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martes, 30 de mayo de 2023

LAS ELECCION Y LA DIFERENCIA

 


"Votemos" responde a la lógica del teatro comercial (la sala, el director, el libro y los actores así lo confirman) pero sin renunciar a ser un hecho artístico (es decir, la puesta en escena de un conflicto con más preguntas que respuestas).

La pregunta por la salud y la enfermedad sobrevuela toda la obra. El otro todo el tiempo está ahí.

Qué hacer con el otro? 

Ah, y está Carlos Portaluppi, la joya del lugar.

domingo, 7 de agosto de 2022

PASAJE AL ACTO




 En una escena de Tumberos, el personaje interpretado por el gran Carlos Belloso (el inolvidable "Willy") decía una frase que, anoche, mientras veía la obra "Las manos sucias", regresaba a mi mente: "cuanto más inteligente sos, más estúpido sos".

La inteligencia entendida como estupidez en tanto se la piensa como una interpretación permanente de los signos que nos ofrece el mundo, sin solución de continuidad. No como una instancia previa del pasaje al acto, sino como una forma de eludirlo.
No es que la pureza no exista solo en el acto; tampoco parece haberla en el pensamiento: "vos nunca le mentiste a tu mujer, a tus amigos, a vos mismo?" le pregunta el líder del partido a su secretario, cuando este último lo increpa bajo la premisa de que "a un compañero no se le miente".
Y una vez pasados al acto, ¿Cuál es el límite del pragmatismo?
Algo que entendí al finalizar la función; no se aplaude de pie a una obra, se aplaude de pie a las interpretaciones. Anoche nadie aplaudió de pie, porque no hay grandes interpretaciones en "Las manos sucias" (perfectamente pensable en relación a "El enemigo del pueblo"), pero sí hay una gran obra.

domingo, 10 de abril de 2022

SABER ACOMPAÑARSE...




 Salgo del teatro luego de ver la obra "Petróleo" y me viene a la cabeza una entrevista a la actriz Pilar Gamboa en la que, con una anécdota de su vida personal, marcaba diferencias entre los hombres y las mujeres. La anécdota bien pudo haber formado parte del texto de la obra; un amigo de una pareja que ella tuvo se había separado de su novia y el ex en cuestión (el de Pilar Gamboa) fue a la casa de su amigo porque estaba deprimido ante esa situación. Al regresar, ella le pregunta: "por qué se separó tu amigo?. El tipo se queda unos segundos en silencio y luego responde: "la verdad, ni idea". La idea de que a los hombres les alcanza con "acompañarse" y que en, cambio, las mujeres necesitan "saber".

No tardamos mucho en darnos cuenta a dónde se dirige "Petróleo", y no por eso dejamos de disfrutar el viaje. Que se apele a la risa en forma permanente es fundamental para no caer en el panfleto político.
Por otra parte, el trabajo de Pilar Gamboa es simplemente extraordinario. No vemos en escena a una mujer intentando ser un hombre; vemos a un hombre intentando ocultar a una mujer.
La obra se despide de la cartelera porteña por estos días y ojalá no sea su despedida definitiva (de hecho la versión actual es un reestreno). Tiene destino de clásico.
Hombres y mujeres, hoy y mañana, vamos a necesitar de este recurso natural que es "Petróleo". Para acompañarnos y para saber.

domingo, 13 de octubre de 2019

NUESTRA ASAMBLEA

Resultado de imagen para el enemigo del pueblo

Vuelvo a ver en el teatro "El enemigo del pueblo", un clásico de Ibsen. Había visto la obra hace más de diez años, en el San Martín, con un elenco encabezado por Luis Brandoni.
No sé si la versión actual de la obra es mejor que la que fui a ver en su momento, o si mi propia versión es mejor que la de ese entonces; sospecho que las dos.
Al igual que nos pasa con la música, el cine o la literatura, una obra teatral no nos genera las mismas cosas en un momento de la vida que en otro. Recuerdo haber tenido una lectura muy clara y directa, sin contradicciones de ningún tipo, cuando vi "El enemigo del pueblo" por primera vez; no puedo decir lo mismo de mi segunda experiencia.
Y, si hablamos de contradicciones, vale decir que la escena de la asamblea, con las luces de la sala totalmente encendidas, es realmente memorable. Nunca en el teatro había experimentado una confusión tan bien lograda entre la "ficción hablada" que se expone desde el escenario con la "realidad silenciosa" que habita en el espectador que se sienta en la butaca a ver el espectáculo. Literalmente el público participó de la asamblea.
Tiene razón Ricardo Bartís: cuando salimos del teatro, la realidad nos suele ganar, pero si supimos capitalizar la experiencia vamos a sentirnos más libres y menos exiliados de las cosas que nos importan.

sábado, 16 de abril de 2011

LO PRIMERO ES LA FAMILIA...




Ir al teatro a ver "La familia argentina", obra de Alberto Ure, me tienta sobremanera; no tanto por su argumento (una obra acerca de la conflictividad que implica ser parte de una familia, o sobre la funcionalidad o no de la misma en base a las relaciones entre sus miembros, es algo que me tiene un poco cansado), sino por ver en escena, una vez más, al gran Luis Machín.
Y el actor rosarino cumple con mis expectativas. Todo su personaje se encuentra tramado por la potencia de sus rasgos; el cinismo, la locura, el deseo y sus limitaciones. Todo ello, y más, fluye naturalmente, en una modulación precisa, durante la hora que dura la obra, entre el cuerpo y la voz del actor y la butaca que me tiene como testigo.
"La familia argentina" es, entonces, un nuevo ensayo sobre la problemática que implica la cohabitación y la consanguinidad (los problemas de estar vivos, tal vez?), en el que Luis Machín, con toda su maestría, tensa estas cuestiones hasta el límite.

domingo, 29 de agosto de 2010

LAS COSAS QUE HACE...




Viernes por la noche. Voy al teatro Coliseo a ver Baraka. Desde el año pasado tenía ganas de ver la obra. Jorge Marrale y Darío Grandinetti son dos de los actores que tenía pendiente ver sobre el escenario. La obra me gustó, pero esperaba más. Cuatro amigos que se reencuentran y comparten recuerdos de tiempos pretéritos y alegrías y amarguras del presente. Un abogado drogón recién salido de un instituto psiquiátrico (un brillante Marrale), un homosexual enredado en su fragilidad de artista existencial (Grandinetti), un empresario teatral cínico y misógino (Arana) y un político corrupto y egocéntrico (Leyrado) se reencuentran en el departamento de uno de ellos para compartir una noche (la última seguramente) más. Sobre ese eje temático giran los personajes durante las dos horas que dura la función.
La obra se mueve entre la comedia y el drama, haciendo mucho mas hincapié en el primero de los registros.
Mi atención, la mayor parte de la obra, hace foco en Marrale. Y es que hay que ver la cosas que ese tipo hace sobre el escenario...pasajes de una comicidad absoluta, hilarante, seguidos de silencios cargados de un dramatismo intenso. Marrale conmueve, no así Baraka, que entretiene, sí, pero sin llegar a tocar ninguna fibra íntima.
Habrá que estar atentos, entonces, a la próxima experiencia teatral que sea capaz de movilizar, de interpelar aquello que reposa en nosotros.

sábado, 19 de junio de 2010

TELÒN DE FONDO...





Promediando la carrera de derecho en la uba, durante el año 2005, cursé una materia que me habilitó mi entrada a un mundo, por entonces, nuevo para mí: el teatro. La materia era "Sociología del Derecho" y fue el ayudante de cátedra, en una de las clases, que nos preguntó: ¿les gusta el teatro?
Mi experiencia en el teatro hasta ese entonces (tenía 22 años) se remontaba a mi infancia. Mi vieja nos había llevado, alguna que otra vez, a ver las típicas obras para chicos que inundan la cartelera porteña para las vacaciones de invierno.
Volví al teatro siendo un estudiante de abogacía entonces. Impensado. Fuimos un grupo de alumnos a ver Enrique IV al San Martín. Nada menos que ver a Alfredo Alcòn para empezar a ver un teatro totalmente ajeno de aquel de mi infancia...
La experiencia fue revolucionaria para mis sentidos (atontados en ese momento por la rigidez expresiva de la tv), por lo que, una vez en la calle con mis compañeros, pensé que, el teatro, era un lugar excelente para estar. Como una casa.
Así fue; pasaron 5 años y en ese tiempo vi unas 20 obras. Ir con mi novia o con mi primo al teatro y ver en escena a Luis Machìn (Los padres terribles), a Carlos Belloso (Pillowman), a Norma Alejandro (Agosto), a Julio Chávez (Yo soy mi propia mujer)a Alejandro Urdapilleta (Rey Lear), a Lorenzo Quinteros (Final de Partida) a Cristina Banegas (Medea) o a Leonor Manso (Psicosis 4.48)...fueron experiencias de lo más intensas en lo que hace a la puesta en escena de lo que podríamos llamar "el factor humano".
Es de este tipo de experiencias de las que quiero permanecer siempre cerca, siempre participando cuando se abra al telón, estando solo o acompañado, sintiéndome todo el tiempo no solo testigo, sino también protagonista tanto de las grandezas como de las tropelías de los notables.