domingo, 16 de mayo de 2010

NUNCA DORMIRÀS...






Jueves por la noche. Llamo a mi viejo para pedirle el auto. La tentación es tan grande como loca: tengo la necesidad de ir al cine a ver "Nueva Pesadilla en Elm Street" (remake de la pesadilla original... que ya pasó el cuarto de siglo!). Necesidad loca digo, porque, de antemano, sabía que iba a ver terrible porquería: efectivamente lo es. No hay, en esta pésima versión, más que una o dos buenas escenas: el resto, en especial el casting, apesta. Sin embargo, tenía que ir. No podía no ir. Freddy representa demasiado para mí. Recuerdo, teniendo unos diez años, la vez que, en Space, un viernes a la medianoche, estando sólo, empecé a ver la película de un tipo quemado, con cuchillas en lugar de dedos, que ataca a un grupo de adolescentes en sus sueños. Quedé impresionado; no por escenas particularmente sangrientas (de eso ya encontraba bastante en Martes 13 o Noche de Brujas), sino por el eje temático de la película: la idea de que el sueño no es un lugar de reposo, sino de lucha contra el mal, y más te vale un buen resultado en esa lucha en territorio inhóspito, sin leyes, porque, de lo contrario, las pérdidas se verán una vez que abras los ojos y despiertes a la dulce realidad. Si es que tal cosa pasa.
Aterrado y fascinado al mismo tiempo. Y enamorado de la chica protagonista. Juro que fue la única vez, la única, la única, la única, en toda mi vida, que realmente mis cinco sentidos quedaron suspendidos por una actriz: la hoy ignota Heather Langenkamp. Tenía 20 años, hace 25, cuando interpretó a la sufrida Nancy Thompson. Desde ese momento asocié ese nombre (“Nancy”) a su cara, y cuando me decían que una chica se llamaba Nancy (no conocí más de 2 o 3 en toda mi vida), inmediatamente pensaba en ella ("¿qué estará haciendo?", "¿tendrá novio?", "¿será su novio Jhonny Depp como lo era en la película?").
Googleo a Nancy ahora. No hay caso; el tiempo es un tirano sin rostro. Una porquería lo que le hace a la gente. Entonces busco fotos de mi inmortal y ahí está Nancy, la Nancy de mis pesadillas (de mis sueños), pura luminosidad, y entiendo mi enamoramiento y lo sostengo de forma tal que Barthes se pueda apropiar de él.
Y entiendo mi enamoramiento por los sueños, mi enamoramiento por manejar de noche solo para ir al cine a ver terrible porquería de la que saldré decepcionado.
Y entonces me voy a dormir. Y si tengo una pesadilla pienso en ustedes, y los llamo en el sueño para que me ayuden. Y ustedes, soñando su propio sueño, me ven aparecer, o se ven aparecer ustedes mismos, metidos en mi propio sueño, en mi propia pesadilla, y me ayudan a salir –y se ayudan-, a respirar, a ver la luz, la dulce realidad.
Por favor, no me dejen caer.


Uno, dos, Freddy viene por ti...
Tres, cuatro, cierra la puerta...
Cinco, seis, mira el crucifijo...
Siete, ocho, no duermas ahora...
Nueve, diez, nunca dormirás...

2 comentarios:

  1. Es curioso como pueden marcar a uno en la infancia ciertas películas, libros, experiencias, etc.
    A mi me pasó algo parecido con la película acerca de los jugadores de rugby uruguayos que quedaron atrapados en Los Andes. Me refiero a la primer versión, no la segunda que fue interpretada, entre otros, por Ethan Hawke. No recuerdo con cuantos años la ví pero quede literalmente traumatizado, y la verdad no me explico aún porqué.
    Sin embargo, unos años más tarde me llamó tanto la atención la historia que leí la novela en la que se basó la segunda película y en este último viaje a Argentina me compré el libro que escribieron los 16 supervivientes. Es, desde luego, una gran historia pero no mucho más que algunas otras que ya fueron escritas (existe la de un tipo que cruzó Siberia a pie durante dos años para escapar de un campo de concentración) o que desconocemos, sin embargo, me cautivó tanto en la infancia que cada nueva cosa que aparece acerca de este hecho me sigue llamando mucho la atención. A lo mejor, el licenciado Acea nos puede dar alguna explicacion.....
    Saludos

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  2. Markitos: recuerdo, en algún recreo de nuestro insoslayable Belgrano, tu acalorada recomendación de la película en cuestión. No tuve la oportunidad de ver la versión original, solo la de Ethan Hawke, y alcanzó para angustiarme sobremanera. Yo también pienso, cada tanto, en esa historia. En su tragicidad, en su potencia. El libro que compraste, si no me equivoco, es "La sociedad de la nieve"
    Espero tus comentarios sobre el mismo!

    Abrazo

    pd: mi hermano llega este sàbado de España. Vas a terminar siendo el ùltimo de los mohicanos Markitos!

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