domingo, 29 de junio de 2014

AL RESCATE...








Mientras el mundial entra en su fase de definición, el país "real" se encuentra en plena confrontación contra los fondos buitres y -todo tiene que ver con todo- se cumple un nuevo aniversario del asesinato de Kosteki y Santillán, los dos muertos claves de la historia reciente de la nación.
No tengo nada para aportar en relación con los buitres (recomendar la lectura  del libro "Cómo funciona el mundo" de Chomsky es lo mejor que puedo hacer) mas que señalar que los cuerpos de Kosteki y Santillán fueron cuerpos que, antes de muertos, ya habían sido atacados por buitres y que, ya sin vida, ya siendo carroña, todos debimos -debemos- ser capaces de devolverles la forma humana, ser capaces de ver cuál es la mejor manera de despejar el cielo del que ellos no formarán parte, pero nosotros y los que vendrán sí. La condena a los responsables materiales de los asesinatos fue un buen comienzo, pero la cosa no se termina ahí.
¿Puede emocionar una dedicatoria? Puede -y seguramente para eso fue hecha- al destinatario de la misma. ¿Y qué pasa con el lector, ese intruso que se interpone (que es invitado a interponerse también) entre dos afectos que se entrelazan en un par de líneas?
Por lo general, no me detengo en las dedicatorias, no me pongo a pensar en quién será esa persona, qué tipo de relación tiene con el autor del texto, o de qué forma lo afectó al escritor en la producción del mismo. Me detengo, sí, en las dedicatorias ingeniosas, como una de Daniel Guebel, que se lo dedica a la persona "que le contó esta historia". Excelente.
Pero hubo una en particular que me emocionó de imprevisto. Y lo que ocurre  de imprevisto es algo que suele ser genuino, no pautado para un sábado a la noche, con tandas publicitarias en el medio, como pasa en ese programa patético que está los sábados a la noche en la tele.
La dedicatoria en cuestión, entonces, la dedicatoria que me puso incómodo leer rodeado de gente en el colectivo, está en la novela "El director" de Gustavo Ferreyra, que compré el año pasado a muy buen precio y que recomiendo fervorosamente a todo el mundo.
Y dice así:  "a Darío Santillán, el que volvió"





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