, Chávez interpretó al "puntero". Interesante pensar al personaje del gitano como una continuación de la vida del personaje del oso; así como también resulta interesante pensar al personaje de Lombardo en el puntero (interpretado por Rodrigo De La Serna) como continuación del personaje de Ricardo (interpretado por el mismo De La Serna, en Okupas)
Me gusta encontrar algún registro de emotividad allí donde un personaje solo parece tener para ofrecer su violencia. Volviendo a "un oso rojo", nunca olvidé la escena en la que el oso está comiendo con su hija en una pizzería y la nena le pregunta si mató a alguien. "Cómo voy a hacer eso?. Eso está mal!" fue la respuesta.
Lo increíble de Chávez: dice en la entrevista que, cuando le ofrecieron el papel, sintió que nada más alejado de sus posibilidades eso que le estaban pidiendo. Que nunca le pegó a nadie. Que nunca nadie le pegó a él. Pero después se acordó de que es actor.
Y, al ver la película, nos hace recordar que no es que solo sabe actuar un personaje. "Saber actuar sé actuar yo; Julio Chávez hace otra cosa." dijo Cecilia Roth.
De esas otras cosas, de esas cosas sin nombre, es que está hecho el arte que nos hace más libres.

sábado, 23 de julio de 2022

LAS BUENAS MANERAS...

 




Sylvia Molloy

Desarticulaciones (fragmento)

"Cuando empezó a perder la memoria (digo mal: solo puedo decir cuando yo noté que empezaba a perderla) comenzó a usar mucho más las manos. Llegaba a un lugar conocido y se ponía a tocar cuanto había sobre una mesa, un estante, como un chico toquetón, de esos para cuyas visitas hay que preparar la casa escondiendo objetos o poniéndolos fuera de su alcance. Tomaba un objeto en la mano y lo volvía a colocar no exactamente en el lugar donde lo había encontrado sino levemente corrido hacia la derecha o la izquierda, como quien quiere corregir un error encontrando el emplazamiento justo. Todo esto en silencio y con enorme aplicación. Nunca le pregunté por qué lo hacía aunque más de una vez, de nuevo como a un chico, le dije irritada "por favor no toques nada”. Me costaba aceptar que había empezado a poner en práctica, instintivamente, la memoria de las manos. Como la Greta Garbo de Reina Cristina, estaba recordando objetos, no para almacenarlos en su mente sino para orientarse en el presente.
Dos personas que se quieren se inventan nombres, apelativos absurdos basados en algún secreto o alguna experiencia compartida de la que nadie sabe, nombres a veces infantiles, muchas veces obscenos, ridículos: es el lenguaje del amor, intraducible. En un sueño me encuentro hablando por teléfono con A. y de pronto pasa E. y le digo algo usando un nombre que antes usaba con A. Al oírme decir ese nombre, A.
Previsiblemente cuelga el tubo. Es tan solo un sueño.
Pienso a veces cuando la visito que ella tenía un nombre para mí, también secreto, que dejó para siempre de usar cuando yo puse fin a nuestra relación. Pienso a veces que en algún lugar de esa memoria agujereada debe estar ese nombre, y así como decimos Pablo cuando queremos decir Pedro, algún día se le escape. Nunca ha ocurrido, ni posiblemente ocurra: la censura provocada por el despecho acaso sea la última en irse, junto con las buenas maneras. "




domingo, 3 de julio de 2022

SOBRE LAPICERAS Y MANCHAS SOBRE EL PAPEL...

 



Hay palabras y términos que no forman parte de nuestro glosario cotidiano y que, de pronto, por alguna circunstancia, pasan a hacerlo. Algunas de las palabras y los términos que estuvieron en danza en los últimos tiempos están más que presentes en nuestro imaginario: confinamiento, contacto estrecho, comorbilidades, aislamiento preventivo, emergencia sanitaria, positividad.

Pero también hay palabras que uno usa habitualmente y que de pronto , y ante determinadas circunstancias, adquieren un significación diferente. La palabra estrella que aplica a ello: lapicera.
Cristina le pide a Alberto que use la lapicera. Es decir: que aplique . Alberto contesta que Perón prefería persuadir y no imponer. Sin embargo , el bombardeo de plaza de mayo, el exilio y la larga proscripción no hablan de un dirigente y de un movimiento con una vocación interminable por el diálogo.
Lo que Alberto no aclara es: si la política es puro consenso y puro convencimiento...a quién o quiénes pudo convencer en lo que va de su mandato? De hacer qué? En beneficio de quiénes? Cosas sobre las que el presidente simplemente no puede dar cuentas.
Duele un poco ver las caras risueñas de los funcionarios sentados en las primeras líneas de los actos de Cristina. Su risa no es la nuestra. Se ríen de cómo ella le moja la oreja a Alberto ( y con sobrada razón ella lo hace), mientras aprovecha para contar anécdotas personales en tono de charla de café . Pero Cristina parece olvidar que si Alberto está donde está es porque ella le abrió la puerta, por lo que su mala praxis política debería, por lo menos, atemperar su tono burlón.
En ese tono burlón se puede traslucir cierta impotencia. No es para menos; mientras Cristina y Alberto juegan a la mancha con aviones, Guzmán se baja del barco y ,del otro lado de la General Paz, la sonrisa del guasón se ilumina de cara a las elecciones del año que viene