sábado, 29 de mayo de 2010

EL MAR EN PRIMAVERA...





"El sueño de un sol y de un mar...
y una vida peligrosa...
cambiando lo amargo por miel...
y la gris ciudad por rosas...
te hace bien, tanto como hace mal...
te hace odiar, tanto como querer y más...
Y cierras los ojos y ves todo el mar en primavera..."

Su objetivo era concreto y brutal: matar a todos, limpiar al mundo de sus propios desechos humanos y conservar, inmaculada, su inocencia. Lo primero que hizo fue buscar el arma, guardada en el último bajón del placard. Solía dejarla sobre la mesa de luz, pero era peligroso; alguien de su familia la vería, y entraría en crisis al darse cuenta del monstruo que habitaba en la casa. En sus sueños, en cambio, rara vez aparecía algún familiar; sí aparecían, con ferocidad, monstruos de todo tipo. Lo perseguían a través de ese magma espeso que son los sueños, y él, incapaz de encontrar su arma, tan sólo podía evitar que lo atraparan saliendo del sueño; escapando, sudoroso y conmovido, a la realidad. Mientras contaba las balas, imaginó, una a una, a su futuras víctimas suplicando, pidiendo perdón (¿perdón por qué?, tratando de evitar lo inevitable. Al pensar en toda la gente que iba a matar se iluminaba su mirada. Seguro disfrutaría de ese momento. Su necesidad de matar era muy fuerte; lo desbordaba por completo.
Al cargar el arma, se vio invadido por una hermosa sensación de poder, que lo hizo reír silenciosamente. Estaba listo. Sólo restaba elegir a la primera víctima, apuntar y disparar. Y es que, lo sabía, la única forma de vencer es aplastando al enemigo. Y él estaba dispuesto a hacerlo.
Salió a la calle. De pronto reconoció a un enemigo. Le apuntó y disparó sin pensarlo. Tan fácil como eso. Se trataba de su primera víctima. Después de todo, quizá matar no sea algo tan grave como parece. Vemos muertes todos los días, y el mundo sigue girando como si nada hubiera pasado. Los diarios y la televisión nos ofrecen sangre fresca todos los días, y nosotros la consumimos con absoluta tranquilidad y hasta con un dejo de placer. ¿Por qué no experimentar ese placer en carne propia?
Mucho se habla de la experiencia única que significa dar vida a un ser humano. ¿Por qué no se habla de la experiencia igualmente placentera (aunque diametralmente opuesta) de terminar con esa vida, con ese ser?
Dar vida, más allá de ser algo hermoso, es un acto sublime de poder. Es un acto poderoso; y dar muerte lo mismo: es una expresión de poder, del poder que se tiene para decidir sobre a vida de los demás.
Debía seguir adelante con el plan. Eligió una nueva víctima. Esta vez tampoco le tembló el pulso. Hizo fuego. Una, dos, tres veces.
Al caer la noche, volvió a su casa. Guardó el arma en el placard, se desvistió, y se metió en la cama. Tenía en mente a su próxima víctima; quería vivir una emoción distinta. Quería saber qué se sentía matar a un ser querido; decidió matar a su madre. La imagen del crimen dio vueltas por su cabeza toda la noche. La escena se repetía una y otra vez, una y otra vez.
Amaneció. Se levantó de un salto, tomó el arma y bajó las escaleras sin hacer ruido. La madre estaba sentada en la cocina, tomando te, de espaldas a él. Se acercó lentamente hasta apoyar la punta del arma en la cabeza de la mujer. Ella quedó petrificada. Temió lo peor. Sólo al escuchar la voz que le anunciaba su muerte, sintió como el alma le volvía al cuerpo. Entonces se dio vuelta, respiró aliviada, y miró fijamente al supuesto asesino para decirle:
-Gastón, ¡que hacès con eso! No hay caso con vos. ¿No hay forma de que entiendas que no me tenès que dar estos sustos? ¿Te olvidaste de lo que le pasó a papá?-
-Yo sé lo que le pasó a papá.-
-Bueno, entonces nunca más hagas esto.-
-Está bien mamá, perdoname.-
-Te perdono. Ahora apurate a tomar el café con leche, que se me hace tarde y vas a llegar tarde al colegio.-
El chico tomó asiento, dejó su arma sobre la mesa, bajó la cabeza y tomó un sorbo del café con leche tibio que lo esperaba junto al pan con manteca.
Estaba compungido. Ya no podía seguir matando........................................................................................................................................................................................................................................................
(13 de Julio de 1993:"¡Qué algún maldito quiera oírme! Se necesita sinceridad, coraje para afrontar a la muerte. Una muerte que se avecina cada vez más y más profundo. Entonces el mundo es economía. La codicia y el dinero están en un primer plano en esta desagradable vida. Y la ignorancia se precipita sobre este tema. Todos disimulan, auque realmente los come el pánico y, sobre todo, la angustia. Una angustia que se queda en el corazón de todos para siempre. Sangre, muerte, son sin dudas palabras estremecedoras. Son humanas, duelen, pero son reales. Este relato muestra casos de muerte reales, muestra la vida humana. Una vida con un rey llamado Verdugo y una reina llamada Sangre. Nos estamos envolviendo en un mundo sin paz ni felicidad, sino en un infierno de crueldad y traición. Discúlpenme; una inspiración tan honda en tan sólo un chico de 10 años, de verdad perdón por ser vinculado a descifrar unos acontecimientos escalofriantes, que ni siquiera los adultos quieren expresarse correctamente")...........................................................................................................................................................
Yo era un chico de diez años entonces. Un chico de diez años como cualquier otro, que iba al colegio, que jugaba a la pelota, que miraba televisión, que relataba historias de monstruos a su tío abuelo antes de la hora de la siesta, que iba de vacaciones a Mar del Plata, y que, cada tanto, se iba de su casa, a dar vueltas por ahí, para después volver, varias horas después, pensando (sin pensarlo) que el plan había funcionado, y que el mar azul estaba màs cerca.

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