domingo, 23 de mayo de 2010

DE HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS...






Mi amiga me pasa a buscar a la salida del trabajo. Luego de una breve estadía en la famosa casa de comidas rápidas, vamos a su casa. Vemos los tres (ella, su hija que en poco más de un mes estará entre nosotros, y yo) el video del casamiento. Ahí estamos en la pantalla; la mesa de tribunales, tomando vino, bailando, conversando animadamente, en pleno día.
Termina el video. Tengo clase en la facultad. Cuando nos despedimos en la estación me pregunto si la volveré a ver antes que todo haya cambiado. "Este último mes ya no voy a manejar" me dice. Y hace bien.
Me tomo el colectivo. En el asiento de adelante iba una mujer con un nene en brazos. El chico (tendría unos dos años) se daba vuelta y me miraba sonriendo, extendiéndome una mano. Lo miro y me río, y el se ríe más. Durante varias cuadras seguimos así, hasta que la mujer bajó del colectivo. Entonces pensé en la paternidad, en la maternidad, y en la posibilidad de abortar esas ideas, esos chicos. Y pensé, como pienso, que la libertad de los cuerpos tiene mucho que ver con la programación del canal venus y poco que ver con tirar fetos a la basura en bolsitas de coto.
Todo lo que ellos necesitan, todo lo que ellos y sus pensamientos necesitan, es una casa.
Y nosotros, los que habilitamos su existencia, no solo necesitamos de sus vidas para prolongar la nuestra en el tiempo y el espacio, sino que, fundamentalmente, necesitamos de su existencia, del valor y del cuidado de sus vidas, para confirmarnos (secretamente) que, efectivamente, nuestra vida es valiosa. Que somos personas realmente valiosas.
En lo que vale ella, mi amiga, es en todo lo que puedo pensar mientras bajo del colectivo, en su valor y en que no creo que haya en esta sociedad (ni en este mundo) hombres de verdad, ni mujeres de verdad, sin ser padres de verdad ni madres de verdad

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