domingo, 11 de diciembre de 2011

LOS DAÑOS MATERIALES...




"Te espero el viernes después del almuerzo". Con esa frase, vía mensaje de texto, acordé con mi primo una clase de "práctica de manejo".
Recientemente casado él,próximo a adquirir el primer auto de su vida, y habiendo finalizado un curso de manejo -como corresponde a la prudencia que lo caracteriza- accedo a su pedido con absoluta tranquilidad.
Llegado el momento -y con mi novia a bordo- mi primo se sienta al volante. Al ver que, estando el motor apagado, había engranado la primera marcha, le doy las primeras indicaciones: "poné punto muerto, fijate que veas bien por los espejos, sacá el freno de mano y las balizas, después arrancá y recién entonces poné la primera."
Sigue mis instrucciones y arranca el auto. Enseguida detecto otra falla: brusquedad a la hora de pasar las velocidades. Siguen mis indicaciones: para pasar los cambios apretá el embriague a fondo y mové la palanca con suavidad, haciendo que -entre cambio y cambio- pase por el punto muerto."
Luego de algunas cuadras de marcha tranquila, algo me inquieta: no mira a la derecha (por donde venía el tránsito) al llegar a una esquina. "No miraste", le digo. Y reconoce su error.
Mis nervios, hasta ese momento controlados, quedan bloqueados por un estado de incredulidad absoluta al encontrarse con la posibilidad menos deseada: un choque. Un choque contra una camioneta traffic que se encontraba estacionada a metros de una esquina.
"Frená, frená!!! le exigí. Mi primo, en cambio, aceleró.
Choque sin consecuencias para el otro vehículo (apenas lo movimos un poco), ni para su conductor (no estaba presente), sino tan sólo una abolladura en la carrocería de mi auto y en la integridad psíquica de mi primo, que de ahí mismo debía irse a su consultorio...a atender a un paciente!
La preocupación vino más tarde, al representarme una escena realmente traumática: el hecho de que en lugar de una camioneta, la misma reacción -acelerar en lugar de frenar- se hubiera sucedido ante una persona. Obviamente mi primo también se representó la misma situación, por lo que espero deje pasar más tiempo antes de salir a manejar a las calles porteñas. Sobre todo teniendo en cuenta el darwinismo social que impera en la city a la hora de moverse en el transporte -público o privado- entre congéneres.

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