sábado, 8 de mayo de 2010

LA GUERRA Y LA PAZ..




Se reeditó recientemente "Los pichiciegos" de Fogwill, a casi tres décadas del absurdo de Malvinas y la teatralizaciòn del mentado proyecto de "identidad nacional". Recuerdo una lectura perturbadora de la novela, al punto que durante algunos tramos, no podía seguir leyendo en la misma posición. Si estaba sentado, tenía que pararme y dar algunas vueltas alrededor de la mesa; si estaba acostado, me incorporaba hasta quedar sentado sobre la cama, encorvado hacia el velador. Pocas veces cambié tanto de postura leyendo un libro. Pocas veces, también, me pasó de salir a la calle y encontrar, durante días, las voces de los personajes de un libro, inoculadas en mi cotidianeidad: ver sus cuerpos desplegándose y movièndose frente a mis ojos, ya sea en la facultad, el trabajo o el colectivo. Acompañándome, susurrándome, inquietándome. "Los pichiciegos" de Fogwill, como "Piquito de Oro" de Gustavo Ferreyra (que hace unos dìas terminè de leer), son de ese tipo de novelas.


Fragmentos "Los Pichiciegos"


"Se siente el frío, se lo sufre, tarda en acostumbrarse: el frío duele, el aire es como vidrio y si uno quiere respirar, parece que no entrara. Pero el que ha pasado un día entero al frío sabe que los que vienen del calor pueden andar, moverse y trepar a la sierra cuando él no puede más, porque el que estuvo al frío mucho tiempo quiere estar quieto, quedarse al frió temblando y dejarse enfriar hasta que todo termina de doler y se muere."

"Sobraba el tiempo entre los turnos de cavar. Cavaban de mañana, para que el viento tapase el ruido de las rocas. Hablaban:

-¿Qué querrías vos?

-Culear.

-Dormir.

-Bañarme.

-Estar en casa.

-Dormir en cama blanca, limpio.

-Culear.

-Comer bien… ¡Te imaginàs un asadito!...

-Ver a mis viejos.

-No lo podían creer. Verificaron:

-¿A tus viejos?

-Sí, y culear y bañarme -dijo el de los viejos, seguro que para no pasar vergüenza.

-Vos, Tano?

-Dormir en cama limpia.

-¿Y vos?

-Yo estar bien, lejos, con calor.

En el calor todos estuvieron de acuerdo.

Uno dijo:

-Culear y ser brasileño.

-¡Qué!, ¿negro?

-Cualquier cosa. ¡Pero brasileño!


"Si hay algo peor que la mierda de uno o de los otros, es el dolor. El dolor de los otros. Eso no lo aguantaba ningún pichi. Sin médico, sin alguien que sepa medicina ahí abajo, sin insumos, era inútil guardar a los heridos. Lo sabían los pichis: herido es muerto. Escaldados, quemados un poco, enfermos de las muelas, se puede. Heridos no. Herido es como ser un muerto."

“El miedo: el miedo no es igual. El miedo cambia. Hay miedos y miedos. Una cosa es el miedo a algo -a una patrulla que te puede cruzar, a una bala perdida-, y otra distinta es el miedo de siempre, que está ahí, atrás de todo. Vas con ese miedo, natural, constante, medio ahogado, sin aire, cargado de bidones y se aparece una patrulla, y encima del miedo que traes aparece otro miedo, un miedo fuerte pero chico, como un clavito que te entró en el medio de la lastimadura. Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevas y que nunca vas poder sacarte desde el momento en que empezó."

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