lunes, 22 de noviembre de 2010

LA SALUD DE NUESTROS HIJOS...




"Mi familia" es lo que me hace sentar frente a la pantalla chica en la tarde del domingo.
La película llega a nuestro país apenas pasado el tiempo del debate sobre el matrimonio igualitario (un lujo necesario)devenido, actualmente, ley nacional.
Se trata tanto en la película como en la realidad, de pensar (de aceptar) formas de vida que ramifiquen los caminos consagrados a los tipos (el tipo) de familia clásica.

Volviendo al film, Annette Bening y Julianne Moore se lucen (podría no ser así?) en su rol de "madres de familia" a cargo de una hija y un hijo adolescentes que se internan en el conocimiento de su identidad (y el desarrollo de su sexualidad) a través de la búsqueda de su patrón ordenador: un cuerpo masculino heterosexual creador -vía espermática- de subjetividades en conflicto con su propio ser.

Sobre la identidad, siempre al mismo tiempo individual y colectiva claro, y sobre cuestiones anexas (la madurez equiparada indefectiblemente a la realización del ideal de familia, la función de familia -homosexual o no- como célula básica en la constitución del cuerpo social, la sexualidad como factor fundante de la identidad pero, también, como aquello delimita y define los campos clasificatorios de lo "normal/anormal"),se desarrolla una trama con momentos de sutil intensidad -la escena que conocen al "padre", la escena en que almuerzan todos juntos- alternados con momentos de dramatismo conyugal.

Y después están los hijos. Lo que uno debe hacer con ellos. Educarlos, formarlos como personas: transmitir valores, dar sentidos, orientar en un marco de respeto y comprensión (lo que se llama amor tal vez)y, lo más difícil se me ocurre, ofrecerle herramientas (materiales y simbólicas) para que, con el tiempo, se encarguen -los hijos- de ponerlos a ellos -a sus padres- en otro lugar, un lugar de reconocimiento, pero un lugar diferente al fin.

Y es que estamos -todos- en un vinculo. Y todo vinculo, implica, siempre, hoy como ayer, una secreta fatalidad.

"Un plural, una red, un tejido: la envidia y el espanto de un tejido."

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