viernes, 24 de septiembre de 2010

CARTAS ROBADAS...




Horrorizado, descubro que mi cuenta de hotmail fue bloqueada. (Cómo?, cuándo?, por qué?). Con mi brutal conocimiento de la informática y la robótica a cuestas, trato de seguir las torpes instrucciones del ordenador para conseguir la restauración de mi correspondencia electrónica. No hay caso. Error. Error. Error. Y error. Me preocupo por mi cuenta. Pienso en ella, en el pequeño archivo que guardo allí (varios cientos de mails, entre enviados y recibidos en mis 10 años de vida de comunicación cibernética), y no puedo dejar de intentar recuperarla. Muchas palabras y muchas imágenes duermen allí. Yo duermo ahí.
Recuerdo mail escritos desde un estado de alienación, como aquél escrito el domingo de las elecciones presidenciales de 2003; esa tarde de domingo me vi impulsado a salir de casa, ir a un ciber y escribir un mail que terminara: "no nos olvidemos de nosotros, recordémonos"
Mails escritos desde la furia corrosiva generada por el rechazo de la persona deseada ("Fer, estoy esperando tu mail para ir a coger; no hace falta que pagues el telo vos, podemos ir a medias, y después te invito unos ricos panchos para reponer energías") Mails tratando de declarar mi (falsa) independencia ("hay que ser uno").
Mails tratando de explicar lo inexplicable: que uno ya no quiere a quien antes quiso (“lo único que te puedo decir es que siempre traté de hacer lo mejor”).
Mails hechos básicamente para jugar con las palabras, para forzar el sentido, para imaginar una cara de sorpresa del otro lado del monitor, una mínima empatía, la ilusión de poder generar un mínima intervención sobre la cotidianeidad de los demás.
Pero también mails meramente informativos, entre amigos del grupo del colegio, amigo del grupo de mar del plata, amigos del grupo de tribunales, compañeros de facultad, primos... mails, en definitiva, que no hacen al fondo de la cuestión, pero que acompañan aquello que se va gestando en uno a través de los años.
De todo eso hoy, esta noche, me encuentro privado: no puedo ver mis mails. Sin embargo, ante mi imposibilidad, decido dejar el asunto para mañana (si no existiera el mañana...¡¿qué sería de mi hoy?!), llevar la problemática hasta las manos sapientes de mi hermano para que encuentren salida mis obturaciones tecnológicas.
Felizmente puedo entrar al blog y ver, sentir, que todos ustedes siguen allí; mirando de reojo las pequeñas andanzas de este pequeño narrador judicial.
Mi felicidad por su existencia, no opaca el brío del momento; que quede claro; le declaro la guerra a Bill Gates y a sus secuaces de microsoft.

No hay comentarios:

Publicar un comentario