sábado, 21 de mayo de 2011

ESCENAS AMOROSAS DEL TERCER TIPO...





"La voz humana"
Por Daniel Link para Perfil



Soy un dinosaurio herbívoro, un fósil de los tiempos en que la telefonía era un servicio público y no un negocio feroz. La comunicación telefónica sigue siendo para mí tan misteriosa como para Proust. No tengo número fijo y, si conservo un viejo teléfono celular (mis amigos se sorprenden por mi repugnancia a las pantallas táctiles), es sólo porque no puedo prescindir de la hipótesis de la emergencia, el “teléfono rojo” (mi tono de llamada, que casi nunca suena, es el de la serie Batman).
La semana pasada mi celular sonó ¡cuatro veces! Eran cuatro personas diferentes pero un único llamado, cuyo remitente pretendía que cambiara mi plan de telefonía móvil por uno mucho más ventajoso para mí, que me permitiría ahorrar enormes sumas de dinero. “Hemos analizado sus consumos”, me dijeron.
La primera vez me presté al juego porque la voz, acariciadora y firme, me arrastraba hacia ensueños eróticos. Prometí considerar la oferta.
La segunda vez, mentí que estaba al volante y corté con una mezcla de asco y de desolación. La tercera vez respondí sin cortesía porque me importunaban durante un fin de semana. La cuarta vez fue un día inolvidable: brillaba el sol de mayo y todas las vainas de los árboles habían explotado arrojando sobre Buenos Aires una suave nevisca de semillas que yo miraba extático sentado en la plaza de Tribunales.
Mi humor no admitía interrupciones y pregunté si la conversación estaba siendo grabada (amenaza siempre detestable que esa vez quise poner de mi parte). Le expliqué a la voz, en los peores términos, que la persistencia de la empresa en ofrecerme un plan que no necesito ni quiero invalidaba sus argumentos de pacotilla: ¿o acaso es legítimo pensar que una multinacional pague sueldos (de hambre, pero sueldos al fin) a una brigada de desesperanzados para privarse de sus ganancias siderales? ¿Desde cuándo el Mal absoluto trabaja para mi beneficio? ¿Tan idiota me creían?
“Me estás mintiendo”, grité en la plaza. “Y vos sabés que me estás mintiendo”. “Yo no te importo”. Hacía una “escena amorosa” y mi interlocutor era el capitalismo más vil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario