lunes, 22 de julio de 2013

FILÓSOFOS EN SU TORMENTA...(PRIMERA ENTREGA DE BOLSILLO)



DE "LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO" DE FERNANDO SAVATER

El problema ya no es recibir información (hoy todo el mundo tiene más información de la que puede manejar), el problema es orientarse de tal manera que la información sirva para algo, y no sirva simplemente para ahogar a la persona con datos. Entonces, la filosofía es la pretensión de que hay que crear un marco dentro del cual entre lo relevante y que de alguna manera sirva de muralla contra lo irrelevante, contra lo trivial o engañoso.

PLATÓN:  Supuso que la ideas, esas categorías arquetípicas a partir de las cuales se organiza la realidad, pertenecen a otro orden, que es el que da sentido al nuestro, pero que está más allá del orden o del mundo de lo que percibimos por los sentidos. Eso es lo que está en la base de la fábula metafórica, tan significativa, del mito de la caverna. Lo que sale a buscar ese huido de entre los hombres son las ideas, para mirarlas de frente. El resto de sus congéneres, en el fondo de la caverna, están sometidos a ver puras sombras, o incluso, sombras de sombras. Sólo pueden romper esa cadena si se ponen a pensar. La forma que tiene un ser humano de liberarse es entregarse al pensamiento y salir a mirar las ideas.

ARISTÓTELES:  Para Aristóteles las ideas son entidades ficticias. Sólo existen los individuos, quienes son las sustancias que sostienen todos los atributos que predicamos de ellos. Las ideas universales, por su parte, no son más que abstracciones que el entendimiento realiza a partir de los individuos. Según este filósofo, nuestros conocimientos primeros parten de los sentidos, de la experiencia, y una vez que hemos captado en nuestro conocimiento sensible, desde esos datos, nuestra inteligencia puede realizar una tarea de abstracción.
No cree Aristóteles en otro mundo ideal, sino que afirma que los conceptos, las llamadas ideas, están realmente en nuestro mundo. Es decir que existen individuos, cosas, objetos, y a partir de éstos, nuestra mente es  la que busca el concepto y la que lo crea. El concepto no está en otro lugar ideal sino en nuestra capacidad intelectual para pensar sobre la diversidad del mundo.

SANTO TOMÁS DE AQUINO: Naturalmente, para Santo Tomás de Aquino estaba fuera de toda duda la existencia de Dios, pero comprendía racionalmente que esa duda podía plantearse alguien que no tuviera la fe. Previamente a todo lo demás hace falta establecer la existencia de Dios.  Según él, la teología debe moverse siempre dentro de la fe y explicar con razones la naturaleza de los dogmas. Y una de las piezas más conocidas de la inmensa obra de Santo Tomás son las cinco vías, las cinco pruebas de la existencia de Dios. La primera prueba de la existencia de Dios es la del movimiento -en el sentido de pasaje de la potencia al acto. Todo lo que se mueve es movido por otra cosa, y ésta, a su vez, por otra, como una serie infinita de motores. Es decir, hay que postular un primer motor inmóvil, que es Dios. La segunda vía procede análogamente, pero respecto de las causas eficientes. Todo lo que es tiene una causa, y ésta, a su vez, tiene una causa, y así podemos remontarnos a una primera causa eficiente incausada, que es Dios. La tercera vía es la de la contingencia. Algunas cosas, que nacen y perecen, podrían no ser. Son, entonces, contingentes,  pero no todos los seres pueden ser contingentes, porque si todo el universo pudiera no ser, entonces no sería (porque el no-ser es más fácil), por lo tanto debe haber al menos un ser necesario, que es la razón de que los seres contingentes lleguen a ser. Ese ser necesario es Dios. La cuarta vía se apoya en los grados de perfección. Decimos que algo es mejor que otra cosa, que es más bello, o más justo. Pero toda jerarquía de este tipo supone un óptimo, es decir, un ser supremo, y a esto es a lo que llamamos Dios. La quinta vía es la prueba teleológica. Las cosas de la naturaleza actúan realizando un orden, como si obedecieran a un plan o a un fin, pero esto supone un arquitecto u ordenador, es decir una Causa Inteligente, el fin hacia el que todo tiende en última instancia y que rige todo el proceso del universo.

THOMAS HOBBES:  Su preocupación era encontrar una fórmula que posibilitara a los hombres el vivir juntos sin enfrentarse unos a otros y sin causarse daño. Afirmó que el hombre es como un lobo para el hombre, y pese a esta visión no se detenía en el pesimismo. Creía que el hombre puede llegar a organizarse en sociedad de tal modo que esas fieras puedan convivir de una manera armónica. El miedo, entonces, es la base del pacto social. El Estado no debe quitar a los hombres precisamente más que aquello que los hace temibles: su fuerza propia, sus apetencias desenfrenadas, su tendencia a tomar decisiones discrepantes de la unanimidad mayoritaria. De allí que la convivencia de los hombres es posible sólo mediante un artificio, que consiste en establecer un pacto por el cual todos se obligan a transferir su derecho a gobernarse a sí mismos, eligiendo un hombre o asamblea que los representen. El temor es la pasión socializadora por excelencia, porque el miedo a la muerte nos hace renunciar  a nuestros deseos de predominio y someternos a la autoridad estatal.

DESCARTES: Sabemos que existe la verdad, es decir, que habrá cosas, situaciones y opiniones que corresponden mejor a la realidad que otras. Pero, ¿cómo tener la certeza de que lo que nosotros creemos que es verdad lo es auténticamente? ¿Cómo sabemos que no nos engañamos? No empieza, como otros filósofos, preestableciendo verdades, ni definiendo qué es el mundo, qué es el ser humano, qué es el alma, sino intentando buscar una ruta para llegar a conclusiones fiables. Un sendero que nos lleve a ideas que nos resulten claras y distintas. De lo único que podemos estar seguros  es de la duda misma, y -en consecuencia- de nuestra propia existencia: "pienso, luego existo." De esa certeza paradójica nace el pensamiento moderno.

JOHN LOCKE: Según este pensador, todas las ideas -simples y complejas- provienen de la experiencia. Para ello es necesario desechar la creencia de que hay ideas innatas que están impresas en nosotros cuando nacemos. Así, explica que no hay asentimiento universal a ninguna proposición, que aún las verdades de las matemáticas no las conocen los niños, ni los idiotas, ni los salvajes, ni los iletrados. Según su análisis, ideas como la de número o la de Dios no son innatas sino que, por el contrario,  son aprendidas o construidas a partir de la experiencia y a través de los años. El innatismo está relacionado con la existencia de un orden natural del mundo, que se extendía al ámbito social y político. En cambio, los que negaban el innatismo (entre los que se encuentra Locke) no buscaban un orden fijo e inmutable sino que se inclinaban a pensar que todo orden era construido y consensuado.
Locke se opone a la teoría de Hobbes; sostiene que la finalidad por la cual los hombres arman una asociación política es la de garantizar ciertos derechos personales que ya existían en el estado de naturaleza, pero que no pueden ser suficientemente defendidos en ese estado. Locke dice que en el estado de naturaleza hay una ley natural por la cual el hombre está dotado de ciertos derechos fundamentales a la vida, a la libertad y a la propiedad, y que la finalidad del Estado es garantizar a las personas el goce de estos derechos, que son inalienables.

SPINOZA: Su despierta inteligencia lo llevó pronto a cuestionar abiertamente la interpretación ortodoxa de los textos sagrados. Afirmó que cada creyente debía interpretar libremente las Escrituras, sin que fuese necesario seguir las opiniones de los doctos. Dijo que la presunta sabiduría de los sacerdotes sólo era un medio para dominar  a las masas. Spinoza encontraba que extensión y pensamiento eran sólo dos de los infinitos atributos de la única sustancia, que es Dios. De este modo, Dios se identificaba no sólo con lo espiritual sino también con lo espacial, es decir, con el Universo entero, con la propia naturaleza. Toda cosa finita es una manifestación de la sustancia infinita. Si no fuese así, la sustancia no sería, porque tendría lo infinito como lo otro de sí y, por lo tanto, como su límite. Lo finito no puede estar, por lo tanto, fuera de lo infinito. Idea que luego retomaría Hegel. Dicho de otro modo, todo es Dios.
Contra quienes, como Hobbes, creen que el hombre es el lobo del hombre, Spinoza descubre que, en el marco de una política racional, el hombre complementa al hombre. El otro me completa. La convivencia aumenta mi poder y mejora mi vida, si está adecuadamente regida por la razón, que es aquella que debe regular nuestros deseos.







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